Misiones (II)

Como siempre, quiero agradecer a todos los que visitáis mi rincón por vuestras reconfortantes opiniones; sois muy comprensivos conmigo. Me comentan los amigos que editan esta página (yo de estas cuestiones no entiendo nada), que esta sección es de las más visitadas, por eso además de daros las gracias, quisiera invitaros a café, aunque no creo que un pobre como yo, pueda permitirse este deseado lujo; pero al menos quiero que sepáis que ésa es mi voluntad.

A los que comenzáis a visitarnos, quiero deciros lo que ya he comentado otras veces; lo que ocurre en mis relatos, nada tiene que ver con la realidad. Son tonterías que uno va imaginando, pero casi siempre los personajes son reales, así como también los lugares y otros muchos datos. Pero yo pregunto a los lectores que si estas tonterías forman parte de mi manera de pensar y sentir y por tanto de mi vida; ¿no son también reales? Lo que si es verdad es que continuamente llevo en mi corazón a los amigos a quienes les dedico lo que escribo.

“Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere” (Elbert Hubbard)

“Un amigo es un ser humano con el que se puede pensar en voz alta” (Ralph W. Emerson)

“No permitas crecer la zarza en el camino de la amistad” (Platón)

“Si todos los ciudadanos practicasen la amistad, no sería necesaria la justicia” (Aristóteles)

“Siempre que hablo de mis amigos, me pregunto cuál será la mejor lejía para lavarme la boca” (No sé a quién se le ocurre decir estas cosas, habrá que disculparlo)

Al romper el silencio, tuve la impresión que habíamos  recorrido un largo trayecto por el interior de un misterioso y mudo túnel. Afortunadamente para mí, mis compañeros también sintieron ganas de hablar. Creo que incluso el tono de voz, nos cambió a los tres. Durante los últimos kilómetros, estuvimos muy concentrados y percibía que mediante el sonido de las palabras compartíamos algo más que frases con sentido.

Sergio nos explicaba el programa que su país desde hacía años, realizaba con las plantaciones de pinos Eliotis, que a uno y otro lado de la carretera íbamos dejando atrás. Avanzábamos en el mismo sentido que gira nuestro planeta, hacia el este. Por los espejos retrovisores veíamos como el sol se ocultaba lentamente tras las montañas y parecía despedirse con cariñosos destellos. Los cuises buscaban refugio entre la maleza, regresando a sus terrestres nidos. Los tupidos y robustos timbós, también llamados orejas de negros, proyectaban sus frescas sombras y  al compás de un musical y repentino viento, parecían dispuestos a cantar y bailar. La tonalidad de la frondosa vegetación, palidecía por momentos.

A lo lejos divisamos las amplias y bajas casas de una ciudad, nuestro amigo nos dijo que se trataba de Quimili, situada a unos ochenta kilómetros de la vecina región (provincia para los argentinos) de Chaco. Tal y como habíamos acordado, al entrar en la población buscamos un sitio para pasar la noche. No tardamos en hallar un  pequeño y coqueto hotel que nos agradó. El lugar elegido estaba situado cerca de una granja de ñandúes. Viendo correr de acá para allá en caprichosas estampidas a estas veloces y grises aves, parecía que contemplábamos las extrañas maniobras de un pequeño ejército diseñado por Picasso. Me alegraba saber que el término ñandú, procedía del guaraní para denominar a estas aves semejantes a los avestruces. Aparcamos la furgoneta y  deseando que hubiera habitaciones libres, fuimos a recepción. La entrada estaba flanqueada a ambos lados por  lapachos, lo cual me dio buenas sensaciones; pues son árboles cuyas coloridas hojas me producen un gran impacto estético. Tuvimos suerte y pudimos obtener  una habitación triple, justo lo que deseábamos, así podríamos hablar hasta dormirnos. En cuanto dejamos los bolsos de viaje en nuestra estancia, salimos a comer a un cercano restaurante. No podría explicar la razón por la cual casi todos  los paisajes que veía, me resultaban familiares. Sergio me decía medio en broma, medio en serio que de una vez por todas, aceptara que en otro tiempo yo ya había estado por esa zona. Terminamos de cenar  y siguiendo una fila de palos borrachos, regresamos al hotel.
San Martín
En la pequeña sala de estar, nos sentamos en unos cómodos sillones con intención de escuchar las noticias por la televisión. Decidimos esperar un rato pues estaban pasando la clásica película  del oeste “Solo ante el peligro”. Al poco tiempo de estar allí, me dio un ataque de risa y tuve que salir apresuradamente. Oír a Gary Cooper  hablando en argentino, pidiendo ayuda a los ciudadanos en la iglesia del pueblo; era demasiado para mí. No pude contener  las carcajadas y todos los presentes, me miraban como si estuviese loco, lo cual me producía aún más risas. Salí al jardín y a la luz de unos faroles, pude divisar unos enormes quebrachos los cuales deben su nombre a la dureza de sus troncos, pues las hachas de los leñadores se quebraban al ser talados. Estos longevos y ramosos gigantes, me inspiraban  más seriedad que Gary Cooper.

Cuando me calmé, regresé para reunirme de nuevo con Arián y Sergio. Observé que un rincón de la sala, jugaban al ajedrez. No pude evitar acercarme para ver el desarrollo de la partida. Mis dos amigos me miraban sonriendo, como si me dijeran: - quédate ahí y te entretienes un rato.

Antes de sentarme para ver el juego, fui a la cafetería por unos cafés, para mis compañeros y para mí.

(Es un buen momento para invitar a café a quien lea en este momento, así pues amable lectora o lector, quedáis invitados).

Pedí permiso a los dos jugadores para sentarme con ellos. El que conducía las piezas negras, simpáticamente me dijo que procurara no reírme mucho; riéndome les prometí portarme bien. No tardamos en comentar las incidencias de la partida y de no estar tan cansado, me hubiera quedado con ellos durante muchas horas. Nunca me he sentido extranjero donde se juega una partida. Para mí el ajedrez, siempre será mi verdadera patria, igual que mi añorada Algeciras y el idioma con el que me comunico.

Subimos a la habitación, había que descansar pues teníamos la intención de hacer muchos kilómetros al día siguiente. Había comenzado a llover y la temperatura descendió ostensiblemente. Estaba tan cansado, que muy pronto abandoné la amena charla que manteníamos. El viento parecía susurrar tras los cristales de la amplia ventana la cual permitía divisar las lejanas montañas de Quimili.  Recuerdo que  me dormía contra mi voluntad, el cansancio me vencía  y no pude participar de la interesante conversación que Arián y Sergio aún sostenían. No sé cuánto tiempo estuve dormido, en  algún momento de la madrugada desperté sobresaltado por una pesadilla.

Soñé que me encontraba en una selva de Misiones. Una bella indígena huía conmigo,  escapando de los disparos de los enloquecidos soldados que mataban a todos los guaraníes, jesuitas y personas que apoyaban la causa de éstos. La mujer y yo corríamos desesperadamente cogidos de la mano. Ella me indicaba que siguiéramos a su padre, el karaí, el guía espiritual de la tribu, para adentrarnos con él en plena selva. La espesura y los conocimientos de su progenitor, nos protegerían de las armas de fuego de nuestros perseguidores. Trágicamente una asesina bala alcanzó el cuello de mi compañera, ésta, cayó al suelo envuelta en sangre, me arrodillé para socorrerla y comprendí que ya era tarde. Llorando besé sus queridos y dulces labios para despedirme de ella. Abracé su cuerpo febril y compulsivamente queriendo devolverle la vida. Sólo pude escuchar unas palabras en su idioma materno que me decían que me salvara, y que la dama negra de ajedrez que pertenecía a mi familia, se encontraba en el sitio que habíamos acordado por si llegaba este momento. Sus labios callaron y un profundo silencio como un fantasmagórico puñal, penetró en mi alma, hiriéndome de muerte. Los disparos de los cobardes egoístas, acabaron con mi vida; pero ya no quería vivir. Antes de morir abracé por última vez y para la eternidad a mi compañera.

Desperté acongojado y bañado en sudor. Comprendí que no podía seguir durmiendo. No sabía qué hora era, no quise encender la luz para no despertar a mis amigos. Bajé silenciosamente a la sala de estar con la ilusión que hubiera alguien jugando al ajedrez, necesitaba distraerme. Una débil lamparita al final del pasillo,  indicaba la salida y me recordaba el famoso túnel que dicen que hemos de cruzar cuando vamos a morir. Llegué a la sala y pude observar por uno de los ventanales, que la lluvia arreciaba por momentos. El oscuro cielo de Quimili, lloraba compungidamente. Un fuerte viento estrellaba las nocturnas gotas de agua contra los cristales. El estruendo de los truenos, parecían los redobles de unos tambores que anunciaban la muerte. De pronto advertí que no estaba solo. Un desconocido compartía conmigo aquella extraña soledad, otra persona también presenciaba el lamento de la noche. En la penumbra sólo podía apreciar la silueta de alguien  que sentado, apoyaba la cabeza sobre ambas manos. Decidí esperar allí hasta que amaneciera y me senté  a una distancia prudente para no molestar a aquel extraño compañero del pluvioso espectáculo. Cada cierto tiempo como astronómicas antorchas, los relámpagos con enfurecidos resplandores, inundaban de luz la espaciosa habitación en la que nos hallábamos. Sentí una presencia, la persona que antes estaba sentada, se había levantado y caminaba hacia mí. Estaba tan absorto en mis pensamientos, que ya no temía nada. Una conocida y amistosa voz, detrás de mí preguntó.
Ruinas de San Ignacio
-    ¿Has vuelto a soñar con esa mujer verdad Rafa?

Era mi buena amiga y compañera Arián. Me alegré que se tratara de ella, así podría pensar en voz alta. Respondí.

-    Sí, he vuelto a soñar con ella y creo que tú  también has tenido una pesadilla. He sentido en mi sueño mucho dolor, mucha opresión; murieron demasiadas personas en las misiones. Es indignante, terrible, y espantoso que por egoísmo murieran tantos seres humanos que no habían hecho daño a nadie y que sólo querían mejorar sus propias vidas.

Con voz cansada, mi gran amiga comentó.

-     Rafa yo estuve también en esas misiones, mi marido era un hermano tuyo. Vinimos los tres desde Algeciras en un barco que tú capitaneabas. Más tarde te enamoraste de esa mujer que ahora se te aparece. Trabajábamos en un taller de escritura y lectura, alfabetizando a los indígenas; a la vez que aprendíamos guaraní; pues ya se había construido un alfabeto de este idioma. Un mal día los bandeirantes incendiaron el taller y  cometieron múltiples asesinatos.

Las palabras de mi joven compañera, me parecieron muy esclarecedoras. Suspiré profundamente y dije.

-    No hay más remedio que aceptar de una vez por todas que en otro tiempo, estuvimos aquí; eso explicaría muchas cosas. Es un alivio para mí, que estés convencida de lo que dices, porque si tú también viniste; ya no me siento tan culpable de haberte metido en todo este asunto.

Como queriéndome consolar, Arián respondió.

-     No tienes que sentirte culpable por nada. Tu hermano, que se llamaba Gabriel y yo, estábamos tan involucrados en la causa de las misiones como estabais Sarika y tú.  Así que ya sabes, este asunto, como tú lo llamas, también es cosa  mía.

Extrañado por tantos datos que ella me aportaba, pregunté.

-    ¿Gabriel era un hermano mío? ¿Sarika se llamaba la mujer de quien me enamoré?

La valiente madrileña, contestó a mis preguntas.
Era martes y aún así nos embarcamos rumbo a la isla de San Martín. Cataratas de Iguazú
-    Tu hermano  era profesor de literatura en Alicante donde yo vivía y como quiso venir contigo a Misiones, regresó a Algeciras. Yo estaba enamorada de Gabriel, así  que me casé con él para poder acompañaros. Sarika era el nombre de la indígena de quién no sólo te enamoraste, también te casaste con ella por el ceremonial guaraní. Esta noche a pesar que hemos dormido poco, nos han sido reveladas muchas cosas.

Nos miramos con fraternal complicidad, ahora sabíamos que habíamos compartido nuestras anteriores vidas. Sabíamos que juntos encontraríamos la dama negra en San Ignacio. De pronto un relámpago iluminó  toda la estancia, dimos media vuelta para ver el exterior de la sala y quedamos sobrecogidos. Dos personas, una mujer y un hombre aparecieron tras los cristales. Las doloridas expresiones de sus rostros, nos transmitían una indescriptible angustia; creo que en algún momento confundimos la intensa lluvia con las lágrimas de esta enigmática pareja. Repentinamente enlazando sus manos, sostuvieron una figurita, como si quisieran mostrarnos la pieza que debíamos encontrar. Se trataba en efecto de una dama negra de ajedrez. Poco después pudimos observar que sus semblantes ya no transmitían tristeza, nos miraban con infinita dulzura y nos regalaron las más tiernas de las sonrisas y lentamente los rasgos de estas familiares personas, comenzaron a desdibujarse. Cuando desaparecieron de nuestra vista, la claridad del alba parecía bajar de las montañas, dando paso al día. La  lluvia dejó de golpear los cristales y todo quedó en calma.

Arián me comentaba que en este nuevo día, atravesaríamos la contigua provincia de Chaco, cruzaríamos un tramo de Corrientes y ya estaríamos en Misiones.

Una larga jornada de viaje nos esperaba y nosotros apenas habíamos dormido.

No sé exactamente en qué pensaba, sólo era capaz de sentir. Sabíamos con certeza que Sarika y Gabriel, nos habían precedido, se habían adelantado para transmitirnos amor y desearnos suerte. Las imágenes de estas queridas personas del pasado, aún permanecían en nuestras retinas. Debíamos prepararnos para el viaje, pero aún no podíamos ponernos en marcha. Un intenso llanto nos atenazaba, nos abrazamos en nombre de los aparecidos, compartiendo la salada y cálida lluvia que los sentimientos habían provocado. Cuando nos calmamos, Arián con renacida alegría exclamó.

-¡Rafa hoy estaremos en Misiones!

Una amiga y conocida voz, resonó por toda la sala.

-¡Por fin os encuentro!

Era Sergio que se reunía con nosotros para desayunar.

Desayunar con Arián y Sergio, siempre es para mí como desayunar con dos tesoros vivientes. Aquella soleada mañana desayunamos con la avidez de costumbre, pero con más rapidez pues queríamos llegar a  Posadas, capital de Misiones, antes que anocheciera. Mientras saboreábamos un  delicioso café, trazamos un sencillo programa de viaje.

(Para que la felicidad sea aún más completa, invito a café a todos los que aún seguís leyendo este relato, ya sabéis  que el café no puede faltar).

El plan era el siguiente: pasar la noche en Posadas, por la mañana salir directamente hacia Puerto Iguazú, para ver las cataratas desde la frontera argentina. Al otro día haríamos un matutino viaje para cruzar la frontera brasileña por Fo de Iguazú para ver las cataratas desde otra perspectiva y al día siguiente, regresaríamos a Misiones para visitar las ruinas jesuitas de San Ignacio.
Cantando sobre el agua
Salimos del hotel y la furgoneta parecía contenta de cargar de nuevo con nosotros, creo que  incluso la figurita se alegraba de vernos. El sol ascendía por momentos ante nuestras absortas miradas. Contemplar tan pintorescos paisajes, ver tanta  variedad de fauna, sobre todo aves, y de árboles; era un continuo y embelesador espectáculo. Atrás dejábamos la provincia de Santiago del Estero y decidimos cruzar la de Chaco pasando por su capital la mítica ciudad de Resistencia. Recuerdo que cuando salimos de dicha población; nuestro dilecto amigo Sergio, nos explicaba que cuando viésemos las cataratas, nos daríamos cuenta que mientras las mejores vistas las obtendríamos desde Brasil, las mejores sensaciones las percibiríamos desde Argentina. A partir de ese momento, tuve en cuenta este dato como un misterio a resolver; al cabo de dos días ya no me cupo dudas que nuestro compañero tenía razón, pero faltaban muchos kilómetros para llegar hasta esos emblemáticos saltos de agua. Transcurrieron dos horas de marcha y paramos un momento en una cantina. Arián quedó impresionada observando unas amatistas que el dueño coleccionaba en un magnífico armario de fina ebanistería. Tomábamos café (si estás leyendo, ya sabes que te invitamos) mientras comentábamos la singular belleza del local. El  mismo dueño era quien atendía a los clientes; nos explicaba que las amatistas procedían de la misionera ciudad de Wanda, y  que los indígenas las usaban como remedios mágicos para los trastornos nerviosos. Yo pensaba que me vendrían bien unas pocas toneladas de estos medicinales cuarzos. También nos dijo que las maderas usadas tanto para el armario, como para recubrir las paredes  de la taberna, eran de un apreciado árbol llamado guatambú. Los tres escuchábamos agradecidos y con respeto al tabernero; pero lo que decía, no era una novedad para nosotros; momentos antes, Sergio ya nos lo había explicado. Lo que sí es cierto es que tuvimos que añadir a nuestro particular y compartido itinerario, la ciudad de Wanda en Misiones; Arián quería regalar algunas piedras para su familia y sus amigos; yo pensaba que faltando aún casi dos meses para regresar a España y dada su afición a la mineralogía, hundiría el avión con tan inmenso y pétreo peso.

Quedaba poco para llegar a la vecina provincia de Corrientes y cuanto más nos acercábamos al grandioso Paraná; más variaba el colorido de la vegetación, el tono verde aumentaba hasta ofrecer ese cromatismo típico que caracteriza a las selvas sudamericanas; sencillamente estábamos llegando a nuestro destino. ¿Cómo no detenerse para ver de cerca, incluso refrescarnos en tan legendario y caudaloso río? No me extrañaba que Corrientes fuese la cuna del libertador descendiente de españoles, San Martín. ¡Qué pena que para conseguir tantas cosas, tuviera que emplear las armas!

 Nos detuvimos para comer en las orillas del generoso Paraná. El comienzo de la tarde trocaba el azul cielo por  un gris cada vez más intenso. A lo lejos desde la orilla opuesta, una inmensa bola de fuego anaranjada parecía descender perezosamente. Jamás he contemplado una puesta de sol tan nítidamente como aquella tarde. Podíamos admirar sin dañarnos la vista todo el disco solar, no sé la razón  que posibilitaba ver por completo tan luminoso círculo; Sergio y yo habríamos jurado que estábamos detectando una mancha solar, identificábamos un punto oscuro cerca del centro. En ese momento recordé un truco astronómico que me enseñó hacía muchos años, mi buen amigo Javier de Mosteyrin. Como siempre llevo un bolígrafo conmigo, lo usé para ocultar con él ante mis ojos, la enigmática mancha. Lógicamente lo coloqué en horizontal con respecto al suelo. La idea es que si el sol, como es natural, sigue moviéndose hacia abajo (sabemos que no se mueve así, pero para tal efecto, era lo mismo); pasaría por debajo del bolígrafo, y si dicha mancha seguía estando en el mismo lugar, entonces no habría duda que era algo perteneciente a nuestro soberano astro. Transcurrieron pocos minutos, para darme cuenta después de repetir varias veces la prueba, que ese  oscuro punto mantenía la misma posición dentro del disco solar.
Garganta del Diablo. Vista argentina
 Teníamos prisa, comimos con rapidez pero seguíamos maravillados por el paisaje. Regresamos a la furgoneta y a escasos metros de ella, creí ver en la arena la figurita que estaba en la guantera, al acercarme advertí que sólo se trataba de una estilizada y oscura piedrecita. Arián tenía ganas de conducir, así que cedí mi lugar de copiloto a Sergio y como aunque parezca raro, durante casi todo el día estuve calladito, me puse en los asientos traseros, justo en el centro para poder hablar mejor con mis amigos. Algo que se deslizaba con el desplazamiento del vehículo, chocaba en mis pies; era la figurita que se había caído. Tanto Arián como Sergio, advirtieron que nuestra inmóvil mascota, no estaba en el lugar de costumbre. Cuando me preguntaron les dije, que acababa de recogerla, que se había soltado y que la encontré debajo de los asientos. Nuestro buen amigo me preguntó si creía en las premoniciones. Contesté que a estas alturas, creía en demasiadas cosas extrañas aunque la ciencia las calificara de casualidades o de rarezas incluso de supersticiones. También comenté que los científicos, jamás demostrarán ni la falsedad ni la certeza  de lo que algunos pensadores llaman fenómenos paranormales; porque para tales demostraciones, aún debían aprender mucha ciencia. Pasé la figurita al copiloto para que la colocara en su lugar habitual. Sergio parecía meditar profundamente y al cuando tomó de nuevo la palabra, mantuvimos la siguiente conversación.

S- He preguntado lo de las premoniciones, porque como ya sabéis, muchas veces pienso que  figurita es como un transmisor, una herramienta de comunicación; y el hecho que la hayas encontrado justo en tus pies, igual es un indicio de  que debemos buscar tanto en el suelo como en las paredes de las ruinas. Quizás  al llegar a San Ignacio caminemos sobre ella.

A- Seguro que al llevarla con nosotros, la figurita nos servirá de detector, pero aún no sé por qué motivo, encontrar esa dama negra de ajedrez, es tan importante. Ésa es la pregunta que más me inquieta, ¿por qué y para qué hemos de hallarla?

R- Estoy totalmente de acuerdo, además en caso que la encontremos, no sabríamos ni qué hacer con ella, ni a quién pertenecería. No sabríamos si debemos quedarnos con ella o entregarla al museo arqueológico de San Ignacio. Ha permanecido demasiado tiempo escondida, creo que sería casi imposible responder a estas dudas.

S- Pero si volvéis a tener esos sueños tan misteriosos, igual se os revelarán nuevos datos. Sólo faltan dos días para visitar las ruinas, estoy convencido que muy pronto sabréis cosas nuevas; quedan dos noches para soñar.

A-    Segura estoy que si lo que hay que buscar tiene algo que ver con el ajedrez, es por culpa del cabezota del Rafutis. Por lo tanto  si hay que volver a tener esas extrañas experiencias oníricas, espero que este cabezón  también las tenga, porque para mí sola serán demasiadas revelaciones y hay que compartir ¿no crees Rafutis?
Emoción sobre el agua
No tuvimos más remedio que reír, aunque no podría decir con certeza si la opinión de mi amiga me preocupaba o me alegraba. En cualquier caso, lo mejor para todos era que la búsqueda de la pieza concluyera cuanto antes. Si para un mejor despertar había que soñar, que así fuese.

Sergio y yo, nos miramos con complicidad y como nos hacía gracia la madrileña y acentuada forma de hablar de Arián; gritamos al compás.

 -¡¡¡ Esssssssssssssssssssssssssstaaaaaaaaaaaaa niñaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa   esssssssssssssssssssss demasssssssssssssssssssssssssssssssssssiado para nossssssssssssssssssssssssssssotrosssssssssssssssssssssssssssss!!!

 Casi sin darnos cuenta salimos de Corrientes y entramos en Misiones. ¡Por fin llegamos a Misiones! La tierra se tornaba más y más roja conforme nos adentrábamos en la nueva provincia. Quizás el tono rojo del suelo me producía ganas de hablar, comenzaba a encontrarme de mejor humor, durante casi todo el día estuve poco hablador, incluso lacónico. Las interminables y cilíndricas columnas de termiteros a cada lado de la carretera, así como las vastas plantaciones de hierba mate y el casi cegador verde de la vegetación; consiguieron apartarme de mis elucubraciones acerca de mi pasado. Mis dos compañeros se alegraron de verme con mejor ánimo; sentía que una energía muy especial recorría todo mi ser; como si el aire de Misiones me rodease de revitalizantes sensaciones.  Anochecía cuando llegamos a Posadas; habíamos logrado el objetivo del día. Sólo restaba encontrar un sitio para cenar y dormir. Yo bromeaba diciendo que en Posadas al menos una posada deberíamos encontrar, y en efecto tardamos muy poco tiempo en hallar un hotelito semejante al de Quimili; éste tenía además un jardincito a la entrada con unos estupendos columpios.
 Igual que la noche anterior dormiríamos en una habitación triple; para este menester sólo hace falta poseer la elocuencia y diplomacia de mis dos compañeros.

- ¡Dos días! no me cansaba de repetirme a mí mismo, que sólo quedaban dos días para llegar a San Ignacio. Decidí concentrarme en la alegría que me produciría ver por la mañana las Cataratas de Iguazú. Meditaba también sobre cómo varían las sensaciones y los deseos de las personas en cuanto a prioridades se refiere. Respecto a los viajes durante toda mi vida, ir a las cataratas, fue mi más deseado sueño y mi más ferviente ilusión. Ahora ese anhelado sueño, era compartido con otro; explorar y encontrar una dama negra de ajedrez en unas ruinas jesuitas. Cuando les comenté esta dualidad a mis amigos, los dos me aconsejaron lo mismo; que disfrutara de ambas cosas, exactamente igual que harían ellos.
Garganta del Diablo. Vista brasileña
 Dejamos los bolsos de viaje en el hotel y salimos a cenar a un restaurante que nos aconsejó el recepcionista, donde un grupo de músicos interpretaban canciones populares de muchos países. La comida era excelente ¡qué bien saben las mandiocas de Posadas! Estábamos ya tomando café, después de los postres, cuando el solista del grupo musical, preguntó a los clientes si alguien de España se encontraba cenando en ese momento. La intención era tocar una canción típica española. Arián no pudo remediar decir que era de Madrid; yo con más timidez sólo pude saludarlo con la mano. El solista parecía ser muy cosmopolita, pues para colmo de mi desgracia, respondió que interpretaría un chotis, a condición que la madrileña y yo, formáramos pareja de baile. Yo miré desesperado a Sergio para que fuese él quien bailara, pero éste respondió.

-Vamos Rafita si fuese un tango o una chacarera, bailaría yo; pero esta vez te corresponde a ti.

Sólo pude responder casi aterrado.

- ¡Esssssssssssssssssssta   niñaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Me armé de valor, me dejé llevar por el sentido del ritmo de mi buena amiga y pude salir de aquel trance musical; y aunque creo que yo debería parecer mientras bailaba, un escarabajo metido en un tarro de pegamento, cuando acabamos la pieza, por respeto, todos los presentes nos aplaudieron. Al oído,  le iba diciendo a la muchacha de los castellanos acentos.

-    Essssssssssssssssssssssssssta me la pagassssssssssssssssssssssssssssssssss Arianidusssssssssssssssssssssssssssssss.

Terminamos de cenar y muy contentos regresamos al hotel. A la entrada, los columpios se balanceaban mecidos por una suave brisa. Aunque era invierno, la noche invitaba a pasear. Estábamos en el noreste de Argentina y también en eso las cosas son distintas a  como suceden en España, cuanto más al norte nos encontrábamos, más calor hacía.

Entramos en la sala de estar, instintivamente miraba por todos sitios para comprobar si alguien jugaba al ajedrez. Para mi felicidad, estaban jugando una partida con un tablero que al igual que las piezas era de  bambú. Sergio nos comentó que se  alegraba que estuvieran jugando al ajedrez, pero que no le gustaba que se incrementaran las plantaciones de bambú, porque no es una planta autóctona de la zona y estaba causando daños de invasión en la selva. Comenté a mis amigos que en lugar de ver alguna película, prefería curarme en salud y me quedaría observando la partida; no fuera que me diese otro ataque de risa. Como no puede ser de otra forma, rápidamente entablamos conversación los dos jugadores y yo. La velada fue inolvidable para mí, intercambiamos no sólo opiniones sobre ajedrez, también sobre famosos escritores argentinos y españoles.

Unas dos horas después me reuní con mis inseparables compañeros de viaje y nos retiramos a descansar. Todavía teníamos fuerzas para charlar durante mucho tiempo antes de quedarnos dormidos; creo que esta vez ellos visitaron al dios Morfeo antes que yo. La emoción  me embargaba por completo, dentro de pocas horas estaría en las cataratas. A la mañana siguiente desayunamos con avidez, había que tomar  fuerzas para caminar por todo lo largo y ancho de los saltos de agua.
La fuerza del agua
Durante dos días, uno en la frontera argentina y otro en la brasileña, pudimos contemplar más de doscientos setenta saltos de agua que caían desde una media de setenta y cinco metros de altura, a lo largo de más tres kilómetros y medio.

Sería imposible describir el más impresionante paisaje que he admirado en toda mi vida. No podría explicar con palabras la emoción que sentía al ver tantas especies de aves y de plantas. Vencejos por acá, atravesando como aladas saetas las inmensas cascadas; por allá, bandadas de tucanes dueños del aire con su señorial plumaje, vestidos de negro parecían perseguir para besar sus  propios, coloridos y robustos picos. ¡Indescriptible! Todo era tan grandioso como inefable .Era como un gigantesco teatro de la naturaleza, cuyos actores de eterna y bella elocuencia; nos hablaban de la vida y cuyo telón era una formidable cortina de agua que no cesaba de caer.

Al cabo de los dos días, pude comprobar el motivo por el que Sergio decía que la emoción estaba del lado argentino y la belleza de las vistas del brasileño. Desde la frontera de su país, pudimos caminar por un entramado de puentes de madera sobre el río Iguazú, hasta llegar a la Garganta del Diablo y contemplar como el mayor de todos los saltos de agua, se desplomaba casi desde  nuestros pies, como un mar que fuese tragado continuamente por la tierra. Cuando los tres nos miramos, después de ver el sublime y acuático espectáculo, tomamos conciencia que estábamos llorando, como si nuestras lágrimas quisieran acompañar a las desprendidas aguas. Desde el lado argentino las cataratas se observaban con unas perspectivas más apaisadas, y podía verse además muchos arcos iris formadas por las astronómicas cantidades de gotas de agua en suspensión. En efecto: las mejores sensaciones desde Argentina, las mejores vistas desde Brasil. De todas formas insistiré siempre en que las Cataratas de Iguazú, no son  paisajes para ser descritos, sino para ser vividos.

Al tercer día de estar en Misiones, teníamos que realizar el próximo objetivo del programa; ¡visitar las ruinas de San Ignacio!

Pero antes debéis perdonarme porque con la emoción de las cataratas, he olvidado deciros que antes de llegar a ellas; Arián y yo, ya sabíamos por qué y para qué teníamos que encontrar la dama negra de ajedrez. Volvimos a soñar los dos durante la noche que pasamos en Posadas. Ambos despertamos sobresaltados, yo salí del hotel buscando el fresco de la noche y me senté en uno de los columpios; para mi sorpresa antes que yo llegara, ya había otra persona sentada en el otro columpio. Se trataba mi queridísima amiga Arián ¡essssssssssssssssta niñaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
 
La noche invitaba a conversar, aunque no había luna llena, la claridad que proyectaban las farolas del jardín, iluminaban lo suficiente para poder charlar con tranquilidad. Los dos éramos conscientes que no podríamos dormir; sabíamos que de nuevo mediante el sueño; personas cercanas de nuestro pasado, se habían comunicado con nosotros. Todo lo que tenía que contarle a mi amiga, me parecía tan extraño, que sólo me tranquilizaba pensar  que a ella le ocurría lo mismo que a mí, por lo tanto la mutua comprensión estaba asegurada. Propuse a la pensativa madrileña que entráramos en la cafetería, pues el rocío de la noche comenzaba a hacerse notar.

(Como ya sabéis, estáis invitados todos los que aún seguís leyendo este relato).

Elegimos una apartada mesa para poder hablar con toda tranquilidad. Acompañados por el aroma, el sabor y el calor de un magnífico café, dimos rienda suelta a nuestra onírica complicidad manteniendo esta conversación:

A-    Rafa estoy segura que la cercanía hace que los sueños sean cada más intensos, más reales; es como si quisieran subrayarnos que no nos marchemos de aquí sin encontrar la dama negra.

R- Es la misma sensación que yo tengo. Estoy convencido que no tendrían ningún sentido todas las experiencias extrasensoriales que estamos teniendo, si no fuesen por una causa, por un motivo, por algo que en otro tiempo debió realizarse, pero que fue imposible por circunstancias muy ajenas a nuestra voluntad. Ahora, más de doscientos años después, tenemos una nueva oportunidad.

A- Tenemos un nexo en común, tu hermano Gabriel, que es con quien sueño desde que comenzamos este viaje. Me ha comunicado que vuestro padre vino con vosotros, para regresar con el barco. Tanto Gabriel como tú, le prometisteis que en un plazo de tiempo no superior a tres años, regresaríais a España. Los dos abrazando a vuestro progenitor, hicisteis juramento de regresar. Entonces tu padre (que por cierto, también se llamaba Rafael), te entregó la dama que estamos buscando. Te dijo que el juego de ajedrez que estaba en Algeciras, ahora tenía una pieza menos y era muy importante que siempre estuviera completo, por eso tú le prometiste que regresarías con ella y con tu hermano Gabriel. También hubo un encargo para mí; que cuidara de vosotros.

R- Supongo que mis húmedos ojos, expresarán más emociones que mis palabras. Al soñar con Sarika, ésta me explicaba con su melodiosa voz que las piezas de ajedrez, así como el tablero, fueron un regalo de bodas para su hija, por parte de mi abuelo paterno que se llamaba Federico y era un prestigioso artesano de la madera. Cuando se lo regaló a mis padres, les dijo que su deseo era que el juego completo, pasara de primogénito a primogénito. Por esta razón, Sarika intuyendo que las misiones correrían peligro, introdujo la dama de ajedrez, en una cajita de madera de timbó, el interior del cofrecito, cubriendo la figurita, lo rellenó de hierba mate. Los guaraníes también usaban esta planta como conservante. El lugar elegido para esconder la dama, es como bien sabemos, las ruinas jesuitas de San Ignacio. Me preocupa que no me haya comunicado el lugar con exactitud.

 A-    Pues a mí no me preocupa eso mucho, porque una vez allí tu intuición (o la mía), te llevarán al lugar exacto, ya lo verás. Si Sarika no te lo ha comunicado es porque confía en ti y además supongo que ella sabe que si tienes algo que resolver, estarás más motivado; ¿o piensas que te lo va a dar todo hecho?

R-¿Cuándo sueñas con mi hermano, cómo lo ves, qué sensación te transmite?

A- Me transmite paz y tranquilidad y una inmensa ternura; creo que para tu hermano, compartir todo lo referente a cultura, era aparte de un placer, una herramienta popular de liberación; ¿no crees que ésa es la razón por la que vino?

R- El resumen de todo esto es que dejamos sin cumplir, lo que Gabriel y yo prometimos a nuestro padre; es curioso porque una de las cosas que más detesto de las personas, es que no cumplan su palabra.

A- No te preocupes, aunque hayan pasado más  doscientos años, la palabra sigue en pie, porque sólo la muerte impidió que la cumplierais. Rafutis  te aconsejo que disfrutes de tu gran sueño, ver las cataratas, céntrate en eso; sólo quedan tres días  para que estemos en San Ignacio y no tengo dudas, por más oculta que esté esa dama, tanto Sarika como Gabriel, nos ayudarán a encontrarla.

El sol comenzaba a sumergir en su lago de luz a las estrellas que como lucíferos pececillos se ocultaban en sus esplendorosas aguas.

Nos miramos pensativos y alegres al mismo tiempo, nos sentíamos acompañados mutuamente;  y teníamos una misión que cumplir; éramos cómplices.

Decidimos buscar a Sergio para desayunar con él y comenzar el viaje a las cataratas. Tres días después, por fin llegamos de noche a San Ignacio. Hacía mucho tiempo que la oscuridad había invadido toda la ciudad, buscamos y encontramos un hotel con habitación triple. Soltamos los bolsos y salimos a cenar. Todo parecía cotidiano pues la misma operación ya la habíamos realizado antes, pero esta vez, sucedió algo que ninguno de los tres supimos explicar.

Salimos de la habitación dispuestos a encontrar un restaurante, Sergio cerraba la puerta con la llave cuando se dio cuenta que un objeto pequeño parecido a un muñequito estaba muy cerca de sus pies. Al recogerla del suelo, advirtió que se trataba de la figurita de Berny, que a modo de mascota habíamos colocado en la guantera de la furgoneta. Nos miramos  preguntándonos de qué forma habría llegado aquel juguete hasta la puerta. No sabíamos la respuesta y dije que como soy tan despistado igual sin querer yo mismo lo traje sin darme cuenta.

Arián comentaba que de todas formas lo ocurrido era muy extraño, ya que yo tuve dos despistes, uno el de coger la figurita y otro el de dejarla caer en la puerta; y además ninguno de los tres  nos dimos cuenta de nada. La verdad es que a estas alturas, pocas cosas nos extrañaban ya. Cogí el travieso muñequito y lo coloqué sobre la televisión.

A pesar de que estábamos en el mes de Agosto, la noche era agradable, casi cálida y por tanto nos ofrecía la oportunidad de dar un buen paseo. Tuve la tentación de acercarme a las ruinas aquella misma noche, pero mis amigos me animaron a esperar la mañana, además no podría visitar fuera de horario un lugar tan turístico. Yo ansiaba la llegada del día, sentía que mi corazón vibraba, golpeaba mi pecho como un tambor que emitiera penas y alegrías contenidas durante demasiados años. Mañana iluminado por  el sol, mi corazón se abriría como una flor que buscase una sutilísima luz que llevaba oculta más de dos siglos.

Encontramos un restaurante cuyo comedor era una amplia sala rodeada de grandes ventanas. En el interior de trecho en trecho, había muchos escaparates con objetos típicos del lugar, compré algunas ocarinas de barro, desde entonces, siempre que mi hija Sara toca una de estos silbatos, mi alma se llena de recuerdos. Mientras cenábamos tuve que hacer muchos esfuerzos para controlar mi impaciencia, pero tanto Arián como Sergio son maravillosos conversadores y como siempre me hablaban de cosas que me interesan, conseguían calmar mi ansiedad. Como sabíamos que nos costaría mucho dormir, decidimos prolongar la cena y luego decidimos jugar al futbolín, pues durante el viaje jugamos alguna que otra partida y surgió una amistosa rivalidad entre los tres. Sergio me ganaba siempre al futbolín o metegoles como él lo llama y yo le decía que en España no me ganaría con tanta facilidad y él se reía preguntándome si era por jugar en casa. Dice un antiguo refrán que quien ríe último, ríe mejor, pues bien, esa paremia se cumplió plenamente: años después cuando ya vivía toda la familia de Sergio en Alicante, volvimos a jugar y me pude desquitar de tan monumental goleada. Los jugadores de los futbolines españoles tienen un diseño en la parte de los pies, totalmente distintos a los argentinos, por eso él jugaba mejor en Argentina y yo en España.

Tras la estrepitosa derrota futbolera, jugamos también al billar con suerte diversa, luego paseamos por el  centro de la ciudad. El dulce y fresco aire de San Ignacio me evocaba extraños y familiares recuerdos. Encontramos una cafetería y nos sentamos en una terracita cubierta con lona y estuvimos charlando hasta que el sueño nos iba venciendo. Regresamos al hotel y yo presentía que no podría dormir, el nerviosismo me tenía aturdido, sólo tenía ganas de contar  chistes y decir más tonterías de las normales; me sentía embriagado por una sensación parecida a la de un niño que espera con ansiedad que al día siguiente le regalen juguetes.

Estábamos cerca de la entrada del hotel cuando se me ocurrió una brillante idea; esta vez en caso que no hubiera nadie jugando al ajedrez en la sala, yo bajaría de la habitación con mi inseparable tablero magnético por si alguien quería jugar. En realidad la idea no era muy brillante, se le hubiera ocurrido a cualquiera, pero como no doy para más; se puede dar por buena. Cuando abrimos la puerta de la habitación, sentí curiosidad por ver si la figurita aún estaba sobre la televisión. Al comprobar que permaneció totalmente estática, suspiré contento; de haberla visto con el mando y cambiando canales, me hubiera muerto del susto. Como ya era costumbre, nos quedamos charlando tumbados en las camas hasta quedarnos dormidos, pero yo había cogido mi ajedrez de viaje y un libro de problemas de Kasparian; ambas cosas las puse sobre mi pecho al tumbarme en la cama como diciendo a mis compañeros  que saldría después de la tertulia. Arián quiso acompañarme y dejamos durmiendo a Sergio. Al salir por la puerta miré al suelo del pasillo y luego otra vez a la televisión y me tranquilicé: todo seguía en orden. El salón estaba desierto y casi me alegré  pues así podríamos hablar con más tranquilidad.Yo pensaba que si alguien que no fuese Sergio escuchara la conversación, nos tomarían por locos, a menos que le hubiera ocurrido algo parecido a lo que nos ocurría a nosotros. Arián me preguntaba si había recordado que yo cogiese la figurita de la guantera de la furgoneta, le contesté que no lo recordaba que no era consciente de haberla cogido. Colocamos las piezas y jugamos una partida comentando jugada a jugada todo su desarrollo. Mientras le explicaba a mi inteligente amiga la estrategia general del juego, me daba cuenta que si se lo propusiera, sería una buena jugadora, pues su capacidad de deducción me tenía maravillado. Arián me preguntaba si había discusiones sobre el nivel de juego entre los hombres y las mujeres, si los hombres jugaban mejor o al revés. Contesté que no había ninguna razón para pensar que los hombres juegan mejor, para mí era una simple cuestión de probabilidades; si hay más  hombres que mujeres en los torneos, es normal que el campeón mundial estuviera entre ellos. Arián se reía cuando le conté la opinión que sobre este tema, tenía el gran maestro inglés Nigel Short. Este maravilloso jugador opina que las mujeres son más inteligentes que los hombres, por eso no quieren perder  tanto tiempo de sus vidas con el ajedrez.

Jugamos y hablamos durante un buen rato y al terminar de resolver un problema de Kasparian, me dijo que estaba ya muy cansada y se retiraba a dormir. Yo le comenté que me quedaría  algún tiempo más.

En mi soledad mi mente no dejaba de pensar en qué sitio de las ruinas estaría la dama. Trataba de adivinar qué lugar elegiría una bella mujer guaraní de hace dos siglos. Me concentré en esa idea, imaginaba a Sarika queriendo salvaguardar un objeto que era muy importante para mi familia; me molestaba pensar que también yo podría haber guardado aquella pieza y no lo hice, seguramente porque mi confianza en el buen hacer de mi antigua compañera, era total. En la tranquilidad de la noche, no paraba de hacer conjeturas y mil elucubraciones daban vueltas en mi cabeza.
 Risas y agua
Para intentar distraerme, coloqué la posición de un problema de Kasparian, intentando resolverlo sin mover las piezas. Aunque  estaba absorto buscando la solución; advertí que una elegante mujer llegaba a recepción acompañada de su madre. Como todo estaba en silencio pude observar para mi sorpresa que hablaban español con acento andaluz. Deseaban una habitación doble. Cuando el recepcionista les dio la llave, caminaron cogidas del brazo y daban la sensación de ser muy atentas la una con la otra. Justo en ese momento, una fugaz intuición pasó por mi torpe mente. Recordé que para los guaraníes, la madre tierra era un regalo del bondadoso dios Tupá y deduje que Sarika encomendaría la protección de la dama negra a la tierra; por tanto la pieza estaría enterrada. No tendríamos que buscar entre los muros de los ruinosos edificios. Pero de todas formas, suponiendo que estuviera  oculta en la tierra, el asunto seguía siendo muy complicado porque tendríamos que explorar por el patio de armas, los jardines y demás lugares terrosos.

Seguía sin tener sueño, pero al menos estaba disfrutando resolviendo problemas artísticos. Cuando iba a colocar la posición de un nuevo problema, me di cuenta que alguien avanzaba hacia mí; se trataba de la bella mujer que había llegado con su madre. Se acercó con seguridad y con mucha confianza en sí misma. Sonriendo me preguntó si quería jugar una partida con ella. Acepté encantado y al ofrecerle las piezas blancas me dijo que era muy amable. No le ofrecía las piezas blancas porque ella era un mujer, sino por un acto de deportividad ajedrecística. Nos presentamos, me dijo que se llamaba Sonia y su madre Adriana y yo le dije mi nombre y que me había llegado acompañado por Arián y Sergio. No sé muy bien por qué motivo, pero creo que a Sonia le ocurrió lo mismo que a mí; sentíamos que podíamos confiar el uno en el otro. Tras los primeros movimientos recordé el sueño de la partida que tuve en el barco. Yo juego con negras y el peón de rey de las blancas avanza dos casillas y en pocas jugadas queda planteada la apertura española. Pero esta vez hay una gran diferencia, mientras en el sueño las piezas blancas se mueven solas, ahora son movidas por la preciosa mano de una mujer de dorados cabellos y con unos claros ojos que parecían lucir todo el intenso azul del océano que había dejado detrás. Se me ocurrió que en lo sucesivo, siempre llevaría mi tablero conmigo, así podría conocer mujeres tan especiales como la que tenía presente.

La partida se complicó y las jugadas tenían ahora una cadencia más lenta. Sonia entendía bien los conceptos posicionales de la partida. En un determinado momento me preguntó a qué había venido a San Ignacio y lo hizo al tiempo que apoyaba su cabeza entre sus manos, en ese momento hubiera jurado que sentí la presencia de Sarika. Después de una larga meditación, Sonia realizó una sorprendente jugada y al mismo tiempo me preguntó si podríamos continuar la partida al día siguiente por la noche después de la cena. Me miró con una sonrisa que además de bondad transmitía algo de solidaridad y me dijo que me notaba preocupado por algo. Como era una mujer muy agradable, acepté de buen grado su proposición y añadí que también me gustaría hablar tranquilamente con ella. Sonia anotó la posición en una pequeña libreta, y con amable voz me dijo que tras la cena de mañana conversaríamos y acabaríamos la partida y que procurara descansar. Le di las gracias por jugar conmigo y me contestó que la agradecida era ella. Se marchó y poco después el sueño se apoderaba de mí y me retiré a descansar.

Caminaba hacia la habitación y pensaba en hacer el menor ruido posible para no despertar a nadie y también pensando que no me gustaría encontrarme al muñequito esperándome en la puerta. Por suerte para mí, no había ningún centinela en la entrada y todo estaba tranquilo, sólo pude ver el lento pasear de un anciano que apoyado en un bastón se encaminaba al restaurante. Otra intuición se me vino a la mente cuando introduje la llave en la cerradura: debía comprar un bastón y caminar apoyándome en él. Entré y para mi alivio, la figurita seguía colocada en el mismo sitio, sobre la televisión. Cuando me eché sobre la cama, el cansancio era tremendo, intenté dormir mientras esperaba que mis buenos amigos se despertaran para desayunar. La noche había sido muy intensa y necesitaba reponer fuerzas urgentemente. Pocas horas después, una mano sacudía cuidadosamente mi hombro izquierdo, Arián me decía en voz baja.

D-¡Vamos Rafutis, llegó el gran día!

Completamente adormilado respondí.

-¿Vais a matarme?

Sergio mientras se afeitaba  reía diciendo.

-¡Essssssssssssssssstaaaaaaaaaaaa  niñaaaaaaaaaaaaaaaaaaa  esssssssssssssssssss  demasiado para nosotrossssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss!

Desayunamos con más rapidez que de costumbre y nos dirigimos hacia las ruinas. Por supuesto no habíamos olvidado llevarnos la figurita con nosotros, pues era como nuestra particular brújula. El día era precioso, el cielo estaba limpio y azul como los ojos de la mujer con quien había jugado al ajedrez por la noche. Contemplamos la famosa higuera conocida también como Corazón de Piedra, porque en el interior de su tronco se halla una pétrea columna  del tiempo de los jesuitas; ante tan singular milagro de la naturaleza, quedamos maravillados. Alrededor de toda la edificación, numerosas tiendas mostraban sus artículos de regalo. Como nos quedaríamos en San Ignacio dos días más, no teníamos prisas en comprar nada. Recordé al anciano con  el bastón y les pedí a mis amigos que me ayudaran a encontrar uno. Entramos en una tienda y Sergio me recomendó uno de alecrín, típico árbol de Misiones, cuya fuerte y rojiza madera imprimía cierta personalidad al bastón. Arián me pregunto por qué no esperaba el último día para comprar regalos y quedó sorprendida cuando le comenté que el bastón no era un regalo, que era para mi uso personal. Me dijo que no me impacientara que dentro de poquitos años ya podría usarlo por necesidad. Riendo les expliqué que lo había comprado porque se me había ocurrido que podría ser un objeto que pasara desapercibido para los vigilantes de las ruinas y que podría servir para localizar la pieza si con disimulo, lo usaba clavándolo en la tierra. Como es natural, mis queridos compañeros, me miraron perplejos. Les expliqué que intuía que la dama negra estaba enterrada y el bastón era para hacer hoyos a modo de sondeos. Entonces Arián, me dijo que estaba convencida que Sarika, debió ser una mujer amante de la paz, por tanto la pieza, no se contraría enterrada en el patio de armas, sino en algún lugar dedicado al cultivo de plantas o flores, posiblemente en los antiguos jardines.
Vista de una puerta de las ruinas de San Ignacio
 Antes de atravesar las murallas construidas con asperón rojo y adentrarnos en la edificación jesuita, visitamos el museo arqueológico. Mirando los cuadros que representaban a los guaraníes y a los jesuitas, mi amiga Arián lloraba con amargura y sobrecogido la abracé; siempre recordaré la extraordinaria sensibilidad de mi gran amiga. Todo lo que vimos y aprendimos no hacía sino aumentar nuestra admiración por la formidable convivencia entre jesuitas y guaraníes. Salimos del museo y pasamos por la puerta principal, mi ya estremecido corazón, comenzó a latir aún con más fuerza, una especie de energía revitalizante, me rodeaba por completo y yo buscaba y miraba por todos sitios intentando adivinar o intuir algún indicio de lo que buscábamos.

La construcción era tan sólida que ha resistido el paso del tiempo y los efectos erosivos de la intemperie. La combinación de solidez y arte que poseen las ruinas, era algo digno de nuestros elogios. En el interior y rodeado de rojizas murallas encontramos el patio de armas, yo miraba la superficie del césped, buscando algún saliente o algo parecido, pero me sorprendió la homogeneidad y la horizontalidad del patio. Dimos varias vueltas buscando espacios terrosos que estuvieran dentro de las murallas, pero no advertíamos nada especial. A ambos lados del verdoso llano, unas terrazas de cuidado césped, nos parecían que podrían haber sido antiguos jardines; pero las horas iban pasando y no detectábamos nada que pudiera darnos alguna pista. Yo miraba y miraba por todos sitios, unas veces a todo lo que fuese de tierra y otras a los encargados del mantenimiento de las ruinas. En mi desesperación pensaba que si me tumbaba sobre la hierba y rodaba sobre ella o sencillamente descansaba, al contacto de mi cuerpo  sobre la madre tierra, percibiría o captaría algunas ondas que me diesen pistas. Por momentos aumentaba mi desesperación, mis amigos también estaban inquietos.

Si me dejaba caer al suelo, podría decir a los empleados que me había dado un mareo; me preocupaba que si yo me tumbaba, otros visitantes hicieran lo mismo y aquello pareciera una manifestación parecida a la de los tiempos de Gandhi. Loco de impotencia me dejé caer al suelo, como si hubiera tropezado con algo. Sobre la hierba, besé el sagrado suelo. Los oídos comenzaron a pitarme, no sabía qué me estaba ocurriendo. Cerré los ojos y decidí que clavaría el bastón sobre el primer espacio verde que viese al abrirlos. Un extranjero que me vio caer, quiso socorrerme y agradecido le dije que no se preocupara que me no me hice ningún daño. Observé que en la dirección del solidario visitante, a su espalda se extendía una amplia zona rectangular semejante a  una gran alfombra verdosa. Arián y Sergio también se afanaban en hallar indicios, pero al mismo parecían disfrutar más que yo de aquellas joyas arqueológicas. El tiempo pasaba y Sergio propuso que saliéramos para comer algo y volver luego por la tarde. Contrariado acepté y Arián sabedora de mis preocupaciones, me recordó que ella estaba tan interesada como yo en encontrar la dama negra. Me dijo que me tranquilizara, que no estábamos allí guiados por el  azar ni por la casualidad. Sus sabias palabras, hicieron efecto en mí y poco a poco el febril estado emocional en que me encontraba, fue dando paso a una piadosa tranquilidad. Llegamos a un cercano restaurante y para mi asombro, me di cuenta que los tres estábamos muy tranquilos, como si tuviéramos que poner en común alguna conclusión y sólo faltase ejecutarla. Tras los cafés nos centramos en lo que íbamos a hacer.

(Por supuesto que quedáis invitados los que seguís leyendo).

Sergio comentaba que de alguna manera, todos habíamos intuido dónde se hallaba la dama. Arián se reía diciendo que mientras yo hacía el loco en el suelo, ellos disimuladamente, dieron varias vueltas sobre sí  mismos y con cuidado de no caer a tierra como hice yo; cerraron los ojos  y cuando los abrieron, sus miradas apuntaban al mismo sitio que yo observaba  cuando el extranjero quiso socorrerme. No podía ser casual que los tres, de forma independiente hubiéramos coincidido sobre el césped del mismo rectángulo. Si la intuición no nos fallaba, habíamos concretado mucho, pues al menos ahora sólo buscaríamos en un lugar. Sergio propuso que fuéramos de nuevo a la tienda para comprar otros dos bastones, uno para él y otro para Arián. Yo bromeaba comentando que al regresar  a las ruinas, apoyados cada uno en un bastón, íbamos a parecer una excursión de la mal llamada tercera edad. Salimos en dirección hacia la tienda, compramos los bastones y nos dirigimos a las ruinas. Caminando de esta guisa, parecíamos una suerte de tres mosqueros, cuya misión era rescatar de la cárcel del tiempo a una bella dama.

Las sombras de los muros de asperón rojo, eran mucho más alargadas que por la mañana, estaba cayendo la tarde. La gente nos miraba y no sabían si sentir pena o risa, porque a veces apoyábamos nuestro peso sobre los bastones y otras, jugábamos con ellos. Tan pronto como pudimos llegamos al cuadrilátero en cuestión. La uniformidad del césped auguraba que tendríamos  dificultades. Durante la comida, habíamos comentado que la pieza de ajedrez no debería tener una ubicación muy profunda, pues cuando Sarika lo ocultó no lo hizo con la intención que desapareciera para siempre, simplemente se trataba de un escondite temporal. Con cuidado de no ser vistos, hincábamos los bastones por donde nos parecía, pero cuando se hundían, no tropezaban con nada que fuese sospechoso. Pasaba un niño acompañado de su padre y cuando nos vio dijo.

-¡Papá, papá, son detectores de metales!

El tiempo pasaba y cada vez había menos luminosidad. Nos preocupaba la hora del cierre para los visitantes. Sergio  con su filosófica forma de ser, pensaba que aún disponíamos de dos días, que no perdiéramos la calma. Yo comentaba  que si todo el tiempo que nos quedaba, lo pasábamos pinchando la tierra, o nos contrataban para sembrar mandiocas o nos metían en la cárcel. En un momento de inspiración, se me ocurrió una feliz idea, le dije a Arián que sacara de su mochila la figurita que aún no la habíamos usado como elemento detector. Los tres nos miramos, extrañados que no hubiéramos reparado en la ayuda de ese muñequito que tantos sobresaltos nos había causado. Nuestra compañera sacó la inerte y diminuta criatura y una vez que salió de la mochila, nos dijo que también ella tenía una idea. Propuso que nos pusiéramos de espaldas al verde  paralelogramo y al azar, lanzáramos  al aire la figurita y allí donde cayera, clavaríamos un bastón. Nos pareció una buena idea, pues no disponíamos de ningún otro intuitivo método de búsqueda. El muñequito sería arrojado de la misma forma que una novia tira el ramo de flores el día de su boda. Mientras le dábamos la espalda al herboso plano yo suplicaba a todos los dioses que una vez en el aire, no pasara un tucán volando y se llevara al causante de los sobresaltos. A la de tres, Arián con todas sus fuerzas lanzó al aire la figurita y con curiosa rapidez nos dimos la vuelta para verla caer al suelo. El humanoide objeto giró en el aire sobre sí mismo efectuando gimnásticas cabriolas, incluso al  aterrizar nos sorprendió con su espectacularidad, pues cayó de pie.

Contemplamos la figurita erguida sobre la hierba, nos pareció que se trataba de un impaciente gnomo que nos gritaba que estaba justo en el sitio que tanto habíamos buscado. Miramos en todas las direcciones, no vimos a nadie y decidimos recoger la figura y hundir un bastón en su lugar. Sergio y yo convenimos en que fuera nuestra buena amiga quien clavara el bastón en la tierra. Arián respiró profundamente, nos miró diciéndonos  que le deseáramos suerte y avanzó con decisión, apartó la figurita apoyó la punta de su bastón en la tierra y ayudada de ambas manos, presionó con fuerza y cuidado sobre el mango, asombrados advertíamos que se hundía con facilidad y en un preciso instante la punta del bastón chocó con algo y pudimos oír un seco y esperanzador sonido. Con triunfadora sonrisa, Arián comentó que le parecía que las vibraciones que subían por el bastón, indicaban que el objeto con que había tropezado era algo hueco; podría tratarse del cofrecito en el que Sarika metió la dama negra. Volvimos a mirar por todos sitios, pues no teníamos más remedio que escarbar, la fortuna estaba de nuestra parte. Nos pusimos de acuerdo para que Arián mirase por si venía alguien y Sergio y yo cada uno con un bastón, agrandábamos el que ya había hecho ella.

De la misma manera que las Cataratas de Iguazú son inefables, también lo fue el momento en que sacamos de aquel hoyo la cajita de madera en la cual se hallaba el mejor tesoro que jamás pudiera encontrar. Con mucha sensatez, Arián con rapidez metió la cajita en su mochila y nos dijo que nos diéramos prisa, que tapáramos el hoyo y saliéramos de allí para sacar la dama en un lugar más tranquilo.

 ¡Qué felicidad, la habíamos encontrado! Una intensa satisfacción  se adueñó de nosotros. Salimos del recinto de las ruinas y buscamos una tranquila cafetería para poder admirar el contenido de aquella cajita. Ahora  para Arián y para mí, al otro lado del Atlántico, comenzaría otra misión: encontrar en España a la actual familia a quien perteneciera la pieza de ajedrez. Encontramos una tranquila cafetería de dos plantas, preguntamos si arriba servían café y subimos. Con verdadera ansiedad, pero con profundo respeto, abrimos el pequeño cofre. Una hermosísima dama negra de ajedrez de madera de ébano y peana de mármol rosado, apareció en su interior envuelta en  olorosas hojas de hierba mate. También encontramos una nota escrita con tinta sobre una tablilla, que decía: “esta pieza pertenece a la familia de don Federico González León”

Los tres nos abrazamos felices por el milagroso hallazgo. Un camarero subió con tres cafés y si exceptúo el que tomé cuando nació mi hija Sara; no recuerdo haber tomado un café más sabroso. Charlábamos como si hubiéramos realizado una portentosa hazaña arqueológica. De pronto, una elegante y bella mujer avanzó hacia nosotros, nos saludó y mirándome como si en ello le fuese la vida; me suplicó que la escuchase. La persona recién llegada no era otra que la atractiva Sonia, la mujer con quien yo había jugado al ajedrez la noche anterior. Lo que nos contó, nos dejó a todos estupefactos.

-    Rafael, os he seguido durante todo el día porque sospeché que  vosotros erais los encargados de encontrar una dama de ajedrez que de generación en generación,  siempre nos ha faltado en nuestro familiar tablero, por eso  lo tenemos incompleto. Hace unos meses, mi  madre comenzó a tener extraños sueños, en los cuales, sus antepasados familiares se le aparecían, diciéndole que tres personas encontrarían la dama que nos faltaba para tener completo nuestro juego de ajedrez y que por esta razón deberíamos venir a las ruinas jesuitas de San Ignacio, pues aquí era donde la encontraríamos. También quiero decir que mi nombre completo es, Sonia González Salinas y que soy descendiente de don Federico González  León, el artesano que diseñó y realizó tanto las piezas como el tablero.

Mis dos amigos y yo quedamos perplejos escuchando a Sonia y no nos cupo ninguna duda de lo que nos decía. Si era cierto todo lo que contaba, nuestra misión ya habría acabado por completo, pues le entregaríamos la dama que habíamos encontrado. Como adivinando que yo seguía pensativo y algo indeciso, Sonia continuó explicando.

-Es lógico que tengáis alguna duda sobre lo que una desconocida como yo os está contando, pero quiero presentaros a mi madre y mostraros algo. Si sois tan amables, os suplico que me acompañéis, vayamos a vuestro hotel, donde también nosotras estamos alojadas.

Acompañamos a Sonia y por el camino Arián me decía que era muy guapa y que estaba convencida que yo le caía muy bien. Llegamos a la habitación que compartía con su madre. Nos presentamos y Adriana, la madre de Sonia, abrió una maleta de viaje y sobre la mesa colocó un artístico tablero de ajedrez, labrado en madera de sándalo y de de dos bolsas de terciopelo, sacó todas piezas y cogiendo la dama blanca de su juego; nos la mostró para que viéramos que era exactamente igual que la que habíamos encontrado, la única diferencia era por supuesto, el color. Miré a Arián y luego a Sergio preguntándoles con la mirada, y ambos constataron que debíamos entregar la dama de ajedrez a las dos mujeres. Se la entregamos y los cinco emocionados nos abrazamos, felicitándonos. No hace falta explicar que una experiencia de esta magnitud, une mucho a las personas. Decidimos que en una hora quedáramos todos para cenar y celebrar el hallazgo. Después de la prolongada cena en la que tantas cosas contamos, todos estábamos muy cansados y quedamos para desayunar por la mañana. Bueno, debo decir que no todos nos retiramos para cenar, Sonia me dijo que por favor la esperase, que en cuanto acompañara a su madre a la habitación, bajaría para reunirse conmigo, pues teníamos aún muchas cosas de las que hablar y además…..¡ teníamos una partida pendiente de ajedrez!

¿FIN  O CONTINUARÁ?... BUENO MEJOR LO DEJAMOS ASÍ:

(FIN)

Misiones (I)

Atrás queda San Rafael, Mendoza, llegando a Tucumán.
(Dedicado a mi amiga Arián, por tantas cosas compartidas, por tantos  días y kilómetros juntos, por tantas discusiones, por tantos combates a muerte; pero sobre todo porque  los años pasan, y nuestra amistad, cada vez es más fuerte; te quiero Arianidus).

Quiero agradecer una vez más a todos los amigos, lo benévolos  y comprensivos que  sois  conmigo. Gracias por vuestros edificantes comentarios sobre mis relatos.

“Muchos indios se quedaban como huéspedes, volvían a su selva, regresaban a la ciudad esporádicamente hasta que solicitaban instrucción y finalmente eran integrados en la ciudad a través del bautismo, en ceremonias de enorme solemnidad popular."

Todo lo dicho es sólo un breve resumen de una de las páginas más bellas de nuestra historia. La gran belleza de las iglesias de las Ciudades de las Misiones Jesuíticas que quedaban en pie y sus enormes plazas que nos asombran hoy perdidas en  lugares selváticos e insospechados, simbolizan la belleza moral y cultural de aquellos hombres y mujeres que vivieron como ciudadanos libres y cristianos. La historia de América hubiera sido totalmente distinta, si la cultura de estas ciudades hubiera podido seguir su desarrollo natural. Pero constituyeron un modelo real incompatible con los nuevos poderes que en Europa anunciaban nuevas revoluciones sociales. Cuando la UNESCO protegió de forma decidida los restos materiales que quedaban, estaban protegiendo unos valores de la humanidad que nunca debieron perderse. El 13 de Octubre de 1767, Carlos III de España ordenó la expulsión de los jesuitas de todos los territorios españoles. Los misioneros se fueron en silencio para evitar un levantamiento de los indios que exclamaban:

“…zoiyaí, azica anná…”,  Padre, quédate aquí, no te vayas.

“…yaqui,  nazaratí, zoichacú…”, “¿Quién nos protegerá, asistirá y ayudará? ¿Quién nos llevará al cielo?”

(Javier Morales Vallejo, doctor en historia del arte).

Personalmente creo que ninguna civilización o creencia religiosa, debiera interponerse ni querer suplantar ningún sistema social, salvo que realmente sea necesario; si en ello va la vida de un pueblo. También pienso que casi ningún tipo de aculturación es apropiado, porque esto puede hacer desaparecer las verdaderas identidades de una determinada etnia o pueblo y  entonces, ¿en qué nos convertimos como sociedad y como personas? ¿Sería bueno que nuestras costumbres y las referencias que nos distinguen como pueblo, desaparecieran de nuestras vidas?

Desde que estuve con mi aventurera amiga Arián, en la provincia argentina de Misiones (que lleva este nombre por las misiones evangelizadoras de los jesuitas  con los guaraníes), me  interesé  por saber cómo era la relación  entre esos dos sistemas de vida tan dispares.

Comprendí que la convivencia, era muy buena y que los jesuitas defendieron a los guaraníes, evitando como pudieron que tanto portugueses como españoles, agrandaran sus territorios en esa zona. Se opusieron sobre todo a los bandeirantes portugueses, que no eran otra cosa que bandas armadas,  que  por puro interés económico, querían someter a la esclavitud a los indígenas. Por defender las misiones, los jesuitas, no sólo se opusieron a los gobiernos tanto de España como de Portugal, también esgrimieron los intereses  del Vaticano.

Por estas razones, respeto la labor de los jesuitas en esta extensa zona de Sudamérica, pues aunque en algunas cosas no estoy conforme con ellos, la verdad es que fueron consecuentes, y contra viento y marea,  defendieron lo que ellos creían que era justo.
 
Concentrando energías , pensando en Misiones,
 Tafí del Valle, Tucumán
Quiero también comentar que el sinónimo de misiones, es el de reducciones, y este término, está mal empleado, pues lejos de ser reducidos, los guaraníes, gozaban de plena libertad y vivían básicamente en buena armonía con los jesuitas, pues ellos mismos tomaban muchas decisiones que favorecían su propio bienestar como pueblo.

De esta forma describe el erudito Voltaire, lo que pensaba sobre las misiones:”En cierto sentido significa un triunfo de la humanidad”

Recordemos que François Marie Arouet, de pseudónimo, Voltaire, era ateo, lo cual desde mi punto de vista, da más valor a la cita anterior, pues al menos en apariencia, cuando pensaba, no le movía la fe.

Jamás olvidaré las lágrimas de Arián, cuando en el museo arqueológico de San Ignacio, se acongojó al advertir que la armonía, entre las dos civilizaciones, fue brutalmente truncada  por los malditos intereses económicos.

 Amistades de tan buen corazón como el de Arián, son las que todos necesitamos.

“Las huellas de las personas que caminaron juntas, nunca se borran” (Proverbio congoleño).

“La ciencia será siempre una búsqueda, jamás un descubrimiento real, es un viaje, nunca una llegada” (Karl Poopper).

“Los viajes sólo son necesarios para las imaginaciones menguadas” (Gabrielle Sidonie, Collette).

“Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia” (Enrique Jardiel Poncel).

“Mientras tomo un café, pienso cuál de las dos citas anteriores, es la más acertada. Ambas frases me hacen recordar que cuando estuve en Argentina, comprobé que salvo  algunas constelaciones comunes a los dos hemisferios terrestres, ninguna estrella me era conocida, así como también observé que en cualquier desagüe, por el efecto de Coriolis, el agua gira en sentido inverso a como lo hace en nuestro hemisferio. Advertí muchas cosas que allí, suceden al revés que aquí; y todo esto, me hizo meditar sobre la humildad, pues con mucha frecuencia, las cosas no son como creemos”.

(Perdonad  al autor de estas líneas, no para de decir tonterías).

Cada vez estoy más convencido de lo saludable que es para el espíritu humano, que nuestros sueños se cumplan. De niño soñaba con viajar a Sudamérica, y lo de soñar lo digo en el sentido literal del verbo. Mi sueño siempre era el mismo y se me repetía con frecuencia. Durante muchos años, he soñado que  desde el puerto de mi siempre recordada Algeciras, un barco de vapor, típico de finales del siglo XIX, partía de la preciosa bahía de mi ciudad y se dirigía hacia Sudamérica. No sé cómo he llegado al buque, pero puedo pasear  por él con entera libertad, incluso tengo acceso sin restricciones para entrar al puente de mando del vapor. En un mapa de elegante y cuidada cartografía, puedo ver la travesía que será efectuada, pero la imaginaria trayectoria del barco, en su parte final no está bien definida, el destino de la ruta, se me antoja incierto, pues parece converger  de forma difusa entre tres naciones: Brasil, Argentina y Uruguay. Hoy comprendo el motivo de dicha confusión, pues en otro tiempo las fronteras, no estaban  prefijadas, el ser humano aún no las había trazado en esta parte del planeta.  También sé ahora, que si Paraguay, tuviese puerto de mar, formaría parte de esa amalgama fantasiosa de estados.
En Misiones, meditando
Cuando llevo cierto tiempo caminando por la nave, tomo conciencia  que no hay tripulantes, ni pasajeros por ninguna parte. Me inquieta saber que estoy solo en el náutico y móvil palacio de madera. Regreso al puente de mando y sobre una mesa circular, observo algo que antes no estaba, un juego de ajedrez cuyas piezas son magníficas tallas de madera con peanas de mármol. Me acerco a la mesa, me siento ante el artístico tablero (en este sueño, siempre me toca conducir las piezas negras), me concentro esperando que alguien realice la primera jugada de las blancas, pero frente a mí, no hay nadie y no obstante, observo atónito cómo el peón situado delante del rey, avanza dos casillas. Aunque de alguna manera, esperaba que alguien jugara, al darme cuenta de la rareza de la iniciada partida, siento miedo. Aún así me concentro para responder y contestar con una jugada simétrica, pero al asir mi peón de rey, observo que mi dama ha desaparecido, justo en este momento, advierto que la fantasmagórica partida, no puede continuar y el peón avanzado de las piezas blancas, misteriosamente regresa a su  casilla de origen, como si una invisible mano lo hubiese movido.

La sirena suena orgullosa por toda la bahía, anunciando que vamos a zarpar, el barco se pone en marcha, y continúo solo. La singladura ha comenzado y sigo sin ver a ninguna persona  y sin saber  quiénes son los tripulantes. Salgo a cubierta con idea de divisar delfines, pues son muy comunes en  el Estrecho de Gibraltar. Observo que tanto a estribor como a babor, estos estilizados cetáceos, acompañan  saltarines y alegres al barco. El pregonero sonido de la sirena, se mezcla con el graznido estridente de las gaviotas, mientras el vapor se acerca al faro de Algeciras. En un determinado momento, siento ansias por acelerar la marcha y llegar lo antes posible a Sudamérica y justo entonces, veo la figura de madera que faltaba en el tablero. Es una dama negra que está de pie sobre el borde de la barandilla de la punta de la proa, acelero mis pasos, pero un ligero cabeceo de la nave, la hace caer al agua. Me desespero, me siento culpable de tan lamentable pérdida, pues  el juego quedará incompleto y la partida nunca comenzará. Corro a toda velocidad intentando asirla y al asomarme por la barandilla, no puedo verla sobre el mar. Quizás la quilla del vapor, esté  pasando por encima de ella. Me dirijo precipitadamente hacia a la popa, la longitud de la eslora, se me hace interminable. Un remolino de agua, hace dar vueltas a la pieza de ajedrez haciéndola emerger sobre las olas, pero luego contemplo que debido al peso del mármol, la dama negra, se hunde lenta e inexorablemente bajo las saladas y profundas aguas de la bahía.

La angustia me invade mientras veo cómo se sumerge la valiosa pieza y en ese preciso instante, una femenina voz que no sé de dónde procede, con una mezcla de orden y de ruego, se hace oír:

-    Al otro lado del mar, hay  una pieza exactamente igual que la que ha caído al agua. La encontrarás enterrada, entre ruinas. No tardes en buscarla, hace mucho que te espera.

Así termina este sueño, que durante tanto tiempo se me ha repetido. Ante  una experiencia onírica de estas características, el único remedio, es realizarla y darle vida; pero como soy y siempre he sido muy pobre, tuve que esperar mucho tiempo, hasta  que las condiciones fueran propicias para realizar tan largo viaje.

Supongo que no es necesario comentar, que mis deseos por ir a Sudamérica, fueron aumentando con el paso del tiempo y que si no lo hice antes, sólo se ha debido a que durante toda mi vida, mis recursos económicos, siempre han sido lamentables; pero como dice Paulo Coelho, cuando verdaderamente deseas algo, el universo conspira contigo para conseguirlo.

Pasaron muchos años desde la primera vez que soñé lo que acabo de narrar, hasta que en Septiembre de mil novecientos noventa y cuatro, conocí en Alicante, a una persona muy significativa en mi vida, mi queridísimo amigo Roberto. Pasó poco tiempo, para que Roberto, ya no me tratara como a un paciente con problemas de ácido úrico, sino como a un amigo. Yo también dejé de tratarle como médico naturista. En muy poco tiempo, mis dolencias disminuyeron y al cabo de menos de un año de sana dieta, el ácido úrico, quedó reducido. En la actualidad, sigo sus consejos sobre alimentación y  tras catorce años, la salud es lo único de mí mismo, de lo que no puedo quejarme.
Con mi amigo Berny,  hijo de Sergio en Catamarca
Durante las vacaciones de navidad de aquel año, regresé a Alicante para visitarle. Hablar con Roberto, aparte de ser muy didáctico, es conversar animadamente durante muchas horas. Una noche mientras cenábamos  me presentó a Arián que desde Madrid, casualmente, también había llegado de visita. No tardé en darme cuenta que más que casualmente, la llegada de Arián era algo que tenía que ocurrir, era más que casual; causal.

Ambos teníamos interés en que Roberto, nos hablara sobre nuestras respectivas cartas natales. Aunque  en ese tiempo, aún no consideraba seriamente estas cuestiones, la verdad es que estos temas esotéricos, me llamaban la atención y siempre  he sentido respeto por ellos.

Nunca había hablado con nadie sobre mi repetitivo sueño del barco, por eso mi sorpresa fue muy grande cuando Roberto, con mi ficha cosmobiológica sobre la mesa; comenzó a interpretar planetas, casas, grados, conjunciones y demás componentes de mi carta. Todo lo que me contaba, me parecía muy interesante, pero mi asombro llegó, cuando me dijo que en mi anterior vida, segunda mitad del siglo XIX (época de los barcos de vapor), casi con toda seguridad yo había sido un marinero infatigable, posiblemente capitán de barco. Como es natural, pensé en una posible relación entre mi anterior vida y mi sueño. Todo se me antojaba muy complejo, necesitaba meditar, poner en orden las sensaciones que como dubitativos zumbidos, daban vueltas y más vueltas en mi mente.

Comenté abiertamente mis ansias por ir a Sudamérica y desde aquella noche, entre los tres, trazamos  planes para viajar en cuanto pudiéramos. Roberto, como buen argentino, natural de Córdoba de la Nueva Andalucía (ciudad que allí también es conocida como Córdoba la Docta), nos comunicó que si íbamos a su país, en muchas ciudades de varias provincias, tendríamos sitio para alojarnos, pues su familia es muy numerosa y está repartida por muchas ciudades. Debo recordar a quien esté leyendo, que allí una provincia, es como en España una comunidad autónoma y que la superficie argentina es casi siete veces la española. Ocho años  más tarde, tanto Arián como yo, pudimos disfrutar de la amable hospitalidad de los familiares de nuestro común amigo. Esa memorable noche, seguimos conversando hasta el amanecer; ya no había marcha atrás, sino aprovechaba  la sincera e inestimable ayuda de mi entrañable amigo, sería muy difícil realizar mi sueño. Hay oportunidades que  son únicas  en  la vida, como la que nos ofrecía Roberto.

Siempre que puedo, al menos una o dos veces al año, sigo visitándole, pero más que como médico, como amigo. Durante esos años decidí ahorrar dinero (todos mis amigos saben que vivo casi con lo imprescindible), iba muy poco al cine y compraba menos libros y mucha menos ropa; también me puse de acuerdo con los compañeros, para no disfrutar de vacaciones, pues para viajar por varios países del otro lado del Atlántico, necesitaría como mínimo tres meses. Arián por otro lado, hacía lo mismo, estaba firmemente decidida a formar parte de un reducido grupo de amigos que viajaríamos a Sudamérica.

Pasaron algunos años y a finales del verano del año dos mil uno, Roberto ya había concretado en distintas ciudades de Argentina, reuniones de yoga, cosmobiología y feng shui a las que estábamos invitados. Por pura devoción, me ofrecí para ofrecer reuniones sobre historia, teoría y práctica de ajedrez. Aparte de todo esto, hubiera dado la vida si fuera preciso por ver las Cataratas de Iguazú, así como por llegar atravesando Los Andes hasta el Pacífico; al otro lado del continente.

Quedaba menos de un año para viajar, yo estaba doblemente contento que marcháramos al verano siguiente, pues eso significaba que allí, sería invierno. A los que como a mí, no les guste el verano, os sugiero que paséis uno de ellos en Sudamérica, pues la sensación térmica deseada, como es natural se prolongará considerablemente.
Duelo en el Paraná con  Arián  en Corrientes
El verano del año dos mil uno, fue en cierta forma muy esclarecedor para mí. Recuerdo que regresábamos ya de noche, Arián y yo, de la cercana localidad de Tibi, habíamos recogido muchas almendras, cerca de la casa de nuestra amiga, Cristina. El hambre, después  de  toda  una  tarde de  recolección, se  hizo sentir de forma súbita. Al llegar a casa de Roberto, nos esperaba una suculenta cena y  por supuesto, tras dar feroz cuenta de los exquisitos manjares de la comida ovo-lacto-vegetariana, comenzamos entre cafés y mates, nuestra nocturna  tertulia. Sentí que debía contar a mis amigos de forma abierta, y con todos los detalles; el sueño que tantas veces durante tanto tiempo, como una constante súplica, muchas noches acudía a mi mente. Cuando acabé de contarlo, Roberto me dijo que al día siguiente, me comentaría la razón por la que varios países, convergían en el espacio geográfico donde el barco debería atracar. Esa noche muy de madrugada, nos retiramos a dormir, descansé hasta por la tarde. El sueño había sido a la vez que  reparador, muy simbólico. El muy astuto y sabio Roberto, me indujo con mucha habilidad (creándome  un misterioso interrogante), a repetir por enésima vez mi viejo sueño. Al reflexionar antes de dormir, no supe el motivo por el que Roberto, no quiso decirme hasta el otro día, cuál era la enigmática zona dónde podría encontrar la oculta dama negra de ajedrez. De nuevo tuve el mismo sueño, pero esta vez, hubo una variante, un ligero cambio se produjo en el sueño.

Cuando camino por la cubierta para divisar los delfines, en lugar de las estridencias de la sirena del barco y los graznidos sofocantes de las gaviotas, una suave música de delicada flauta, parece acompañar mis pasos, hasta que escucho la misma voz de mujer:

-    Al otro lado del mar, hay una pieza exactamente igual que la que ha caído al agua. La encontrarás enterrada entre ruinas. No tardes en buscarla, hace mucho que te espera.

Desde que desperté, deseaba ver a Arián y a Roberto para contarles la novedad onírica de la música de flauta. Estaba convencido que era algo significativo, pero no sabía por qué, era  como si  un nuevo dato, me hubiese sido desvelado. Reinaba el silencio en casa de Roberto, fui a la cocina con intención de preparar seitán en salsa de tomate. No se me ocurrió otra cosa mejor para hacer tiempo. Necesitaba realizar alguna actividad física para distraerme, me sentía inquieto. Creo que al olor de la buena cocina (perdonar mi soberbia), Arián se despertó y poco más tarde también lo hizo Roberto. Estaba ansioso  por  hablar y por preguntarle a mi amigo, qué lugar de Argentina creía  él,  que yo debía visitar para encontrar la pieza perdida. Me dijo que  contara primero el sueño y luego me diría el sitio que él intuía.

Al agradable olor de tres tazas de café (quien en este momento, esté leyendo está invitado), de la forma más precisa que pude, narré el sueño que acababa de tener. Al finalizar pregunté a Roberto si me diría el lugar de una vez por todas. Tanto Arián como yo, no tuvimos más remedio que reír, cuando con su habitual tranquilidad, el naturista, me contestó que me lo diría, después de oír un poco de música popular del noreste de su país.

La acogedora y suave música, parecía extender sus melodiosos tonos por toda la casa y en un momento preciso, sentí que me estremecía, una especie de corriente me electrizaba, erizando casi todos mis vellos. Sobrecogido y absorto, al fin pude decir.

-    ¡Ésa es la música de flauta con la que he soñado!

Mi sabio y buen amigo sonreía, Arián sorprendida me miraba con destellos de solidaridad. Roberto comentó.

-La flauta que has oído, se llama mimby, y es típica de la provincia de Misiones. Ahora te puedo decir con seguridad, la razón por la que sueñas con Argentina, Brasil, Uruguay, incluso con Paraguay. En la conjunción de esos países, vivían los guaraníes y en todos ellos, los jesuitas, construyeron las ciudades llamadas misiones y convivieron con los indígenas. El mimby, es una flauta que en algunas tribus, sólo tocaban las mujeres, creo que por eso la voz que oyes en tus sueños, es una voz de mujer; pero el ajedrez, no es típico de los guaraníes, por eso debieron llevarlo allí o bien los jesuitas, o personas que por solidaridad, apoyaron su causa.

Después de meditar un rato, el erudito naturista, nos aconsejo sobre el mejor tiempo y la mejor ruta para llegar a Misiones. Continuó hablando. 
Kung Fu a muerte en Misiones con Arian
-    A principios de Agosto, cuando terminéis la reunión de feng shui en San Rafael (Mendoza), a través de las provincias de San Juan y La Rioja, hacia el norte, llegaréis a Catamarca y una vez allí, os reunís con nuestro amigo Sergio Sargentoní, que os esperará para acompañaros hasta Las Cataratas de Iguazú, en Misiones. Pasaréis por Tucumán, Santiago del Estero, Chaco, Corrientes y por fin, llegaréis a Misiones. Luego regresaréis con Sergio a Catamarca. Un viaje de cerca de cuatro mil kilómetros os espera.

Roberto meditó un momento y mirándome continuó hablando.

-    Los guaraníes, eran tan espirituales, que no necesitaban de ningún templo, ni de ninguna construcción para rezar. Opinaban que los dioses de la naturaleza, habitaban dentro de  ellos. Sus construcciones eran  chozas de materiales naturales que se desintegraban en la selva, por eso no quedaron restos de sus edificios. Si la dama negra de ajedrez, realmente está entre ruinas, estará en una de las construcciones de los jesuitas, en alguna de sus misiones.

Roberto, animándonos a Arián y a mí, comentó.

-    Disfrutaréis tanto de los paisajes, así como de la fauna y flora de las provincias por las que vais a pasar, que a pesar de los casi cuatro mil kilómetros, el viaje se os hará muy corto, tanto en la distancia como en el tiempo. Así que ya sabéis ¡a disfrutar!

Casi un año después de esta conversación,  me encontraba en Córdoba, había llegado antes que Arián. Esperaba a mi joven amiga en una famosa cafetería de la docta ciudad, muy cerca de la casa de Norma, hermana de Roberto, cuya formidable hospitalidad, siempre estará grabada en mi corazón. Aún no había tomado mi café, cuando llegó Arián, aún era casi una adolescente y abrazándome gritó.

-    ¡¡¡ Rafutissssssssss!!!

Yo respondí.

-    ¡¡¡  Arianidussssssssssssssssss!!!

Apreciados lectores, allí dónde leáis la palabra café, debéis sentiros invitados, ya veis que no olvido las buenas costumbres.
Quiero agradecer a los amigos del pintoresco pueblo de Alanís, la inclusión de un relato mío en la revista de su simpática feria. Ya sabéis que para cualquier otra actividad ajedrecística, podéis contar conmigo. Me ofrezco voluntario para lo que queráis. Disfruté mucho con vosotros comentando partidas.
Descansando bajo el milenario algarrobo de Tilcara
También agradezco a mi amiga Alejandra, de Mar del Plata (Buenos Aires), sus acertados y constructivos comentarios sobre las tonterías que escribo; y por el interés con que las lee.

“El alma tiene ilusiones, como el pájaro alas. Eso es lo que la sostiene” (Víctor Hugo).

“El progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino, al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor” (José Ortega y Gasset).

“Siempre que puedo viajo, cuando tengo ganas escribo; espero que un día, o bien mis pasos, o bien mis letras, me digan quién soy” (Pido disculpas para el autor de esta frase).

Hacía casi un año que no nos veíamos, por eso el reencuentro fue muy emotivo. A los lazos tejidos por nuestra  buena amistad, también se unía la circunstancia de hallarnos muy lejos de España. Charlamos de muchas cosas, con la alegría y rapidez características de quienes tienen mucho que contarse. Daba la impresión que también Arián, fuese natural de Andalucía; hablaba y gesticulaba sin parar, como un torbellino de comunicación.

Poco tiempo tardamos en ponernos al día de lo ocurrido en nuestras vidas.

Después de pedir dos cafés con sendos alfajores rellenos de dulce de leche (en Argentina los alfajores son tortitas de harina de maíz), comenzamos a concretar el viaje con Sergio a las Cataratas del Iguazú.

Las ponencias sobre los temas relacionados con el naturismo, comenzarían el primer fin de semana del mes de Julio del año que corría (dos mil dos), y acabarían en un día significativo para mí, el ocho de Agosto del mismo año, coincidiendo con mi cumpleaños.

Cuando finalizaran las jornadas, nos encontraríamos en San Fernando del Valle, capital de Catamarca, la ciudad desde la cual; iniciaríamos con Sergio nuestra particular expedición. Atravesaríamos todo el norte de Argentina desde el oeste, hasta el este.

Como era martes y no comenzaríamos hasta el sábado, aún disponíamos de unos días para conocer Córdoba y disfrutar de la entrañable hospitalidad de Norma y sus hijos. Esta familia siempre tendrá una parcela en los terrenos de mi pobre corazón.

Todo sucedió más o menos como habíamos previsto. Aprendimos muchas cosas, tanto de las distintas disciplinas a tratar, como de la idiosincrasia y costumbres de los habitantes que pueblan tan inmenso país.

La primera reunión comenzó en Miramar, cerca de la laguna de Mar Chiquita (Córdoba); el único lugar de Argentina, donde se puede admirar una puesta de sol sobre el agua. La segunda en San Rafael (Mendoza), precioso pueblo donde nos invitaron a visitar los Gigantes Rocosos, enormes piedras de impactantes tonalidades de color. Los juguetones ríos, Diamante y Atuel, acarician con acuosas cabriolas los enormes pies de estos pétreos monstruos. La tercera y última, fue en San Fernando del Valle (Catamarca), sus extensos bosques de cardones; produjo un auténtico gozo para nuestros ojos.

Contemplar estos bellos caprichos naturales, era para nosotros un regalo divino de la diosa naturaleza. En estos mágicos y emblemáticos lugares, se desarrollaron todas las actividades.

Disculparme los que aún estéis leyendo por desviarme del tema central de lo que quiero narrar. Mis recuerdos inevitablemente han evocado estos inefables parajes. Más tarde tuve ocasión de conocer más milagros de la naturaleza. Incluso estuve perdido durante dos días en una selva de Misiones, pero esa experiencia es muy larga de contar; quizás lo haga cuando los latidos de mi corazón vayan disminuyendo en ritmo y potencia.

Una extraña combinación de sensaciones sacudía mi alma. Por un lado quería que las reuniones terminasen cuanto antes, pues deseaba ardientemente llegar lo más rápido posible a Misiones, y por otro lado, al finalizar las concentraciones, tendría que despedirme de muchos compañeros que quizás no volvería a ver y esto unido a lo que aprendía con las ponencias; me producía una profunda tristeza. 
Arián y yo con los amigos de San Salvador de Jujuy, poco antes del concierto
Como todo tiene un fin, llegó la hora de la clausura. Todos los participantes estábamos congregados en el amplísimo patio de la casa de Sergio en San Fernando del Valle, sentados sobre anchos y largos listones de madera que hacían las veces de asientos. Las mesas  eran filas de tablas improvisadas sobre fuertes taburetes. A pesar del rústico aspecto de los asientos y de las mesas, todos nos sentíamos muy cómodos; no en vano mi amigo Sergio, es constructor de estructuras de maderas. Él mismo construyó su acogedora casa.

De pronto, creo que un ángel pasó por delante de todos. El silencio que se produjo, casi me asustaba. Segundos después, Sergio con una inmensa tarta de chocolate, cruzaba el patio dirigiéndose hacia mí.

Pasarán los años, pero el tiempo no  podrá borrar de mi memoria este emotivo recuerdo. Jamás olvidaré como más de cuarenta personas, en una ciudad muy lejos de mi recordada y querida Algeciras; entonaban en mi honor, el cumpleaños feliz. Soy incapaz de expresar la emoción y la gratitud que ahogaban mi corazón. No recuerdo si apagué las velas con el aire de mis pulmones, o con las lágrimas de mis ojos.

Tras la celebración nos despedimos de  los compañeros y pasamos  unos días con la generosa familia de Sergio. Recuerdo que la misma noche de mi cumpleaños, cuando acabamos de cenar, salimos  un rato al porche de la casa.

A pesar de que allí era invierno, la agradable temperatura de la noche invitaba a ver las estrellas y tomar mate al aire fresco. La luna estaba llena y esparcía su luminosidad por todo el patio. El límpido cielo de Catamarca facilitaba que las estrellas pudieran verse con magnífica nitidez y brillaban como inmensas ascuas de  fuego de rutilantes y diamantinos destellos.

Nos retiramos tarde a dormir. Las horas con Sergio, con Estela su esposa y con sus hijos, Berny y Paula; pasaban con rapidez, como transcurre todo lo  que nos resulta muy agradable. Permanecimos bastante tiempo conversando y contando chistes sobre argentinos y españoles y llegamos a la conclusión que tanto ellos como nosotros, somos iguales de brutos.

En efecto, aquel día fue vivido con mucha intensidad.

Esa noche me retiré a dormir con un placentero cansancio. Mi amigo Berny compartió el dormitorio conmigo. En mitad de las dos camas, una ventana circular de ingenioso cierre en correderas, permitía el paso del resplandor lunar a través de los cristales. Al trasluz se podían divisar las estilizadas siluetas de  los numerosos árboles que rodeaban la casa. Sobre la base inferior del curvilíneo marco de la ventana, me pareció ver una figurita muy parecida a la dama negra de ajedrez (que yo intentaría encontrar a ultranza), pero sólo era un juguete de cuando Berny era niño.

Pronto quedé profundamente dormido, pero antes del amanecer, me desperté lleno de inquietud. Tuve una fantasmagórica pesadilla, aunque no podría asegurar si realmente había sido un delirante sueño o una enigmática realidad.

Me pareció que la ventana del dormitorio, se desplazaba lentamente produciendo un leve sonido sobre los raíles por los que se deslizaba. Me levanté de la cama para cerrarla, pero no podía cerrar lo que ya estaba cerrado herméticamente.

A esas horas de la madrugada, la luna alumbraba como si de una gigantesca y esférica lámpara se tratase. Las tenues sombras de las cortinas se proyectaban sobre la blanca pared que se encontraba a poco más de un metro de mis pies. Podía ver con claridad los oscuros trazos que el resplandor de nuestro satélite natural, emitía sobre el tabique. Los rayos lunares, atravesaban la superficie de la ondulante cortina y yo me preguntaba cómo era posible, que estando cerrada la ventana, se moviesen unas colgadas telas de lino; porque dentro de la habitación, nada ejercía fuerza sobre ellas. Podría afirmar que al mismo tiempo que me planteaba esa pregunta, oía como si fuese un lejano lamento, el silbido del viento que se filtraba entre las hojas de los esbeltos lapachos.

Tenía la impresión que la luna quería distraerme con un siniestro espectáculo. Me pareció que ésta, deseaba invitarme a una función de misteriosas sombras chinescas. Por más que me esforzaba, no podía apartar la mirada del improvisado y plano escenario

Las sombras de las cortinas, comenzaron a ondular con mayor celeridad; parecían diminutas olas que se acercaban a la blanca y lisa orilla de un mar vertical. Tampoco podría precisar cuánto tiempo permanecí observando esos  sinuosos, móviles y grisáceos surcos; pero pude observar con claridad que éstos, cambiaban lentamente de forma.
Cerro de los Siete Colores, Purmamarca
De repente, el miedo me invadió y me atenazó por completo. Resultaba imposible levantarme de la cama, algo me lo impedía. Sentí que no podía desviar la mirada. Quedé inmovilizado y no podía hacer otra cosa que seguir mirando la pared. Era como si hubiera observado a la mitológica Medusa y ésta con su maligna mirada, me petrificara.

La luna continuaba proyectando más sombras. Intenté aguzar la vista para interpretar lo que esos haces negros, dibujaban ante mi absorta mirada. Repentinamente, sin emitir ningún sonido; la ventana se abrió. Un gélido viento enfriaba la habitación y las sombras de las cortinas desaparecieron dejando ante mí la blancura de la pared que semejaba ahora una pequeña pantalla de cine.

Quise saber cómo estaba Berny, quería protegerlo como a mí mismo; pero ese algo, continuaba impidiendo que me moviera. Sólo podía seguir mirando a la misma superficie plana y vertical que se elevaba a mis pies.

Nuevos e inquietantes trazos negros volvieron a ser proyectados. Entré en una especie de febril trance. Todo mi cuerpo vibraba, mi mente y mi alma se estremecían como si hubiesen sido sacudidas por una potente e invasora descarga eléctrica. Intentaba calmarme, procuraba controlar la respiración; pero estaba esclavizado a asistir con la mirada a otra espeluznante función de sombrías imágenes.

Ante mis ojos aparecieron sombras muy finas que salientes de una femenina cabeza, danzaban alborotadas por el viento. ¡Sí! los cabellos de una mujer, se mecían al antojo del dios Eolo. Transcurridos unos segundos (que me parecieron siglos), totalmente aterrado, pude oír una conocida voz que decía:

-    Cuando lleguéis a San Ignacio, tenéis que buscar la dama negra de ajedrez entre las ruinas.

Tan pronto como cesó la imperativa voz, todo quedó en calma y un sepulcral silencio reinaba en el dormitorio. Las sombras desaparecieron, ya no hacía frío y por fin pude moverme. Miré hacia Berny y éste dormía plácidamente. Me levanté pues no tenía sueño ni ganas de seguir descansando. Miré hacia la ventana y observé que seguía cerrada con igual hermetismo. A través de los cristales miré a la luna que seguía brillando con fuerza y oculta detrás de los lapachos, parecía un redondo espejo roto, cuyos relucientes cristales comenzaban a descender del cielo.

Nunca sabré con certeza si todo había una pesadilla, pero sí estaba seguro que lo ocurrido, tenía relación con el sueño del barco. También estaba convencido que cuando llegáramos a San Ignacio, intentaría hallar la dama negra de ajedrez entre las ruinas.

Me vestí y salí a la cocina, resultaba extraño que hubiera algo de luz en ella. Al abrir la puerta, otra vez quedé  preso del pánico. De espaldas a mí, una mujer de morenos y largos cabellos, estaba reclinada sobre la mesa. Se me erizó el vello de todo el cuerpo. La mujer se giró para verme y pude contemplar que también ella se  sobresaltó. Ambos nos miramos con miedo y de pronto los dos cambiamos de actitud y lanzando un gran suspiro, nos alegramos de volver a vernos. Se trataba de mi buena amiga Arián que estaba tomando mate. Me alegré más que si hubiese estado un siglo sin verla.

También ella tuvo una pesadilla. Me preguntó si me había ocurrido lo mismo. Le  comenté que no sabía si era un sueño lo que yo había tenido. Al contarle mi experiencia, me dijo que lo de ella había sido algo muy parecido. Me explicó que desde la ventana de su dormitorio, una voz de mujer, le decía:

-    Ayuda a tu amigo a buscar entre las ruinas de San Ignacio.

Arián me paso el mate que me supo muy bueno y reconfortante. Meditó un momento y dijo:
Con Marcelo y las dos Pamelas en Perico
-     Rafutis,  como no podía seguir durmiendo, he estado haciendo una lista de cosas que me gustaría hacer antes de partir hacia Misiones. Te leo lo que he escrito.

Mañana saldremos para la provincia de Jujuy. Conoceremos a los sobrinos de Roberto, Hugo, Marcelo y Pamela, que viven en Perico. Veremos el milenario algarrobo en Tilcara, el Cerro de los Siete Colores en Purmamarca, la quebrada de Humahuaca y con el resto de familiares de Roberto, asistiremos a un concierto de Tomás Lipán en San Salvador de Jujuy. ¿Qué te parece?

Pensativo pero  contento, respondí:

-    Me parece estupendo. Para eso hemos venido; para conocer personas y lugares; pero pasados tres días, al menos yo regresaré. Iré con Sergio a Misiones aunque sea lo último que haga.

Me levanté de la mesa y me dispuse a hacer café. La voz de Arián cargada con algo de enojo, sonó detrás de mí.

-    Yo también iré a Misiones, aunque sea lo último que haga. Tengo que ayudarte a encontrar la dama negra.

Me volví hacia mi compañera y deposité un fraternal beso sobre su cabeza.

Al día siguiente salimos para la provincia de Jujuy. Las enriquecedoras experiencias vividas en esta tierra, forman ya parte del querido museo de mis recuerdos. Tres días después regresamos a San Fernando del Valle y nos reunimos de nuevo con la familia de Sergio.

Pronto comenzaría lo que más deseaba. Pero esa noche antes de dormir, salí al patio, busqué en el límpido cielo catamarqueño a la luna. La observé unos instantes como si tratara de hablar con ella; le rogué que fuera benévola con nosotros. Me despedí deseándole buenas noches a nuestro cercano astro y mientras me dirigía al dormitorio; suspiré con alivio. La siempre misteriosa luna, ya estaba en fase de cuarto menguante.


Estimados amigos, allí donde leáis las palabras, mate o café, como siempre, sentíos invitados.

Ya sabéis los que me conocéis de hace tiempo, que Agosto es un mes en el que  procuro no escribir y si lo hago, o bien tiro o bien quemo el papel donde haya escrito. Así pues, como no voy a tirar el ordenador ni lo voy a quemar; me despido hasta septiembre. Deseo que paséis un feliz verano.

Que el sol nos sea benigno a todos y en sus rayos podamos colgar nuestras ilusiones para que germinen cuando lleguen a nuestro planeta.

FELICIDADES PARA TODOS

Por cierto, quiero terminar contando algo que me llama mucho la atención. Os  aseguro y os doy mi palabra de honor que es totalmente real. Arián que es de Madrid, vive ahora en Alicante, la familia de Sergio: Estela, Berny y Paula; que como sabéis, vivían en Argentina, también viven en la actualidad en Alicante. Supongo que no es necesario deciros el placer que me producirá verlos dentro de muy poquito tiempo.
Entre mi amigo Martín y yo, Tomás Lipán, cantautor y poeta Aimara, San Salvador de Jujuy
Mientras caminaba para ir al dormitorio, recordé la antigua leyenda china según la cual, la luna era aún más cálida que el sol y abrasaba a los humanos con sus calurosos rayos. Para liberarnos de este sufrimiento, un valiente héroe de descomunal fuerza, subió a la cima de una elevadísima montaña y arrojó al rostro visible del satélite un puñado de arena; cuando ésta se quemó, a la luna le salieron cicatrices muy profundas, que no son otra cosa que las sombras y surcos que hoy conocemos. Dolorida se alejó y dejó de calentar con tanta fuerza.

Pero esa noche, yo la sentía más como una amiga que quería comunicarme interesantes secretos, que como una enemiga que intentara asustarme. Me sentía muy contento ¡por fin mañana saldríamos para Misiones! Volví de nuevo la cara hacia la diosa Selene, y solidario por sus cicatrices, lancé un tierno beso a su humillado rostro.

Tarareando entré en la casa de Sergio; aún resonaba en mis oídos la fuerte y poética voz de Tomás Lipán y yo con suma torpeza interpretaba la popular canción, Mi Luna Cautiva. Al llegar al umbral de la puerta, para no molestar si dormían, guardé silencio. El ancho y corto pasillo, estaba en penumbra y al fondo, la luz de la cocina permanecía encendida. Una música de flauta de mimby se oía al fondo. Para mi tranquilidad, se trataba del disco que Arián y yo habíamos escuchado en casa de Roberto. Mi compañera se lo trajo y lo escuchaba con Sergio. Ambos me esperaban para hablar del viaje y tomar el último mate antes de dormir. Sonriendo, la madrileña me comentaba que acababa de comprender la razón de que mis amigos me tuvieran prohibido cantar. Sergio con un mapa ante sí, decía que tardaríamos unos cuatro días en llegar a Iguazú, pues había durante el trayecto muchos lugares interesantes que deberíamos conocer. Lleno de gratitud tomé el mate que me pasaban.

Para mi sorpresa, un repentino viento surgió de la nada, pues antes de entrar, la noche estaba muy tranquila. La ventana de la cocina se abrió dejando volar las blancas cortinas que como pequeñas velas de una estática carabela, se agitaban paralelas al suelo. Me encontraba frente a la ventana, fui a cerrarla y me pareció ver que una extraña silueta desaparecía en dirección a los dos columpios contiguos del patio. No pude comprender que fuera todo estuviese en calma y en cambio la ventana parecía tener vida propia, como donada por un enigmático aliento. Me senté junto a mis amigos y charlamos un rato antes de despedirnos.

Deseaba que Sergio supiera que Arián y yo, tuvimos un extraño sueño la noche antes de nuestro viaje a Jujuy. Nuestro hospitalario amigo, es un gran conocedor de temas relacionados con la cosmobiología, pues lleva muchos años estudiándola y practicándola. Le puse al corriente de todo, así podría ayudarme mejor. Sergio escuchaba con gran atención y en su mirada pude observar que me comprendía perfectamente, lo cual me tranquilizaba. Entre los tres mantuvimos la siguiente conversación.

Arián- ¿Sergio por qué crees que yo también he soñado o he oído a esa misma mujer de la que habla Rafa? La verdad es que ni él ni yo, sabemos con certeza si fue un sueño.
En algún lugar de Santiago del Estero, descansando y tomando mate
Sergio- Disculpad que me ría pero vosotros discutís tanto porque en realidad tenéis muchas cosas en común. Hay veces que las personas estando en el otro plano, esperamos que surja un momento oportuno. Quizás ese momento para esa mujer, es éste, porque ahora estáis los dos aquí. Por otro lado es lógico que si tú y Rafa, vais a viajar juntos hasta Misiones, entre los dos tendréis más oportunidades de encontrar esa pieza de ajedrez.

Rafa- Tú también vienes con nosotros, ¿es posible que esa desconcertante mujer (me resisto a creer que sea del otro plano), también a ti te involucre en esta historia?

Sergio- Cuando esa mujer (estoy convencido que es del otro plano), lo crea conveniente; me hará sentir su presencia y me hará participar. Desde ahora os aconsejo que pase lo que pase, no os asustéis. Todo lo que ocurra sobre la comunicación, sea del plano que sea, debemos de aceptarlo como algo natural; algo que de vez en cuando sucede sin explicación aparente.

Arián- Intuyo que lo que Rafa y yo tengamos que hacer, no acabará en Argentina. Ese sueño que él tiene en el puerto de Algeciras, sitúa a su pueblo como un nexo o como un eje comunicativo. Tengo la sensación que esta misión (que seguro la resolveremos entre los tres), tiene mucho que ver con las dos orillas del Atlántico. No conozco a nadie que ame tan profundamente el ajedrez como el cabezota del Rafa, él tiene la culpa de todo esto.

Reímos y tomando mate, continuamos charlando.

Rafa- Lanzaré una pregunta, por favor responderla como queráis. Supongamos que esa mujer nos ha elegido para que realicemos algo que ella no puede hacer desde el otro plano, por carecer de la parte física. ¿Por qué no nos dice de forma clara y concisa., dónde, cuándo y cómo, quiere que hagamos lo que ella desea?, ¿no sería de esta forma, más fácil para todos?

Arián- Siempre te excedes en todo Rafa, has hecho dos preguntas en vez de una. Estoy convencida que esa mujer, conforme pasen los días, nos irá aportando nuevos datos. Creo que las cosas del otro plano (no sé por qué razón), nos son reveladas lentamente, quizás porque no estamos preparados para asimilarlas con naturalidad y rapidez.

Sergio- Supongo que todo en el universo, va evolucionando y el ser humano (a pesar de las barbaridades que hace), está sujeto a las leyes naturales de la evolución. Desde este punto de vista, para que estemos alertas e intentemos usar la emoción y la mente; las cuestiones del otro plano, casi nunca son transmitidas sin que nos esforcemos por comprenderlas. De la misma manera que un profesor de ajedrez, por ejemplo, propone ejercicios a sus alumnos, para incentivar el desarrollo de las ideas ajedrecísticas; así se aprende mejor que si el alumno no tiene necesidad de esforzarse. Si en este plano, son pocas las cosas que nos resultan obvias, en el otro debe suceder lo mismo.

Rafa- Estoy de acuerdo con vuestro planteamiento, pero ahora me surge otra duda, y es la siguiente; ¿para esa mujer es más importante nuestro desarrollo evolutivo, o que consigamos encontrar esa pieza de ajedrez? Y también me preocupa otra cuestión; ¿en el caso que encontremos la dama negra, qué tendremos que hacer con ella?

Arián- ¡Rafa para, descansa un momento! deja que los acontecimientos vayan transcurriendo. Ya iremos resolviendo todos los interrogantes conforme vayan sucediendo. ¿Merece la pena preocuparse por lo que ni siquiera sabemos si va a ocurrir?

Sergio- Estoy de acuerdo con Arián, estemos atentos sin preocuparnos; incluso si es posible, disfrutemos como si estuviéramos resolviendo un complejo e interesante problema de ajedrez. Esto es como una partida cuyo objetivo, no es dar jaque mate al rey, sino encontrar una dama.

Rafa- Me habéis convencido, lleváis razón; intentaré relajarme y no preocuparme demasiado porque además de ingrata, es inútil la preocupación. Lo malo es que no gano para sobresaltos.
Contemplando el horizonte desde las ramas, San Fernando del Valle, Catamarca
Sergio- Creo que debemos irnos a dormir e intentar descansar lo mejor posible. Tenemos mucho tiempo y mucho camino por delante para hablar de estas cuestiones. Saldremos mañana después de desayunar.

Antes de retirarme a dormir, miré por la ventana de la cocina, me pareció que algo se movía cerca de los dos columpios del patio. Salí fuera de la casa, me acerqué a los móviles asientos de madera, que estaban quietos a pesar que yo había oído algo parecido a un leve chirrido, como si las cuerdas de las que colgaban hubiesen lanzado al aire un tenso y suspendido suspiro. No se movía nada, la noche nos regalaba una oscura y total tranquilidad. De pronto observé algo que me inquietó, sobre unos de los asientos del columpio, como un diminuto testigo de mi desasosiego, apareció ante mi vista el juguete parecido a la dama negra, con el que Berny jugaba de niño. Me sorprendí porque no era ése el lugar donde debiera estar esa figurita, a menos que hubiese más de una. Decidí recogerla y colocarla sobre la base inferior de la ventana del dormitorio, así de paso comprobaría si la figurita era única de momento.

Me dirigía al dormitorio, cuando me pareció que detrás de mí, una presencia se balanceaba en uno de los columpios, también me pareció oír un suave risa que no sé por qué motivo, me pareció tan familiar como olvidada. Sentía que se me erizaba la piel, nada de lo que ocurría, tenía sentido. Sin saber cómo, me arme de valor, me detuve, me volví sobre mis pasos y recordando las tranquilizadoras palabras de Sergio, miré de nuevo hacia los columpios. Nada se movía, era como si el tiempo y el universo se hubiesen detenido. Observé los árboles y ni siquiera una nerviosa hoja se mecía, la calma era total. Sólo la imaginación o la autosugestión, podían ser los autores de mi anterior percepción de sonido y movimiento. Tomé conciencia que debía descansar, apresuré mis pasos al dormitorio y en el pasillo, una femenina sombra parecía venir hacia mí. Me alarmé, sentí miedo, pero la sombra era de Arián que había recogido su cuaderno de notas de la cocina. Cuando mi amiga sintió mi desconcierto, con amables palabras me dijo.

- Rafutis, duerme de una vez y descansa. Mañana por fin nos pondremos en marcha. ¡Buenas noches! ¡Buenas noches, que descanses Arianidus! Respondí.Berny dormía con envidiable placidez.

Pude comprobar que la impasible figurita, seguía estando en su habitual sitio, como una minúscula centinela que custodiara el dormitorio. Coloqué a su lado la que acababa de hallar en el patio, e inquieto por la inminencia de un largo viaje y pensativo por las recientes percepciones, intenté dormir. Recuerdo que el sueño iba venciendo a mi estado de vigilia y esa sensación, me producía un inusitado placer. Me relajaba respirando profundamente, intentaba que la espiración fuese más prolongada que la inspiración. Lo último que recuerdo es que comparaba el viaje que íbamos a realizar, con el narrado por Julio Verne en su inolvidable novela ”La vuelta al mundo en ochenta días”, pues atravesaríamos todo el norte de Argentina en el mismo sentido que gira la tierra, de oeste a este.

Desperté con renovadas energías y aunque no dormí muchas horas, me sentía exuberante. Aún no había salido el sol y con la tenue luz del alba, decidí dar un paseo por los aledaños de la casa. Todos dormían, me vestí de prisa y salí del dormitorio, pero antes de cruzar la puerta, miré al dúo de idénticas figuritas, y sólo había una de ellas. La que yo situé al lado de la habitual; extrañamente había desaparecido, pero ¿cómo y cuándo desapareció?, ¿dónde estaría ahora? Salí al patio. Una agradable brisa matutina refrescaba mis mejillas ayudándome a despabilar. Pasé delante de los columpios para abrir la verja y salir al campo. Atónito quedé al observar que la figurita que recogí por la noche, estaba ahora en el mismo lugar donde la encontré antes de dormir; sobre el asiento de uno de los columpios. Pensé que si ése era el lugar en el que el muñequito quería estar, que así fuese. Me dirigí a la rústica verja y de nuevo me sentí obligado a mirar a los columpios, aunque no había viento, sólo uno de ellos se movía exactamente igual que si una persona se balanceara, la figurita parecía disfrutar meciéndose con un enigmático vaivén. No quise pensar más, me sentía desbordado, notaba que fuese quién fuese la mujer del otro plano que quería comunicarse con nosotros, cada vez lo hacía con más intensidad.

Paseé un rato para hacer tiempo y desayunar con todos los amigos. No sé bien por qué razón, pero a pesar de todo, me sentía fortalecido. Para contemplar los alrededores y otear el horizonte, como un torpe orangután, trepé por uno de los muchos y fuertes árboles que rodeaban la casa. Poco tiempo después apareció Sergio que me llamaba diciéndome.

- ¡Buenos días, Rafa! Tenemos pan, café, mate, frutas, queso y mantecol para desayunar. ¿Qué te parece?

Contesté que me parecía maravilloso, que bajaba de inmediato.

Sonriendo, Sergio añadió.

- Por cierto, viéndote ahí arriba ya no tengo dudas de dónde descendemos.

Reímos de buenas ganas y yo contesté.

- De momento me conformo con poder descender de este árbol.
Al descender del árbol, pensaba en la ley de gravitación universal y deseaba que Newton estuviese equivocado, pues la caída podría ser de fatales consecuencias para mí. Afortunadamente el instinto de conservación activó los resortes necesarios para que la maquinaria del sentido común, me devolviera ileso al suelo. Mientras caminábamos hacia su casa, Sergio me comentaba que los jesuitas desde hacía varios siglos, sentían mucho respeto por el feng shui y que justo cuando Leibniz trabajaba sobre los números enteros binarios tan importantes en las computadoras actuales; recibió del jesuita Bouvet una copia desde China con una lista de los sesenta y cuatro hexagramas. Mi amigo me explicaba que los hexagramas son como representaciones de muchísimos estados de la naturaleza.

Todo esto ocurría hacia mil seiscientos ochenta y nueve, muchísimo  antes que el hombre inventase el primer ordenador. El sabio universal, Guillermo Leibniz reconoció inmediatamente en los hexagramas otra forma de representaciones binarias de los sesenta y cuatro primeros números enteros, desde el cero al sesenta y tres. Debemos tener en cuenta que según algunos autores, el cero se considera también un número  entero.

Disculpe quien esté leyendo en este momento, que me haya entretenido tanto con este tema sobre números y sobre todo por no haber invitado aún a café; pero me parecía muy interesante lo que Sergio me comentaba. 
Con Arián en las orillas del Paraná
Yo pensaba que sería de gran interés conocer la forma de construir de los jesuitas en armonía con los guaraníes. Decidí observar cuando llegara a las ruinas de San Ignacio, en qué forma con respecto a los puntos cardinales y a la naturaleza en general, estaban orientados sus edificios. Estaba convencido que al igual que ahora hacen muchos arquitectos, respetarían los principios básicos del feng  shui.

Desayunamos todos juntos, estábamos contentos y emocionados y como no somos muy delicados para comer y todos en la familia de Sergio, son buenos cocineros; dimos rápida cuenta de tan exquisitos manjares. La furgoneta de trabajo de Sergio, sería nuestro medio de transporte, un vehículo amplio y cómodo, donde viajaríamos tres personas, algunos bolsos de viaje, una tienda de campaña y los utensilios necesarios para un itinerario tan largo.

Cuando acabamos de desayunar, nos despedimos de Estela, Paula y Berny y con un mate para comenzar el viaje, entramos en la furgoneta. Sergio puso en marcha el motor y  súbitamente me asaltó un extraño pensamiento. Mi amigo, me preguntó qué ocurría; respondí que me disculparan un momento, que me esperasen unos segundos, que había olvidado algo. Salí apresurado de la furgoneta en dirección al columpio, y aunque ni la más mínima brisa soplaba en el patio, el columpio donde estaba la figurita, seguía balanceándose con el mismo ritmo que por la mañana. Cogí la figurita y decidí llevarla conmigo, no me di cuenta en ese momento que no había pedido permiso a Berny, contaba con su aprobación, además el tiempo apremiaba y no quería hacer  esperar a mis compañeros de viaje. Cuando volvía a la furgoneta, me pareció oír unas lejanas y extrañas notas de flauta, me giré para mirar en dirección al columpio; algo se movió rápidamente entre la vegetación. El columpio, como liberado de una misteriosa energía; quedó totalmente inmóvil.

Paulatinamente sentía que estas inauditas sensaciones que estaba experimentando, comenzaban a ser casi familiares para mí, no sabría explicar el motivo, pero quizás sea cierto que a todo terminamos acostumbrándonos. Posiblemente si de alguna forma nos comunicamos con vidas del otro plano, el proceso no sea igual para todos; intuía que alguien (quizás una mujer que conocí en una anterior vida), había elegido en especial para mí, esta forma de proceder. Hay veces que oscilo entre el mundo emocional y el mental en muy poco tiempo, y a veces no sé si pienso o siento. Creo que debido a mi torpeza y confusión, la lentitud era el ritmo que la persona del otro plano; había elegido. Pero yo percibía que en los últimos días, estas enigmáticas experiencias se sucedían con más celeridad.

Al subir a la furgoneta, meditaba sobre cuestiones contrarias entre sí. Recordaba lo que Sergio me comentó sobre Leibniz, y unos minutos antes, mientras caminaba por las ramas del árbol para bajar al suelo, medité acerca de las teorías de Newton. Como sabemos estos dos sabios, se enemistaron con graves acusaciones, porque los dos desarrollaron cada uno por su cuenta temas importantes sobre el cálculo diferencial y los dos lucharon por la paternidad de tan importantes hallazgos. Después se supo con total seguridad, que aunque de distinta forma, llegaron a las mismas conclusiones matemáticas sin que hubiera plagio por ninguna de las dos partes. Sergio también dijo algo referente a ese antiguo país llamado China. Curiosamente esta asiática nación, es la antípoda de Argentina y de alguna manera al menos para los  jesuitas, parecen muy cercanas, pues en ambos estados con sus misiones, armonizaron socialmente con sus habitantes. Pensaba también en la diferencia esencial entre la vida y la muerte con respecto al espíritu humano y por más vueltas que  deba al asunto, no llegaba a una clara conclusión. Intuyo que la naturaleza, nuestra verdadera creadora; de la que todos somos hijos (aunque la dañemos), no entiende de dualidades ni de dificultades y siempre encuentra al menos un camino para realizar milagros. La naturaleza es una vital integradora de todos los aspectos del universo.

 Y  de pronto… no me pude contener, exultante de alegría lancé un alocado grito de liberación y felicidad ¡¡¡ a las cataratas  a  misiones!!!

Mis dos amigos también irradiaban alegría y sus risas atronaban como si se tratase de las carcajadas de dos locos y contentos ogros. El aroma del mate con un poco de café molido y miel que Arián preparaba, aplacó un poco las risas y aguzaba nuestros sentidos; incluso la furgoneta parecía feliz avanzando con buen ritmo por las rectas, despejadas y abolladas carreteras tan típicas en toda Argentina. Como a Sergio le apasiona conducir, Arián y yo nos turnábamos para hacer mate y cambiábamos  de asiento según quisiéramos descansar o admirar tan impresionante paisaje. En realidad durante casi todo el día, permanecíamos en los tres asientos delanteros; de vez en cuando Arián sustituía a Sergio para conducir y aunque era fácil hacerlo con tan fluido tráfico (una vez fuera de la ciudad, apenas veíamos ningún vehículo) y a pesar que tengo permiso para hacerlo, me abstuve.
 A través del parabrisas y de las ventanas laterales, sentía que todo lo que podía abarcar con la vista me embelesaba, tenía la sensación que un universal divertido e incansable mago, hacía encantamientos con todos los elementos naturales que veía. El colorido de la vegetación, era tan intenso como variado, imaginaba que un cósmico malabarista, hubiera lanzado a los cuatros vientos la paleta de un divino y loco pintor y los colores hubiesen caído justo en las hojas y las flores de toda de la flora que nos estaba maravillando.

Siempre que entre nosotros se producía un espacio de silencio, era porque intentábamos  concentrarnos  para disfrutar de cada instante del presente; pasado y futuro sólo eran las dos márgenes del río vital por el que ahora circulábamos. Tan pronto cantábamos, conversábamos o callábamos y no eran más que tres formas distintas de manifestar la intensa emoción que compartíamos. La alegría era de tal magnitud que mis amigos no reparaban en lo mal que canto. Incluso la figurita parecida a la dama negra de ajedrez que recogí por la mañana y que coloqué delante de mí en la guantera de la furgoneta; parecía viajar muy feliz.

La gris y mal cuidada carretera, siempre parecía converger en un perdido y alejado punto del espectacular horizonte. Atrás quedaba Catamarca y atravesábamos la vecina provincia de Santiago del Estero. Habíamos decidido parar en la próxima gasolinera, para descansar un poco y tomar café.

(Aprovecho para invitar a la amable lectora o lector, que en este momento esté leyendo).

Los plumajes de la  enorme diversidad de aves de esta nueva provincia, esmaltaban con múltiples tonalidades cromáticas tanto los árboles que íbamos dejando detrás, como el cristal del cielo que nos protegía. Asombrados observábamos acá y allá a ambos lados de la carretera, la rica variedad de la fauna y flora de las charcas o esteros que dan nombre a esta norteña provincia. Las flotantes islas vegetales llamadas camalotes, parecían navegar cargadas de vida hacia una azarosa deriva. Los caranchos dominaban los espacios aéreos y de cuando en cuando al bajar de las bien oxigenadas alturas, parecían tripular las balsas construidas por estas gramíneas plantas. Todo era vida y belleza a nuestro alrededor.

El reparto de tareas a realizar era muy sencillo y divertido, un día nos tocaba a uno de los tres, hacer la comida cuando acampáramos, a otro fregar todos los utensilios necesarios para tal efecto y al otro le correspondía hacer lo que le diera la gana.

Un deteriorado letrero, casi ilegible por la acción de la intemperie; nos indicaba que faltaban  pocos kilómetros para llegar a una gasolinera. Cuando llegamos al amplio terreno que ocupaba la gasolinera, llenamos el depósito de la furgoneta y paseamos con tranquilidad para estirar las piernas y sin prisas buscamos la cafetería. Sentados ante tres tazas de café y el mismo número de alfajores de maíz, recuerdo que más o menos tuvimos esta conversación.
¡ Por fin llegamos a Misiones !
Arián- Rafutis me llamó la atención que esta mañana, salieras de la furgoneta y te volvieras para recoger esa figurita, ¿por qué razón te la has traído?

Rafa- Pues la verdad es que no lo puedo explicar de forma razonable. Simplemente en el último momento, intuí que nos ayudaría de alguna manera a encontrar la dama de ajedrez. Pero repito que sólo es una intuición, de todas formas será como una especie de mascota para mí. Espero que no os disguste que la haya traído.

Arián- Está bien que viaje con nosotros, me gusta más la cara de esa figura que las vuestras, que sois dos feos de campeonato.

Sergio y yo reímos de buenas ganas y como entre él y yo teníamos la complicidad amistosa de resaltar el acento madrileño de Arián, mirándola le contestamos los dos a la vez.

-“Essssta   niña   essssssssss   demassssssssssiado para nossssssssotrosssss”.

Nuestra joven amiga, nos miró y no tuvo más remedio que unirse a nuestras carcajadas. Pero como la conversación iniciada tenía cierta seriedad, decidimos calmarnos para continuarla.

Sergio- Creo que esa intuición que tuviste en el último momento, quizás sea una orden de tu  inconsciente. Creo que trajiste la figurita porque de alguna manera sabes, que mediante determinados objetos que han pertenecido o han usado las personas que ya no viven es nuestro mismo plano; se comunican mejor con nosotros. Es decir que la figurita hace las veces de un extraño transmisor, esto es debido a que la energía de la persona del otro plano, aún permanece en ese objeto y a través de esa energía la comunicación es más fluida.

Rafa- No sé nada de estas cuestiones esotéricas, ni de extrañas comunicaciones, ni de enigmáticos transmisores; sólo sé que esta mañana, sin motivos aparentes sentí una necesidad imperiosa de recoger la figurita; eso es todo. Pero me alegro saber que puede ser útil para comunicarnos con el otro plano, porque cuanto antes encontremos esa pieza de ajedrez, mejor será. Hace ya días que algunas cosas  que veo  y que  oigo, no me parecen normales y sé que no van a ceder hasta que en las ruinas jesuitas de San Ignacio, hallemos esa dama negra.

Arián- Mejor será que nos acostumbremos, a sentir esas percepciones como normales, porque también a mí me suceden cosas extrañas. Esta noche he soñado que paseaba por el patio de la casa de Sergio y una mujer parecida a una indígena de no sé qué lugar (creo que es guaraní), mientras se balanceaba en el columpio, me decía.

-De nuevo te pido que ayudes a tu amigo, mientras visitéis las ruinas, no te apartes de su lado.

Después de decirme esto, desapareció de pronto entre las plantas que hacen de valla. Esta mañana cuando he visto que Rafa, miraba extrañado hacia esa misma dirección, comprendí que esa mujer, de alguna forma seguía estando en el mismo lugar que en mi sueño.

Acaricié la cabeza de Arián, agradeciendo su entereza y su ayuda y le pedí perdón. Me sentía culpable de lo que estaba pasando.

Sergio- Pienso que esta experiencia debemos vivirla disfrutándola, no debemos temer nada. Nada malo puede ocurrir, es algo que debemos  hacer  y puesto que hemos de hallar algo que está oculto por ahora, lo mejor es hacerlo con buen ánimo. Así que gocemos del viaje y brindemos por nosotros.

Rafa- Creo que es lo mejor que podemos hacer, disfrutar de la buena compañía, y de este viaje en plena naturaleza. Por mi parte haré todo lo posible para que así sea, además es muy fácil conseguirlo; la alegría que me produce compartir este viaje con vosotros; es una constante en mí.

Sonriendo terminé diciendo.

-  Quiero que sepáis que prefiero alterarme debido a la felicidad, que por problemas de agateofobia.
Arián y yo en el Museo Geológico de Tucumán
Arián- ¡Vaya palabreja! ¡Qué te gusta decir palabras de ese tipo! ¿Ahora querrás que te pregunte por su significado no?

Los tres reímos y de puro contagio, no podíamos parar. Cosas tan simples como éstas, conseguían que riéramos con auténticas ganas. ¡Qué poco cuesta reír y que poco ríe la humanidad!

-  Vamos Rafutis ¿qué es la agateofobia?

Rafa- Pues no es otra cosa que el miedo o la fobia a volverse loco.

Arián- Me alegro por ti, porque como ya estás loco de remate, ¿para qué te vas a preocupar?

Riendo y retomando el brindis que Sergio había propuesto, chocamos las tres tazas de café, lo tomamos y con renovadas energías salimos de la cafetería.

Es muy frecuente en Argentina que tanto el agua caliente como fría de las máquinas expendedoras, sea totalmente gratis; por esta razón es muy sencillo y cómodo recargar el  termo con agua caliente para el mate y eso hicimos antes de continuar nuestra ruta. Sergio puso en marcha el motor y pudimos observar cómo un tero, defensor de su terrestre nido, se puso en guardia como amenazando y advirtiendo que nos picaría si invadíamos la parcela que le pertenecía y que estaba dentro de una huerta contigua a la gasolinera. Nuestro amigo nos explicó que muchos hortelanos tenían estas aves en sus huertas, pues se alimentan de varias especies de animalitos que devoran muchas verduras. En particular este tero, se me antojaba como un ejemplar nacido para ser un verdadero centinela de hortalizas.

Continuamos el viaje y  unas horas más tarde, las nubes lentamente ocultaban el sol, la luminosidad disminuía por momentos, la lluvia avisaba de su inminente presencia con pequeñas gotas de agua que salpicaban el parabrisas. Decidimos aminorar la velocidad de la furgoneta y partir que pasaran tres horas, si todo transcurría con normalidad, buscaríamos un hotel o algo semejante para pasar aquella primera noche del viaje.

Un insistente y frío viento silbaba al entrar por la ventanilla que preferimos dejar sin cerrar totalmente. El parabrisas se empañaba con vaho, pero la habilidad y la pericia de Sergio sobre el conocimiento de su furgoneta, hacían que el vaho se difuminara. El ambiente era propicio para las confidencias, los tres sentíamos que todos meditábamos, que navegábamos por nuestra mente la cual se extendía en nuestro interior como si de un  mar de pensamientos se tratase. Callados y absortos en nosotros mismos, avanzábamos, los kilómetros se sucedían casi al compás que nuestras meditaciones. Pero sabíamos que no estábamos  tristes, más bien concentrados, casi en actitud de recogimiento para reflexionar mejor. Incluso la figurita desde su improvisado asiento de la guantera, parecía discurrir intensamente.

Las nubes pasaban como ovejas de grisáceas lanas por las frías praderas del cielo. Cuando tan etéreo rebaño desapareció, el sol continuó imperando por las celestiales dimensiones. De pronto todo volvió a relucir y ante nosotros un magnífico arco iris doble,  abarcaba con sus colores todo lo que alcanzábamos con la mirada.

No sé cuánto tiempo permanecimos inmersos en nuestros pensamientos, pero cuando la luz regresó advirtiendo a los faros de la furgoneta que ya no eran necesarios; no pude mantenerme más tiempo sin hablar y casi como si fuese necesario, dije a mis compañeros.

- Arián, Sergio ¿no os parece que alguien debe romper el silencio aunque sea con una tontería?

Entonces recordé un dicho argentino que dice: si tu palabra no es mejor que tu silencio, ¿para qué lo rompes?

 

Dos Cielos y Una Partida (I)

Entrañables amigos, como  en los últimos tiempos escribo poco (y menos que debería hacerlo, porque  tonterías ya tenemos  bastante), sólo me acuerdo de hacerlo cuando vuestras gentiles palabras,  me  alientan a  garabatear y luego a teclear de forma aún más torpe de la que escribo. De cualquier forma, siempre será un placer para mí, compartir  cualquier sensación  tanto humana como ajedrecística, con vosotros, por esta razón; aquí me tenéis de nuevo.

Aprovecho que estoy tecleando, para saludar  a todos los compañeros y amigos de cualquier ciudad, pero también a los  de Algeciras, Espartinas  y de la Casa del Ajedrez de Sevilla. Debéis  disculparme si nunca os envío saludos ni mensajes, ya me vais conociendo y sabéis que soy  torpísimo con las nuevas tecnologías (con las antiguas también), de todas formas, me acuerdo de los amigos mucho más de lo que demuestro.

Creo que en esta ocasión, nadie me preguntará si lo que voy a relatar; alguna vez ha ocurrido. Tampoco  me preguntaréis si tiene algo que ver con mi vida. Por si acaso, comenzaré diciendo aunque no sea verdad, que he tenido una pesadilla, una inquietud onírica, una preocupación casi tan enorme como mi ignorancia. Quizás  he soñado o imaginado que entrábamos en conflicto con otro planeta, con otro mundo; y nosotros  los ajedrecistas, debíamos salvar nuestra querida y mal gobernada Tierra.

Al despertar y volver a la realidad, he tenido la sensación que al otro planeta, lo cubre un cielo más sabio y protector que el nuestro.

“No hay hombre tan estúpido como para preferir la guerra a la paz ya que, en la paz, los hijos entierran a sus padres, mientras que, en la guerra, los padres entierran a sus hijos.” (Heródoto).

Yo añadiría a este pensamiento del admirado historiador, que quienes prefieren la guerra, no deben ser considerados como hombres. Casi dos mil quinientos años después de sus sabias palabras, los hombres (sobre todo los “poderosos” dirigentes), siguen haciendo guerras, segando vidas y continúan contaminando la naturaleza que les vio nacer.

Alguien debe decir: ¡basta!, pero ¿de dónde provendrá esa salvadora advertencia?

(Repito que salvo los muchos paseos al faro, este relato nada tiene  que  ver con la realidad; es pura y tonta ficción, pero…sugiero a los interesados en ufología que busquen en la red: LAS HUELLAS DEL FARO PUNTA CARNERO. Punta Carnero es el nombre del faro de mi ciudad.)

Quizás he soñado que volvía a Algeciras y que mis pasos se dirigían al faro, para contemplar una vez más, tan idílico paisaje. Era una cálida y lúcida tarde de principios de otoño; sentí deseos de caminar en solitario, por si me entraban ganas de gritar, reír o llorar, poder hacerlo tranquilamente.

Aunque he vivido en distintos sitios de Algeciras, comencé el recorrido hasta el faro desde la casa en que nací. Elegí la ruta de la vieja cantera, y desde allí continúe la marcha siguiendo en paralelo el curso del río Getares, que desemboca en la playa del mismo nombre y que debe su denominación a la antigua ciudad romana de Caetaria; parece ser que por razones filológicas, de Caetaria deriva el nombre de Getares. En dicha ciudad, los romanos fabricaban la famosa salsa de pescado llamada garum. Como de costumbre, la travesía era tranquila.

Cuando llegué al puente del Pícaro, lugar donde se bifurca el camino; me detuve un momento para observar las turbias aguas del río. Sobre una emergente piedra, una tortuga que tomaba plácidamente el sol de la tarde, parecía reinar altiva sobre su pequeño y pétreo imperio. El caparazón tenía tonalidades oscuras, me hizo recordar un extraño tablero de ajedrez. Deslizándose pausadamente por la piedra, el quelonio desapareció por las cenagosas aguas, de la misma forma que desaparecen a veces las posibilidades de mejorar en una partida de ajedrez y en la misma vida.

Sentí como si la longeva reina hubiera querido decirme: APROVECHA MEJOR LAS OPORTUNIDADES QUE LA VIDA TE OFRECE.

Crucé el puente dejando el río a mi izquierda y me encaminé hacia el faro por la angosta, estrecha y mal asfaltada pista que conduce hasta él. A poca distancia del puente, comencé a divisar la bahía de Algeciras, el mar estaba tan apacible que semejaba una enorme y líquida alfombra color turquesa. A medida que iba ascendiendo por la escarpada carretera, más y más fascinante era el paisaje; la vista desde la antigua ballenera, que se encontraba en ese momento debajo de donde yo estaba, era un hechizador lienzo de mágica geografía. Como era una tarde de poniente, en cuanto subiera a la cima del monte que da su nombre al faro, divisaría el continente africano; pues dicho viento que sopla desde el Atlántico, permite que la visibilidad sea muy nítida.

Cuando por fin llegué a la cumbre, agradecí al dios Eolo, la fresca brisa que me regalaba. África, encabezada por la vecina y querida ciudad de Ceuta se podía casi tocar, daba la sensación de estar muy cerca y asequible. Los edificios de “La Perla Del Mediterráneo” parecían flotar en el agua. A la derecha del ceutí monte Acho, ya en territorio marroquí, podía admirar la montaña de La Mujer Muerta. La coqueta y misteriosa isla algecireña de Las Palomas, parecía a los pies del monte, entre acariciadoras olas, una simpática ballena. Estuve un buen rato saboreando la dulce brisa, respirando hondo y extasiado por tan bellos parajes.

El sol parecía caer en el horizonte y comenzaba a proyectar las sombras de los occidentales montes. El faro custodiaba los barcos del Estrecho desde la mitad de la colina con su incesante e intermitente luz; semejaba un seductor y coqueto cíclope. El diseño del cilíndrico vigía, data del año mil ochocientos sesenta y cuatro; y dio la luz por primera vez diez años más tarde. Su constructor fue  el insigne Jaime Font. Bajo su luminosidad, allí donde acaba o comienza el Mediterráneo; todo parecía tranquilo y protegido. Cuando hube descansado un poco de la caminata, decidí bajar por las rocas hasta la orilla del mar. Ya me gustaría tener misma la habilidad que tengo para moverme por las piedras, que para jugar al ajedrez, pero ¿qué se puede esperar de un hombre que vive aún en la Edad de Piedra? Muy pronto llegué a la orilla y saltando entre las húmedas rocas, busqué un pétreo asiento donde disfrutar con todos los sentidos, de tan paradisíaco lugar

(Amables lectora o lector, si pensáis que me he olvidado de invitaros a café, casi llevaréis razón; pero me traje mi termo, lleno de tan gratificante bebida, así que si queréis compartirlo conmigo; será como siempre un placer).

 Recuerdo aunque no sé si soñaba que estaba soñando, que tomaba café mientras fijaba la mirada en las pequeñas y azules olas que avanzaban hacia el Mediterráneo. Tenía la vista perdida en el agua, como si me fundiera con la fluida y continúa corriente. Quizás meditaba sobre la posibilidad de la resurrección de la Mujer Muerta y la conmoción que este acontecimiento pudiera producir en todo el mundo.

De pronto, para mi asombro; allí donde miraba, las olas se detenían en una determinada superficie. La quietud y ausencia de movimientos, era total. Creo que tampoco podía sentir mi propia respiración. Todo permanecía inmóvil y en un círculo de unos veinte metros de radio, cuyo centro era el improvisado asiento sobre el que me hallaba; el tiempo, la vida, todo permanecía inalterable, y la luminosidad en esa área, adquirió una indescriptible tonalidad violácea. Algo en mi interior (quizás mi inconsciente), me advertía que lo mejor que podía hacer era relajarme y formar parte de ese pequeño y atemporal espacio.

Estaba absorto, como hipnotizado y poco a poco percibía que unas ondas de un intenso color verde, se dibujaba como un cromático y misterioso relieve sobre el mar. La forma de los haces de luz, semejaban un extraño tablero de ajedrez cuyos alternativos escaques, se tiñeran de tonalidades distintas en intensidad. El efecto óptico era indescifrable, creo que salvo los ojos de mi hija Sara; jamás volveré a presenciar un prodigio estético de tal magnitud. Quizás el faro fuese el único testigo de lo que estaba ocurriendo, y de repente, como si estuviese dentro de un invisible tubo de ensayo, toda la zona que mantenía su inmovilidad, se trasladó superficialmente al interior del Estrecho, justo en el centro entre el faro y las Columnas de Hércules.

Durante todo el trayecto recorrido a velocidad constante, allí por donde avanzaba el enigmático tubo; todo se paralizaba y cambiaba de color. La profundidad marítima en ese punto (suponiendo que los registros oceánicos sean correctos), era de aproximadamente un kilómetro. En un preciso instante, se dibujó un círculo, y por toda su longitud comenzaron a subir hasta el cielo las paredes interiores de un fabuloso cilindro de luz. Durante todo ese tiempo, no escuché ningún sonido de ningún ser vivo, ni del viento ni de las olas.

(Amable lectora o lector, para ver si me despierto de este sueño, por favor gritar la palabra: café).

Por todo el interior del cilindro, aparecieron representaciones de figuras y símbolos que yo desconocía totalmente, comenzaron a girar entre sí, mezclándose hasta crear una nueva imagen, y esa imagen, era un rostro muy conocido, y muy querido por mí; la preciosa carita de mi hija Sara.

En múltiples reproducciones, mi hija me sonreía y me hablaba como queriéndome tranquilizar, me decía que no tuviera miedo. Gritando, supliqué que se hiciera conmigo al revés del sacrifico que se le pidió a Abraham; quería que el puñal de la muerte se clavara en mi corazón, a cambio de la vida de ella. Durante unos segundos, una terrible angustia dominaba todas las células de mi cuerpo y todas las sensaciones de mi alma. Pronto me di cuenta que en realidad no tenía motivos para preocuparme, esas espantosas sensaciones, eran erróneas; cuando dejé de oír mis propios latidos, escuché una tranquilizadora voz que me dijo:

-No temas, nada malo va a ocurrir, queríamos regalarte unas queridas imágenes y sólo hemos conseguido aterrarte. Aún no sabemos cómo sentís los humanos; por favor discúlpanos.

Intentando calmarme, a duras penas pregunté. -¿Quiénes sois? , ¿qué queréis de mí?

Con el mismo tono de antes, la voz respondió - Somos del planeta llamado Ajedrezum y te hemos elegido para que organices una extraña pero muy importante partida de ajedrez.Tu planeta, jugará contra nosotros.

Ante semejante respuesta, quedé aturdido y atónito; no lograba comprender lo que estaba sucediendo. Meditando y midiendo lo mejor que podía mis palabras, pude decir. - Me llamo Rafael y soy el más miserable de todos los habitantes de La Tierra, no debo ni quiero representar a mis congéneres, además no tengo nivel ajedrecístico suficiente para competir con vosotros.

Apenas acabé de hablar, una amable figura humanoide, apareció ante mi vista. El extraterrestre se presentó diciéndome con meliflua voz que podía llamarlo Mensajerus; se me acercó y mantuvimos este diálogo:

M- Tu nivel de juego no es importante ni decisivo, sólo has de ser el coordinador de un grupo de cuatro ajedrecistas humanos, por tanto, constituiréis un equipo de cinco personas, el mismo número que nosotros.

R- Mensajerus, debes disculpar mi ignorancia, pero vuestra tecnología es muy superior a la nuestra, con toda seguridad ganaréis la partida; y entonces, ¿ qué ocurrirá con mi planeta?

M- Tranquilízate Rafael, es cierto que nuestra tecnología es más avanzada y muy superior a la vuestra y por otro lado también es cierto que nunca hacemos guerras entre nosotros y no contaminamos nuestra propia casa cósmica. Pero los agentes activos del universo, hicieron algo prodigioso. Cuando inventaron el ajedrez, consiguieron crear un lenguaje intergaláctico, más allá de nuestro sistema solar, otros habitantes se comunican mediante este divino arte .El ajedrez sigue siendo el idioma de la justicia, pues aunque te cueste creerlo, no hay una diferencia sustancial de niveles de juego entre los muchos planetas habitados. Precisamente porque los humanos juegan al ajedrez, nosotros aún sentimos algo de respeto por vosotros. Quiero decir con todo esto, que será una batalla ajedrecística justa, y en la cual nadie morirá.

R- Si jugamos la partida y la perdemos, ¿qué ocurrirá con nosotros?, dime también por favor, ¿significa mucho para vosotros que nos matemos entre los humanos y que contaminemos nuestra propia casa?

M- Si perdéis la partida, tendréis que someteros a nuestras leyes, no volveréis a regir vuestro planeta de la forma que lo hacéis, pero estas leyes y normas aún no están decididas. No quiero ofender contestando a tu segunda pregunta. En realidad, salvo que no entendemos vuestra inmensa imbecilidad; nos dan igual vuestras guerras y vuestra contaminación. Pero perdóname si ofendo, vuestros dirigentes están tan locos, que quizás algún día; destruyan y hagan polvo La Tierra, haciendo desaparecer su masa planetaria. Si esto sucede, los problemas derivados de esa catástrofe astronómica, son incalculables, pues afectará con toda seguridad a la gravitación general de nuestro común sistema. En caso que todas vuestras estúpidas bombas estallen a la vez, no se sabe qué puede ocurrir.

R- ¿Tu planeta está tan cerca, que la posibilidad de la desintegración terrestre, os puede afectar?

M- Nuestro planeta, está ubicado a la misma distancia del Sol que el vuestro y también gira a la misma velocidad y en el mismo sentido; pero se encuentra diametralmente opuesto; por encontrarse el Sol entre nosotros, aún no nos habéis localizado.

R- Si vuestras normas de conducta son correctas y buenas; ¿por qué no os comunicáis directamente con nuestros dirigentes? Supongo que podréis convencerlos y quizás sea lo ideal para todos.

M- Lamentablemente, no son tan fáciles los cambios conductuales de ningún dirigente; no obstante después de acabar la partida que tenemos pendiente, comunicaremos nuestras decisiones. Mientras tanto, ve pensando en los cuatro jugadores que llevarás contigo a Neutralium, el planeta donde se jugara la partida. Nosotros os trasladaremos hasta él. El equipo lo formarás según creas conveniente, podrá estar formado por jugadores actuales o de cualquier otra época, viajando en el tiempo, no habrá problemas para componerlo. Neutralium es un planeta parecido a La Tierra y a Ajedrezum, una vez allí, no necesitaréis nada especial que no tengáis aquí. Ahora te llevaremos de vuelta al faro y despertarás en la orilla. Dentro de poco tiempo, soñarás otra vez con nosotros y entonces nos iremos todos a Neutralium.

Poco después, desperté en la misma roca donde me había quedado dormido y lo último que recuerdo es que le dije a Mensajerus:

R- Así será, dentro de poco jugaremos la partida, bajo otro cielo. ¡QUE EL UNIVERSO NOS PROTEJA!
No sabía si soñaba, ni sabía qué ocurría; sólo estaba seguro de  que me encontraba en el faro, a orillas del confín del Mediterráneo, admirando los caprichos naturales de tan querido lugar.

Una suave brisa peinaba el agua con delicadas ondulaciones. El azul de la tarde, lentamente oscurecía su tonalidad, para dar paso a  la noche. Frente a mí, aún podía divisar la montaña de la Mujer Muerta; sobre la cual, una acariciadora nube, semejaba unos alborotados y sensuales cabellos.

La noche caía plácidamente sobre  la líquida planicie. Lentamente comenzaron a titilar las primeras  estrellas y yo seguía absorto en las maravillas de la naturaleza. La seductora Luna con su prestado reflejo, coronaba de luz las despejadas alturas y producía  una bellísima y dorada estela sobre el salado espejo del mar. Jamás la había visto rielar con tanta plenitud como en este sueño.

Durante unos días, había meditado sobre qué jugadores constituirían el equipo de ajedrez de nuestro planeta. Debía establecer algún criterio que me pareciera lógico e ideal, pero no era sencillo hacerlo. Tras mucho pensar, llegué a la conclusión de que sólo yo, sería la única persona que viviese en la actualidad; porque no sabía qué nos sucedería en el espacio exterior. Mensajerus, me parecía digno de confianza y esperaba de él, que fuese un embajador de la paz y de la justicia; pero en todo caso si sucediera algo no deseado, incluso si alguien debía morir, prefería que fuese yo, al fin y al cabo poco o nada se perdería. Por esta razón, os pido perdón a todos los genios actuales del ajedrez, si no formáis parte de nuestro equipo; que conste que no ha sido porque os haya olvidado.

Una vez establecido el primer criterio, pensé en una secuencia cronológica a fin de elegir a varios campeones mundiales, pero ¡sólo podía seleccionar a cuatro de ellos!   He pedido perdón a los maestros actuales, ahora pido comprensión a los del pasado. Equivocado o no, el grupo de jugadores que nos representaría, quedó constituido por los siguientes  ajedrecistas: Pablo Morphy, porque su genialidad transciende el tiempo, y en su dorada juventud, como una estrella fugaz, recorrió el universo ajedrecístico para deleitarnos a todos. Wilhelm  Steinitz, Enmanuel Lasker y José Raúl Capablanca, fueron elegidos, por ser respectivamente los tres primeros campeones mundiales de ajedrez y porque el legado que nos dejaron, es inestimable.
 
Morphy
Steinitz
Lasker
Capablanca
¡Morphy, Steinitz, Lasker y Capablanca!, seguro que también en Ajedrezum conocerían a semejantes astros de nuestro arte. Iría con ellos al fin del mundo y más allá también. Desde el principio, decidí llamarlos  por sus nombres de pila, no me gusta dirigirme a nadie por su apellido, por más insigne que éste sea; así que  familiar y algecireñamente, los nombraré así: Pablo  a Morphy, Guillermo a Steinitz, Manuel a Lasker y José Raúl a Capablanca, si con esta decisión, les falto al respeto; ellos saben que es debido al cariño que les tengo.

La reina de la noche, alcanzó su cenit, y atraía de forma irresistible mi atención. La cara de nuestro satélite natural, parecía sonreír con tal amabilidad, que  sus sonrisas fueron plenamente correspondidas con las mías. Sorprendentemente, de las sombras de sus  cráteres, cuatro fulgurantes haces de luz, cruzaron el negro velo de la noche, para acariciar la superficie del mar. Los rayos de luna, indicaban sobre el agua los puntos cardinales terrestres, formando cuatro resplandecientes caminos y por cada uno de ellos, pude distinguir cómo unas familiares y amistosas siluetas, se acercaban hacia mí. Desde el oeste, Pablo avanzaba con lento y alegre paso, desde el este,  Guillermo, hacia lo propio con decidido y pensativo caminar, Manuel que llegaba desde el norte, parecía pasear con  filosófica calma y José Raúl con latino ritmo, desde el sur, saludaba de lejos, daba la impresión que le agradaba reunirse con los demás compañeros.

 Mi emoción no tenía límites, se cumplió el deseo de componer este fenomenal cuarteto; pero pronto mi alegría quedó empañada por las sombras de las dudas. Como ya he comentado, Mensajerus, me transmitía confianza, pero si él había hecho lo pertinente  para que dicho equipo se pudiera formar, es porque adivinó mis pensamientos y de este modo, supo a qué jugadores  había convocado. Pensé que esta capacidad adivinatoria, sería un grave problema para nosotros; pues con antelación sabrían los jugadores de Ajedrezum, todo lo que pensaríamos; por lo que tanto ajedrecística como éticamente, estaríamos en clara desventaja. Debía hablar de esta cuestión con nuestro equipo y por supuesto con Mensajerus, si de verdad era un mensajero  justo; resolvería de forma  imparcial y convincente dicho problema.

(Amable lectora o lector, en muy poco tiempo, cinco personas, estaremos fuera de  este planeta (cosa nada excepcional para mí, ya que siempre estoy fuera de órbita), por esta razón, como aún me queda  café en el termo, quedáis invitados antes que nos dirijamos al espacio exterior).

Los genios llegaron todos a la vez y las correspondientes veredas luminosas por donde vinieron, por un sorprendente sortilegio; se transformaron en un círculo de aproximadamente dos metros de diámetro. Sobre la circunferencia, se elevaron cinco estilizadas torres ajedrecísticas en forma de asientos giratorios, dividiendo el círculo en el mismo número de sectores circulares de  setenta y dos grados cada uno. Una vez sentados, todos podíamos vernos y comunicarnos  con comodidad. Sentí que debía agradecerles su presencia y explicarles las razones por las cuales les convoqué.

Cuando terminé de dar las explicaciones, y de expresar mi eterno agradecimiento; como salido de la nada, apareció Mensajerus, el cual  nos acompañaría hasta Neutralium. Los asientos se deslizaron suavemente y apareció una sexta torre, el círculo quedó dividido en seis sectores de sesenta grados. Este oportuno momento,  lo aproveché para hablar conjuntamente, sobre el tema de la adivinación del pensamiento. Antes que Mensajerus hablase, Manuel se adelantó y me dijo que eso no era motivo de preocupaciones; que había una ley universal sobre cuestiones éticas para las partidas de ajedrez y que dicha ley; se denominaba Respetus Intimus y una vez reunidos para jugar, nadie podía ni quería violarla; pues los agentes activos del universo no lo permitirían. También me comentó que tanto él como los otros compañeros, reencarnarían en poco tiempo y que estaban al corriente de las evoluciones y novedades técnicas del ajedrez actual.

Les comenté a los presentes que, ellos habían sido seleccionados por mí; pero que yo formaba parte del equipo sin saber la razón, pues simplemente fui raptado de un sueño. Pregunté a mis compañeros para qué necesitaban un coordinador como yo, tan torpe y que no sabía nada sobre leyes interplanetarias. Guillermo argumentó que alguien con vida en este plano, era necesario en el equipo, pues aunque ellos seguían “vivos”, no podían materializar de forma física todo lo que pensaban y deseaban. No comprendí muy bien lo que quiso decirme, su explicación  me resultaba confusa, pero me pareció razonable. Cuando les comenté que yo simplemente era un triste títere para ellos, se echaron a reír. No me pude reprimir y dije en voz alta: - ¡vaya sueño, en qué lío os he metido!

Queriendo animarme, Pablo contestó: - Pienso lo mismo que Shakespeare, que las personas están hechas del mismo tejido  que  sus sueños; y tu sueño no es insignificante.

Agradecido y meditabundo, decidí callar para aprender y disfrutar de las conversaciones de mis compañeros. Desde el principio, supe que nos entenderíamos a la perfección, como si habláramos un idioma común de forma espontánea y natural y así sucedió; todos hablábamos y oíamos el mismo lenguaje. Cuando tomé conciencia sobre este tema, me alegré muchísimo, pues soy de los que opinan que la verdadera patria, es la que nos permite la comunicación con nuestros semejantes.

Mensajerus, aprovechó un momento de silencio, para anunciarnos que en unos segundos, comenzaríamos a desplazarnos hacia Neutralium.

Una misteriosa y bella línea de luz, rodeó el círculo donde estábamos sentados y cuando los asientos quedaron luminosamente enlazados; supimos que el viaje había comenzado. La velocidad era constante y en sentido ascendente. Mis geniales compañeros, disfrutaban con las bellísimas vistas nocturnas, cuando salimos de la atmósfera terrestre, las estrellas aumentaban su resplandor y creíamos que navegábamos por un mar de trémulas y gigantescas luces. El extraño vehículo que nos transportaba, avanzaba muy apaciblemente. Después de algún tiempo, advertimos que ya no ascendíamos, el artefacto volador, estaba siguiendo la imaginaria proyección de la eclíptica terrestre. De pronto me di cuenta, que había olvidado preguntar ciertas cuestiones sobre la partida, que me parecía necesario que supiéramos. Interrogué a Mensajerus preguntándole qué sucedería en función del resultado del encuentro con Ajedrezum. Mensajerus, tomó la palabra.

- Estimados ajedrecistas, como ya sabéis, no está en nuestra intención hacer ningún daño a nadie de vuestro planeta. Pero ateniéndonos a la ley llamada Consecuencium, en caso que ganáramos la partida, tendríamos autoridad para imponer sobre vuestros dirigentes algunos cambios en sus conciencias y formas de dirigir y gobernar. Naturalmente será difícil que acepten sin oposición nuestras normas, que podéis estar seguros, serán beneficiosas a la larga para todos. Si no las aceptaran, tendríamos que practicar varias abducciones y no desearíamos hacerlas.

Si por el contrario, sois vosotros los vencedores, entonces podríais aplicar sobre vuestros dirigentes, con ayuda de todos los planetas habitados, la ley llamada Perfectum, mediante la cual vuestra capacidad de convencer a los políticos del planeta Tierra, será irresistible; pero esta ley, solamente es aplicable para fomentar el ajedrez a gran escala, por eso nuestro planeta, incluso cambió su antiguo nombre de Guerrerum por el nombre actual que ya sabéis: Ajedrezum.

En caso que la partida acabe en tablas, disputaríamos una segunda, que de acabar  con el mismo resultado, pondría fin al encuentro y dejaríamos las cosas como están y nadie podría intervenir para realizar ningún cambio. Quisiera comunicaros que las abducciones, a veces acarrean graves trastornos tanto en el individuo como en su entorno familiar; por eso intentaríamos evitarlas, como os dije anteriormente.
 Ahora señores, con vuestro permiso debo ir a la cabina de control de la nave. Os deseo suerte en este viaje; volveremos a vernos en Neutralium.

Antes que desapareciera Mensajerus, le hice otra pregunta muy importante.

- ¿En Neutralium, también hay café?

Mensajerus esbozó una sonrisa y contestó.

- Caballeros no preocuparos por nada, dispondréis todas las cosas que normalmente tenéis en vuestro planeta.

Pablo, con inusitado sentido del humor preguntó a Mensajerus.

-¿Seguro que estando Rafael con nosotros, habrá suficiente café para todos?

La ocurrencia del genio de Nueva Orleáns, nos hizo reír a todos; por lo visto tengo fama de cafetero.  

Al desaparecer Mensajerus, los asientos volvieron ser cinco, y el círculo, volvió a dividirse en sectores de setenta y dos grados. La estancia en la que nos encontrábamos, no perdió su horizontalidad durante todo el  trayecto y desde todos los ángulos teníamos una magnífica panorámica.

Los ánimos del equipo y el ambiente general; eran buenísimos, todos disfrutábamos en esta aventura; y yo más que nadie. Embelesado, escuchaba con total atención las conversaciones de mis compañeros ¡cuántas anécdotas y cuántos chistes! Para mí, estar con ellos, era  un inmensurable tesoro de valor humano.

Hubo un momento en que notábamos, que la nave cambiaba de posición ladeándose hacia la izquierda en el sentido de la marcha, pero rápidamente mediante un sofisticado sistema de mantenimiento del equilibrio, recuperamos la perpendicularidad.

La oscuridad se hizo muy densa, tanto que casi podíamos palparla. Permanecimos callados durante un tiempo, la emoción era tan sublime, que casi podíamos oír los ecos del silencio. Tuvimos la sensación de que la nave aceleraba su marcha, pero no distinguíamos el cambio de velocidad. Teníamos la impresión de avanzar por un oscuro túnel, cuyas paredes estuvieran construidas con una extraña y sólida mezcla de oscuridad y silencio; nuestra respiración era algo forzada en ese  momento. En la dirección en la que avanzábamos, pudimos divisar cómo un punto blanco muy lejano, parecía acercarse a nosotros. Lentamente, ese punto  iba haciéndose más y más grande, era como si nos atrajera igual que un potentísimo imán. La oscuridad, iba cediendo paso a la luz, cuanto más nos acercábamos al foco luminoso, mejor podíamos respirar. Teníamos la impresión, de que el oscuro túnel que estábamos atravesando, era como un sideral vientre materno y sólo era el camino que nos conducía hasta Neutralium; como si en este desconocido  mundo, cinco ajedrecistas terrestres, vieran por primera vez la luz de un nuevo nacimiento cósmico.

Al llegar al astro anfitrión, Mensajerus volvió a saludarnos  y nos mostró amablemente las instalaciones que ya estaban dispuestas para nuestro equipo. Nos presentó a Optimus, uno de los organizadores del encuentro, para que contáramos  con  él siempre que lo necesitáramos.

Todo estaba  dispuesto  para comenzar la partida. Quise reunir a los compañeros para  cambiar impresiones y diseñar un método para decidir las jugadas. Pero  cuando iba a reunir al equipo… desperté otra vez en el faro de Algeciras y volví escuchar la voz de Mensajerus que decía:

- Dentro de poco tiempo, volverás a soñar con nosotros, instantáneamente estarás en    Neutralium. Te felicito por el fabuloso equipo que has reunido. Tus amigos y compañeros, te estarán esperando para comenzar la partida. ¡Hasta pronto!  … por cierto, comunica a tus amables lectoras y lectores que me gustaría a mí también, invitarles a café.
De nuevo quiero dar las gracias a todos los amigos de la página, por tan gratas opiniones sobre las tonterías que escribo.

A estas alturas, ya no sé dónde estoy, si en este planeta, o en otro muy distante soñando que estoy en el nuestro. Planetas separados por sueños, pero también unidos por éstos, y es que los sueños, pueden abarcar y unificar todo lo que podamos imaginar. A veces creo que un sueño, es como un etéreo mago, capaz de  descubrir y trocar  todo lo existente en el cosmos.

Permitidme por favor, que os cuente algo que aparentemente no tiene nada que ver con el relato (la verdad, es que no tiene nada que ver), pero que me ha llamado poderosamente la atención. Seguramente  no es más  que una casualidad, pero los que me conocéis bien; sabéis que para mí, lo que voy  a contar ahora, más que una casualidad, es una causalidad.

Muchos de vosotros, sabéis que Manuel Lasker, nació en un pueblo llamado Berlinchen (cerca de Berlín), un veinticuatro de Diciembre de mil ochocientos sesenta y ocho. Al igual que  Guillermo Steinitz (1900) y José Raúl Capablanca (1942),  murió en Nueva York, en mil novecientos cuarenta y uno. Los tres primeros campeones del mundo, murieron en la misma ciudad, ¿es una simple casualidad?; seguramente lo es, pero a mí  me hace pensar.

Manuel, tuvo que  emigrar de su país, huyendo del horror de los nazis (recordemos que era judío), igual que también lo  hizo su entrañable amigo, Alberto Einstein y tantos otros.

El pueblo de Berlinchen, está muy alejado  de esa maravilla arquitectónica como  es la ciudad de Heidelberg, donde se encuentran las universidades más antiguas de Alemania,  no sabía qué relación, podría tener Manuel Lasker con tan estética ciudad. Heidelberg, fue respetada por  acuerdo internacional, para que no fuese bombardeada por las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, muchas personas de muchas nacionalidades, estudiaron  allí.

Hace trece años, una fría tarde de Febrero; me encontraba en el Paseo de los Filósofos, contemplando desde la otra orilla del río Neckar (afluente muy caudaloso del Rhin), la majestuosidad de esa ciudad. Ni yo mismo podría saber la razón, por la que se me vino a la memoria el recuerdo de Manuel Lasker. En mi imaginación, sostuve una  “filosófica” conversación con  él (quizás influido por el nombre del paseo donde me encontraba), durante la misma, yo le preguntaba cómo se sentiría su amigo Alberto Einstein; después de ver que sus investigaciones sobre la energía nuclear, habían derivado hacia la construcción de bombas atómicas. Le comentaba que Alberto, junto al premio Nobel de literatura  Bertrand Russell; fueron los artífices del famoso Manifiesto Russell- Einstein, firmado en mil novecientos cincuenta y cinco. Alberto, firmó dicho manifiesto poco antes de su muerte. Muchos científicos de la época, también lo firmaron y advirtieron sobre el peligrosísimo armamento que amenazaba a la humanidad.

Yo imaginaba a Manuel, paseando a mi lado, parándose un momento para mirarme y decirme con total convicción: “mi amigo Alberto, era un hombre de ciencia y de paz”.

Durante años, me he preguntado qué hacía yo en Heidelberg, conversando  con Manuel; pero hace pocos días, mientras profundizaba en su biografía; para mi asombro, he descubierto que el eminente matemático y ajedrecista; estudió matemáticas en esa fascinante urbe. Aquella fría tarde, quizás por algún misterioso motivo, Manuel, regresó a Heidelberg.

Quisiera invitar a café, a quien esté  leyendo en este momento. No sé si podré regresar del  remoto planeta al que me dirijo. Debo acompañar a cuatro geniales amigos. Disculpad que no os atienda como merecéis, pero de forma inexorable me voy adormeciendo. Siento que me duermo… me duermo… me duerm… me duer…

“Dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana; y yo no estoy seguro sobre el universo”. Albert Einstein.

“Si luchamos por conseguir nuestros sueños, mereceremos soñar”. Perdonar amigos que esta cita, no pertenezca a ningún ilustre personaje.

Neutralium, a no sé cuántos, de no sé qué mes,  del año en que vivimos; tampoco sé cómo he llegado.

Este desconocido planeta, es muy semejante al nuestro, pero hay una diferencia sustancial, aquí basta que quieras ver a alguien o quieras ir a un lugar; para que sea la otra persona o ese lugar los que vengan hacia a ti, basta sólo con desearlo.

Al llegar a Neutralium, quise dos cosas a la vez: encontrarme con mis compañeros y tomar café; pero como en ese momento, solamente José Raúl estaba tomando mi bebida favorita; fue el primero con quien me encontré. Como  si de una mágica alfombra voladora se tratara; la cafetería en la que se encontraba el inmortal cubano; se me acercaba con él en su interior. La vítrea puerta del establecimiento, se abrió lentamente y me reuní con el tercer campeón mundial de la historia; José Raúl Capablanca. Al verme, me saludó cordialmente, invitándome a una taza. Respondí a su saludo de la misma forma, y le comenté, que estaba seguro que como diplomático; debió prestar muy buenos servicios a su gobierno y que si viviera en la actualidad, igual el bloqueo a su país no se hubiera producido. Con la humildad que caracteriza a casi todos los verdaderos talentos, me dijo que siempre hizo lo que pudo, tanto por Cuba como por el ajedrez.

Cuando acabamos de tomar café, salimos de ese local llamado Cafeterium, para reunirnos con los demás compañeros. Encontramos  a Pablo, Guillermo  y Manuel en un apacible parque, analizando partidas y oyendo música clásica; pero también estaban tomando café, entonces ¿por qué no los encontré a los cuatro a la vez, si todos tomaban lo mismo?, como tantas otras cosas, también ésta, se escapa a mi escasa inteligencia.

Saludé a todos con alegría, pues insisto en que para mí, es un enorme placer sentirme acompañado de semejante pléyade de artistas.

Como coordinador, sugerí al grupo que nos reuniéramos para concretar  un plan de acción, que nos permitiera rentabilizar los análisis de las distintas posiciones que surgieran, así como la elección de cada jugada. Decidimos  que cada movimiento, fuese elegido por votación (a ser posible de forma unánime) y también que dividiríamos el equipo en dos bandos, el de blancas conducidas por Pablo y Guillermo y el de negras, por Manuel y José Raúl. De esta forma, podríamos aprovechar mejor el potencial de ataque de los dos primeros y la tenacidad defensiva de los dos últimos. Naturalmente todos podían opinar sobre la jugada de cualquier bando; así complementaríamos mejor los análisis y por tanto las posibilidades de elegir las mejores continuaciones, aumentarían.


Optimus, siempre atento y hospitalario, nos indicó el lugar que teníamos para instalarnos mientras durase el encuentro. Era como un confortable hotel llamado Tranquilitum, donde teníamos todas las comodidades  que necesitábamos. Poco tiempo después, llegó Mensajerus que sería el coordinador  del equipo de Ajedrezum; acompañado por cuatros jugadores, llamados: Enrocus, Petreus, Atacus y Pacientius.

 Después del deportivo y mutuo saludo, todos nos dirigimos a una elegante sala adornada con motivos ajedrecísticos, llamada Conferencium, para acordar las bases del encuentro. En pocos minutos, el acuerdo, quedó claro. Nadie podría usar ningún programa auxiliar de ajedrez; pues un árbitro del planeta anfitrión, llamado Imparcialius, daría la partida por perdida al equipo que infligiera esa norma. Una jugada por cada día, marcaría el ritmo de la partida en disputa. Los coordinadores, seríamos los encargados  de enviar las jugadas al árbitro y éste, al otro equipo. La partida comenzaría al día siguiente, cuando al amanecer; empezara un nuevo período de la ley llamada Respetus Intimus. Sólo restaba saber con qué color jugaríamos.

Imparcialius, nos llamó a los coordinadores de ambos equipos (siento que no tengamos otro coordinador mejor), y nos indicó que nos acercáramos  hacia él. Nos mostró  una especie de moneda, en  una de sus dos caras, se podía leer el nombre de nuestro planeta, en la otra: Ajedrezum. A continuación, nos indicó que lanzaría la moneda al aire y cuando ésta cayera al suelo; el planeta legible, conduciría las piezas blancas.
  Imparcialius, daba la sensación de ser justo y  amable a  la vez. Lanzó  a las alturas de la sala, la moneda, de forma que ésta  giraba aceleradamente sobre sí misma. Su trayectoria, trazó una parábola perpendicular al suelo y cuando cayó sobre éste; un sonido metálico, atravesó la ajedrecística sala. Los dos coordinadores, al mirar la ya quieta moneda, pudimos leer claramente: TIERRA.

Con  voz clara y potente, Imparcialius  anunció a todos los presentes, el color correspondiente para cada equipo. En ese momento, yo miraba a mis compañeros, y pude ver como Guillermo, guiñaba a Pablo (ellos estudiarían  con  más  atención las jugadas  de  las  blancas),  también Manuel y José Raúl, parecían contentos. Por  ahora el azar (¿quizás destino?), nos sonreía.  Ya estaba todo decidido, al día siguiente comenzaría la partida. Pero aún no había acabado totalmente el protocolo de inauguración del encuentro. Estábamos  invitados a una fiesta de hermandad  interplanetaria.

La alegría era la tónica general de nuestro equipo, estábamos muy animados y también muy motivados. Mientras estaba con mis compañeros, pude darme cuenta una vez más, que los portentos del ajedrez (como los de cualquier otro arte, deporte, ciencia o juego), para nada son personas aburridas, como muchas personas creen. Me divertía mucho con ellos; siempre he creído que los genios, están tocados por el hechizo del sentido del humor.

Después de dudar mucho, me armé de valor y me atreví a preguntar a José Raúl, cuál era el secreto de su famosa habilidad, para atraer la atención  femenina, que le hiciera tan popular entre los ajedrecistas de su época. Al tiempo que sonreía, me dijo que para esas cuestiones, no debía uno pensar  con el hielo de la lógica; nada de pensar, sólo sentir, como sabían hacerlo los poetas. También me comentó, que era importante conocer el entorno social y las costumbres de las personas de un determinado lugar. Riendo, me preguntó abiertamente:

- ¿Qué crees que hacía yo, en la cafetería cuando tú has llegado?

- No lo sé, respondí.

-Pues preguntaba al camarero sobre las costumbres femeninas y sociales de aquí. Aclaró José Raúl.

El  genio del Caribe, hablaba con una soltura y un desparpajo tan natural, que me hacía recordar, el simpático salero, que menos yo, poseen casi todos los andaluces.


Era muy interesante, divertido e instructivo hablar con él. Le comenté si era cierto que en una ocasión, su amigo, el también ajedrecista, Andor Lilienthal, durante el torneo de Moscú de mil novecientos treinta y cinco; se adelantó y le arrebató la admiración de una hermosa dama. José Raúl, me contó que una señorita llamada Zhenechka, se sentaba entre los espectadores para ver las partidas del torneo. Según parece, ella al principio, lo miraba más a él que a otros jugadores; hasta que Andor Lilienthal, se fijó  en ella y quedó prendado de su belleza. Hasta tal punto se enamoró de ella, que  se le ocurrió gastar una broma a los organizadores del torneo, diciéndoles que si no le presentaban a la joven, se retiraría de la competición. La broma surtió efecto, Andor conoció a su gran amor y  todo concluyó en un largo y feliz matrimonio que duró cincuenta años.

En tono de broma, le dije:

- Observo que en aquella oportunidad, Andor Lilienthal, te derrotó también con otra arma tuya muy poderosa, la diplomacia.

Encogiéndose de hombros dijo tranquilamente:

- No me derrotó él, simplemente fui vencido  por el verdadero amor; él estaba enamorado de aquella muchacha, y yo  no; por esa razón, Cupido le ayudó.

Reíamos con tan amena aclaración, y fuimos  a reunirnos con los compañeros. La fiesta era todo un éxito, todos  se  lo pasaban bien. Casi telepáticamente, los integrantes de nuestro equipo, nos pusimos de acuerdo para saludar a los componentes del otro. Saludamos también a Imparcialius, Optimus y por supuesto a Mensajerus. Transmitimos a todos, nuestro agradecimiento por la hospitalidad y el buen trato que  recibíamos. También les hicimos saber nuestro anhelo de jugar una bella partida, de las que merecen la pena ser recordadas y deseamos  suerte a nuestros colegas ajedrecistas.


Manuel, divertía a todos con acertijos y problemitas de lógica y algún que otro chiste.

Guillermo, nos decía a Pablo, a José Raúl y a mí; que Manuel, de alguna manera, observaba, y estaba teniendo en cuenta  las reacciones psicológicas del otro equipo. Estuvimos un buen rato, divirtiéndonos  con todos los invitados a la fiesta. Bastaba querer comunicarse, para que todos habláramos el mismo idioma, y yo no dejaba de maravillarme.


La fiesta acabó y Mensajerus, Enrocus, Atacus y Pacientius; acompañados por Imparcialius y Optimus; volvieron a desearnos suerte, nosotros les correspondimos y estrechándonos las manos; dijimos todos a la vez: ¡buena partida! Nos despedimos y caminamos hacia nuestras dependencias de Tranquilitum. Pablo silbaba interpretando clásicas melodías, mientras parecía meditar en el encuentro que muy pronto daría comienzo. Guillermo, abiertamente y en tono de broma preguntó, a Manuel.

- Filosófico y matemático oráculo, ¿mediante esos ingeniosos problemitas, has descubierto algo significativo en la forma de pensar de los jugadores de Ajedrezum?

Manuel, respondió:

-Creo que a nivel intuitivo, no son superiores a nosotros, en improvisación y habilidad para el pensamiento lateral, tampoco lo son. Por tanto, nuestras jugadas deben estar orientadas para crear posiciones muy complejas, donde lo que impere, sea la habilidad táctica y la intuición.

Pablo, sonriendo, añadió un profundo y sutil comentario y dijo a Manuel:

- He advertido, que querías dar la impresión de que somos algo despistados y timoratos; ¿pretendes que se confíen?

Antes que Manuel, pudiera responder; José Raúl, se adelantó, diciendo mientras reía:

- Pues claro Pablo, eso es lo quiere Manuel, que se confíen, así me ganó a mí en Moscú en mil novecientos catorce. Me hizo creer que se conformaría con tablas y cuando más confiado estaba, y menos lo esperaba, me lanzó un sorpresivo ataque; que me dejó atónito. Esperemos que  los de Ajedrezum, sean tan confiados como yo.

Guillermo, tomó la palabra y también en clave de humor, dijo refiriéndose a José Raúl:

-¿Confiado tú, y qué me dices del desquite ante Manuel por el título mundial, en tu ciudad natal, en mil novecientos veintiuno?, estáis apañados los dos; ¡vaya par de tahúres!

Amable lectora o lector, no penséis que me he olvidado de invitaros a café; pero es que no sé cómo hacerlo desde aquí.

Reíamos mientras caminábamos hacia Tranquilitum. Pablo, el romántico melómano, silbaba interpretando la ópera de Rossini, “El barbero de Sevilla” (creo que no es el mismo que me pela a mí), de pronto dejó de silbar, miró a Guillermo y le preguntó:

- Tú soñabas que jugabas con Dios y que incluso le dabas alguna ventaja de peones, ¿crees  que  venceremos a nuestros colegas?

Guillermo, contestó:

Lo creo, porque jugaremos como  dioses, intuyo que nuestra victoria es posible y si no venciéramos, al menos haremos todo lo ajedrecísticamente posible por  lograrlo.

Me dirigí al grupo y pregunté a todos, a  qué hora nos reuniríamos por la mañana. Nos pusimos de acuerdo en que por ser, el día de la primera jugada, nos reuniríamos para desayunar a las nueve de la mañana. Nos despedimos y nos retiramos a descansar.

Al día siguiente, a la hora acordada; desayunábamos con verdadero apetito. Teníamos verdaderas ganas de comenzar la partida. Al llegar a la sala de juego, contemplamos que una colorida estela, la unía en forma de arco iris; con la de Ajedrezum. A lo largo del haz de luz, se leía claramente: RESPETUS INTIMUS.

Teníamos varios tableros, para poder analizar la partida tanto en consulta como individualmente. Decididos a buscar la iniciativa táctica desde el principio, nos acercamos al tablero común. Guillermo pidió cinco cafés a Optimus. Cuando cada uno de nosotros, tenía su taza de en la mano; los cuatros genios, se acercaron a la mesa de ajedrez, para realizar la primera jugada. Aún de pie, rodearon la mesa de juego; acercaron las tazas, hasta colocarlas en el aire sobre el tablero de ajedrez, cada uno desde un punto cardinal. No quise acercarme al grupo; sintiendo y comprendiendo que no tenía ni derecho ni categoría para brindar con ellos. Con algo de tristeza, pero lleno de admiración, contemplaba la enorme afición al ajedrez de estos gigantes del tablero. Esperaba que terminaran de brindar; pero los cuatro, al mismo tiempo, me miraron y la voz de Guillermo; quebró de emoción  mi alma; diciéndome:

- Rafael, estamos esperándote, ¿no quieres brindar con nosotros?

 Quise responder a Guillermo, pero la emoción me lo impedía. Ellos sonreían al verme conmocionado y feliz al mismo tiempo.
 Acerqué mi taza a las suyas, con la sensación de que era el único rito en el que creía profundamente.Todos a la vez, telepáticamente y al unísono; gritamos chocando las tazas: ¡por Caissa¡

Una vez que brindamos por nuestra ajedrecística diosa, nos sentamos y realizamos nuestro primer movimiento. Avanzamos con energía el peón de rey, dos casillas hacia delante. Por fin la partida, había comenzado. Inmediatamente, comuniqué a Imparcialius nuestra jugada. Luego, tomé asiento para hablar con mis amigos, compañeros y maestros. Cuando  me encontré más calmado, puede decirles:

- Gracias  a  todos, por hacerme sentir que pertenezco a este equipo. Estoy muy orgulloso de vosotros, como ya sabéis. Confío en la victoria, pues entre otras virtudes, tenemos: la fantasía de Pablo, la tenacidad de Guillermo, la sensatez de José Raúl y la aguda psicología ajedrecística de Manuel y la capacidad deductiva e intelectual de todos.

Manuel, tomó la palabra y queriendo animarme, dijo:

-También valoramos algo que nos ha permitido reunirnos y componer este equipo, y no es otra cosa que tu  devoción al ajedrez.

Tanto entusiasmo produjeron estas palabras  en  mí, que cogí mi taza de café, me centré en su calor y aroma y medité profundamente. Algo caía a gotas en el recipiente, experimenté un ligero y amargo sabor, mezcla de café con lágrimas (os sugiero que no lo pidáis así en una cafetería; pues no sabe muy bien), pero era uno de los cafés más deliciosos que jamás he tomado. Después de tomar mi bebida favorita, sentí que me relajaba. Mis sensaciones y mis pensamientos, encontraron un punto de equilibrio. No hacía mucho tiempo que acaba de despertarme y no obstante un sueño cada vez más intenso; se apoderaba de mí, sentía que me dormía; pero la partida… ¡había comenzado!
Desperté percibiendo un intenso aroma a café. Por un momento, creí que me encontraba en mi añorada Algeciras, pero estaba en Neutralium, sin saber ni el día, ni el mes, ni el año, sólo sabía que eran las nueve de una apacible mañana, la hora convenida por nuestro equipo para reunirnos. Se me hacía tarde, pero me apresuré para llegar a la hora convenida, os aseguro que me daba más prisa por ver de nuevo a mis geniales compañeros, que por tomar café; ya sé que no me creéis, pero es cierto.

Nos encontramos en el comedor de Tranquilitum y tras el desayuno, quise comentar  a mis admirados ajedrecistas una idea que sin saber cómo, cada vez adquiría más importancia para mí; y confiando en la comprensión de los cuatro campeones, les conté lo que pensaba y entablamos la siguiente conversación.

Rafael - Queridos amigos, quisiera saber vuestra opinión sobre la posibilidad de incrementar nuestro equipo, con un integrante más.


Pablo - ¿Crees que necesitamos otro jugador? y de ser así, ¿en quién has pensado y por qué?

Rafael – En realidad no es un jugador, es una jugadora. He pensado en Vera Menchik, y no sólo por ser una persona significativa para mí; sino también porque pienso que nosotros como representantes del ajedrez terrestre, debemos  potenciar su capacidad integradora, ya que no es una  disciplina sexista. Todos sabemos que en su época, Vera jugaba también como los mejores jugadores del mundo. Además ella contribuyó mucho a la difusión de nuestro arte. Por estas razones, quiero que ella forme parte de nuestro equipo.

José Raúl- Es cierto lo que dices, además era una mujer de un trato afable. Yo dije de ella, que era la única mujer capaz  de jugar en igualdad de condiciones, con cualquier jugador de su tiempo. Estoy de acuerdo, que esté aquí con nosotros; me encantará saludarla, pero  ¿cómo harás para que venga?

Rafael- Creo que podré conseguirlo, porque pienso que en un determinado punto, llevo razón. Pero antes de proponer a Mensajerus que seleccione otro componente para su equipo; me gustaría saber si todos estamos de acuerdo con  la inclusión de Vera Menchik.

Guillermo y Manuel, que aún no habían hablado, se manifestaron efusivamente a  favor de la idea, y Pablo, que era más introvertido, también se mostró de acuerdo.

José Raúl- Espero que apliques bien tu sentido de la diplomacia, para convencer tanto a Mensajerus como a Imparcialius; pues como árbitro de la contienda, también él tendrá algo que decir.

Rafael- Por supuesto, todos los implicados en  esta partida, tienen derecho a opinar; por eso quiero que me acompañéis. Mediante Imparcialius, convocaré una reunión en la que participaremos tanto los jugadores, como el árbitro, como los coordinadores. Espero que la razón me asista y que nos permita que nuestra querida Vera, esté con nosotros. Sugiero compañeros que pensemos nuestra segunda jugada, y una vez  comunicada a los jugadores de Ajedrezum; asistamos a la reunión. Por cierto, hay otro motivo por el que quiero que venga Vera;  es el siguiente: ¿no os parece que somos una colección de feos, y que ella dulcificaría el efecto de tanta fealdad? Bueno amigos, vayamos a nuestra sala de análisis y luego a la reunión; y no tomad en serio el mal chiste que acabo de hacer, porque suena a machismo.

Llegamos a la sala de análisis, Pablo y Guillermo, se miraron y tomando el caballo de la  casilla (g1), lo colocaron con el beneplácito de Manuel y José Raúl, en la casilla (f3).

Comuniqué la jugada a Imparcialius y también le informé sobre nuestra intención de reunirnos con todos, para deliberar sobre la conveniencia de incrementar ambos equipos con un ajedrecista más. La efectividad del juez del encuentro, quedó demostrada; al instante había concertado la reunión para dentro de diez minutos y tendría lugar en el mismo sitio donde se realizó el sorteo de los colores de las piezas; la sala llamada Conferencium.

El ánimo de mis compañeros parecía muy bueno; en el fondo de mi alma me alegraba de tomar la decisión de incluir a Vera, todos deseábamos que fuera posible. Mis pensamientos se centraban en  conseguir la mejor elocuencia posible. Estaba convencido de poder defender con tenacidad mi propuesta, porque creía en el sentido universal de la justicia. No estaba seguro de cómo convencería a los del equipo de Ajedrezum, pero tampoco sabía cómo rechazarían la proposición.

Ambos equipos llegamos a la vez a la sala Conferencium, Imparcialius distribuyó asientos alrededor de una mesa circular, de esta forma todos los asistentes, podríamos vernos. Mensajerus estaba sentado frente a mí, en el otro extremo del diámetro que nos separaba. Él  como coordinador del otro equipo, sería o bien mi principal opositor, o bien mi principal colaborador; según aceptara o no la propuesta.

 Imparcialius haciendo las  veces de moderador, dirigiéndose a mí, me dijo que expusiera el motivo de la reunión. Me concentré en la respiración, para tranquilizarme y dominarme a mí mismo y con la voluntad que nos presta la fuerza de la razón (al menos yo creía que estaba de mi parte), tomé la palabra y comencé a exponer.

Rafael- Estimados colegas del ajedrez, ha sido difícil para mí formar un equipo que represente a mi planeta. Debo confesaros que dadas las circunstancias, si tuviera que elegir nuevamente a un equipo de ajedrez de cuatro jugadores, volvería a elegir a estos genios que están sentados a mi lado. No obstante, he tenido en cuenta que cuando se haga pública la confrontación ajedrecística que a todos los presentes nos ocupa; sería bueno para la divulgación del ajedrez en mi planeta, que se tuviera en cuenta el carácter no sexista de nuestro arte. En resumen, lo que quiero proponer es que ambos equipos se incrementen con un participante más; que en nuestro caso, será nuestra admirada y querida Vera  Menchik y por supuesto en el vuestro, quien vosotros decidáis. Ahora quisiera saber  cuál es la opinión sobre este tema del coordinador de vuestro equipo, nuestro respetado Mensajerus.

El coordinador de los jugadores de Ajedrezum, expuso su opinión.

Mensajerus- Amables asistentes a esta reunión, nosotros tenemos tan superada la diferencia de sexos, que sólo tenemos una categoría, no dos, como ocurre en vuestro planeta; porque para nosotros el ajedrez, no es ni masculino ni femenino. Nuestros hijos, sean del sexo que sean, juegan al ajedrez entre ellos, sin distinciones de ningún tipo. Estimado equipo terrestre, no sé si alguno de vosotros, ha advertido que en nuestro equipo; dos de los participantes, son lo que vosotros llamaríais mujeres. Quizás si estuvierais más tiempo entre nosotros, podríais advertir algunas  diferencias tanto psíquicas como físicas en nuestros habitantes. No veo una razón convincente, para que los equipos incrementen el número de integrantes; pues el problema planteado no nos atañe a nosotros. Quiero ceder la palabra  a Rafael, para que nos diga si aparte de la cuestión de sexos, hay otra razón para que aumentemos en uno, el número de jugadores.

Los componentes de nuestro equipo, parecían preocupados, pues no estaba nada claro que Vera pudiera jugar con nosotros. Miré  a José Raúl, para ver si  con su famosa diplomacia, conseguía inspirarme; me sonrío y sentí que volví a animarme, de esta forma y dirigiéndome a Mensajerus, retomé la palabra.

Rafael- Debo confesar apreciado Mensajerus, que conforme voy conociendo más detalles acerca de vuestra sociedad, más admiro el talento de tus congéneres y de vuestros gobernantes; no obstante, estarás de acuerdo conmigo en el siguiente punto. Si fuiste tú como representante de tu planeta, quien al hablar conmigo, impusiste algunas condiciones sobre el encuentro; ¿por qué no puedo poner yo al menos una, como representante del mío?, ¿no crees que al menos tengo derecho a pensar en alguna condición? Implorando por la ley universal de la justicia, suplico me concedas que Vera Menchik, pueda estar entre nosotros.

Mis compañeros esperaban expectantes, que hablara Mensajerus, y éste, mirándome con benevolencia, así lo hizo.

Mensajerus – Todas las condiciones que expuse en nuestro primer encuentro, fueron decididas en consenso con todos los ajedrecistas,  que también son los que gobiernan (como debiera ser en todos los planetas) nuestro amado Ajedrezum. Precisamente porque la ley universal de justicia, nos otorgó a nosotros ciertos derechos para elegir las condiciones del encuentro, es por lo que me correspondió a mí, buscarte y comunicarte las ya sabidas condiciones. Quiero comunicarte respetado Rafael, que el derecho a redactar las condiciones de esta partida, nos fue encargado a nosotros por ser un planeta más pacífico que el vuestro. Por lo tanto sigo sin ver ningún motivo, para el aumento de participantes. Si tienes algo más que decir, te escucharemos con atención.

El excampeón mundial y excelente diplomático, José Raúl, al mirarme, se encogió de hombros como diciendo, ¿qué le vamos a hacer?, al menos lo has intentado.

Pero no estaba dispuesto a rendirme tan fácilmente en la partida dialéctica que sostenía con Mensajerus. Así que volví a  concentrarme en la respiración y con nuevos ánimos, tomé de nuevo la palabra.

 
Rafael- Tu elocuencia es aplastante y muy convincente amigo Mensajerus, permíteme por favor que así te considere; pero quiero decir que en ninguna de las guerras que ha habido en nuestro mundo; ninguno de los cinco terrestres que aquí nos encontramos, hemos tenido nada que ver en ellas. Somos personas de paz, y desde que supuestamente se creó el paraíso en nuestro planeta; estamos cansados de pagar por cosas que nosotros no hicimos. Ajedrezum, que es vuestro hogar, estimado Mensajerus; antes se llamaba Guerrerum. ¿Sería justo que aún os recordaran por el espanto de las guerras?, tú y tu equipo, sois personas de paz y tenéis nuestro sincero respeto. Pido que nos consideréis personas pacíficas, y que olvidéis por un momento el mal que los hombres de la guerra, provocan en nuestra sociedad. No creo que sea justo que nosotros paguemos por ellos. La ley universal de justicia, debe ayudar también a nuestro equipo, y nuestro único deseo es que una jugadora a la apreciamos, y que murió por culpa de la guerra; juegue con nosotros. Lo pido Mensajerus, invocando a la compresión y sentido de la justicia que sé que posees.

El silencio, se apoderó de la sala, como si de un mudo emperador se tratara. La atención de todos se concentró en Mensajerus, que  con voz clara comenzó a hablar.

Mensajerus- Ahora sí, considero oportuno que ambos equipos, tengamos un nuevo compañero más. Ya es hora que pensemos más en la paz que en la guerra. La explosión de una bomba, se llevó la vida de vuestra campeona y un estallido de paz os la devuelve; estoy de acuerdo en que a partir mañana, se reúna con vosotros.

Cuando Mensajerus acabó de hablar, nosotros casi flotábamos impulsamos por la alegría contenida. El juez tomando la palabra, nos despedía a todos.

Imparcialius- Si todos estáis de acuerdo con la propuesta, como juez de la contienda, doy por terminada la reunión.

Emocionado, agradecí a todos que nuestra petición fuese aceptada y también dije que por mi parte, no habría más peticiones.

Nos retiramos a nuestra sala muy contentos, para ver cuál sería la segunda jugada del equipo de Ajedrezum. Observamos  que avanzaron su caballo de (b8) a la casilla (c6). Pablo mirando a Guillermo, dijo que como tercera jugada; llevar el alfil de la casilla (f1), a la de (c4), le parecía ideal para complicar la partida  lo  antes posible. Luego opinaron Manuel y José Raúl, y estaban de acuerdo con la propuesta de Pablo; pues para nosotros era muy importante, entrar cuanto antes en las complicaciones tácticas, porque sabíamos que ahí radicaba nuestra posibilidad de ganar  la  partida.

Me encontraba exultante, y mis compañeros también, pues al final  conseguimos de la reunión lo que todos deseábamos. El trabajo para el día siguiente, estaba prácticamente hecho, pues ya habíamos decidido nuestra tercera jugada; pero no obstante a las nueve de la mañana, desayunaríamos y luego iríamos a  nuestra sala de análisis. Era mi obligación comunicar nuestra jugada a Imparcialius.

Mañana sería un día tranquilo, pero  muy feliz  para  todos: nuestra musa, Vera Menchik; estará  ya con nosotros.
 

 

Dos Cielos y Una Partida (II)

Una vez más, quiero saludar a todos los amigos de esta página. Espero que el verano os haya regalado muchas alegrías.

 Mi hija Sara me ha cuidado muy bien, me ha salvado de las amenazantes olas de la playa y de peligrosos monstruos “piscineros”: cocodrilos, tiburones, dragones y otras feroces criaturas flotantes de plástico. Gracias a ella  sigo vivo, ha sido muy hábil convenciendo a tan temibles enemigos para que no me hicieran daño.

Quiero felicitar a nuestra compañera Amalia Aranaz, por sus buenos resultados deportivos; espero que obtenga muchas victorias en Croacia; pero lo que más le deseo es que siempre consiga el éxito de ser feliz.

Hoy que de nuevo estoy dispuesto a equivocarme muchas veces mientras tecleo, seguiré con el relato que tenemos pendiente. No sé cómo acabará, ni cuántos capítulos necesitará; pero allá voy a golpes de teclado, acercándome al final.

" No pido riquezas, ni amor, ni un amigo que me comprenda; todo lo que pido es el cielo sobre mí y el camino a mis pies" (Robert Louis Stevenson).

 " Prefiero un buen trabajo en equipo, que una victoria en solitario” (Perdonar que esta cita no pertenezca a ningún ilustre personaje).

He vuelto a despertar en Neutralium y al instante consulté el reloj. Me invadía la impaciencia por saludar a nuestra querida Vera Menchik, que se reuniría con nosotros por primera vez a la hora convenida; las nueve de la mañana, la hora del desayuno de nuestro equipo.  Como no soy Cronos, no podía hacer que el tiempo acelerara su monótono ritmo; así que decidí calmarme y esperar lo más tranquilo posible. Lo mejor que se me ocurrió, para distraerme, fue reproducir partidas de nuestra campeona y admirar por enésima vez la sapiencia de tan admirable jugadora. Desarrollé varias partidas de Vera sobre mi inseparable tablero magnético, y a punto estuve de perder la noción del tiempo. Instintivamente volví a mirar  la  hora y con asombro, observé que eran ya las nueve de la mañana; solté el tablero y corriendo me dirigí al comedor.

La distancia que me separaba de mis compañeros de equipo, parecía interminable,y cuando pensé que era la misma de siempre,la distancia desapareció; pues al momento me encontraba saludando a los cuatro magos del tablero. Pero...¿ dónde estaba Vera?, ¿ por qué no estaba con ellos?.

Advirtiendo mi pesadumbre, José Raúl propuso que tomáramos café mientras la esperábamos. Un camarero se nos acercó con amable diligencia, para servirnos tan maravillosa bebida. Con gran habilidad dispuso cinco tazas de aromático café y para sorpresa de todos nos dijo:

- Buenos días tengáis. ? Qué os ocurre que tan nerviosos estáis? ¿esperáis a alguna persona?

La naturalidad del camarero era tal, que su comentario, no nos pareció una impertinencia. José Raúl, con su característica simpatía, le respondió:

- Pues sí, esperamos a una mujer muy especial para nosotros y no sabemos a qué se debe su tardanza; ella es muy puntual.

El camarero, apaciblemente, volvió a tomar la palabra y contestó a José Raúl:

- Si fueseis más observadores; no tendríais que esperar.

José Raúl, algo incómodo, preguntó:

- ¿Podemos saber por qué dice usted eso?

Mientras se quitaba el extraño uniforme que sutilmente le disfrazaba, el camarero sonriendo; contestó a José Raúl:

- Porque yo soy Vera Menchik, la mujer especial que esperáis.

Cuando oímos estas palabras, incrédulos y asombrados, miramos a nuestra compañera y con una sola voz gritamos todos juntos:

- ¡¡¡ Vera !!! ¡¡¡ bienvenida al equipo!!!

La emoción se adueñó de nosotros de tal forma, que cuando tomamos conciencia; los seis componentes del equipo, estábamos unidos en un colectivo y efusivo abrazo.

 Todos a la vez volvimos a gritar:

- ¡¡¡ Te queremos Vera!!!

Manuel con su habitual sentido del humor, comentó que la aparición de nuestra amiga, había sido el mejor gambito de dama que jamás había presenciado. Pablo a su vez, opinaba que era la más maravillosa transformación en dama que había contemplado.

De repente todos sentimos gran apetito y con verdaderas ganas comenzamos a desayunar. Durante el desayuno, hablamos mucho de ajedrez. En especial Vera, José Raúl y Manuel comentaron muchas cosas, porque durante una época, fueron contemporáneos. Era todo un placer oírles hablar. Nuestra amiga y esperada compañera, dirigiéndose a mí me comunicó su agradecimiento por incluirla en el grupo. Insistí en que era yo, quien estaba agradecido que hubiera venido y también le dije que sin ella, no seríamos un verdadero equipo.

 En un preciso momento, mi admirada compañera, me miró adivinando lo que quería preguntarle. Con amabilidad infinita me dijo que después del fatídico bombardeo que le quitó la vida, no sintió odio hacia nadie, que había aceptado lo que el destino le designó; y sentenció con una sonrisa:

- A tus amigos, debes regalarles tu sonrisa y a quienes no lo sean, dales tu silencio; pero nunca dejes que la ira te domine.

Al terminar el desayuno, nos dirigimos a nuestra sala de análisis. Una vez allí, le comunicamos a nuestra campeona que pretendíamos complicar la partida lo más rápido posible, porque nuestras mejores oportunidades, se encontraban en las complejidades del juego táctico.

Nos acercamos todos al tablero común, para ver qué habían contestado los jugadores de Ajedrezum. La tercera jugada del equipo de Mensajerus, consistió en trasladar el alfil desde la casilla (f8) a la de (c5). Ahora como es lógico, nos correspondía a nosotros comunicar nuestra cuarta jugada.

Guillermo y Pablo, se miraron como si ya hubieran decidido el movimiento más conveniente para lanzar un ataque, o al menos comenzar las escaramuzas tácticas. Todos intuíamos lo que estaban pensando los dos genios del ataque, pero fue la sensata Vera, quien dijo:

- Yo también estoy de acuerdo, avancemos el peón de (b2) a ( b4); entremos de lleno en el romántico y eterno gambito Evans y luchemos abiertamente por la victoria.

Manuel y José Raúl, también se mostraron de acuerdo y unánimemente decidimos internarnos en un inextricable laberinto del que ya no podríamos salir; a menos que jugáramos con valor y astucia.

Los días parecían tener menos horas y pasaban más de prisa. La armonía y el compañerismo eran tan agradables que casi nos olvidamos del mundo exterior; pero nunca dejamos de comprender que el encuentro que disputábamos, era muy importante para la humanidad. La partida avanzaba conforme pasaban los días y transcurría de forma sorprendente para nosotros. La tensión casi podía materializarse, era como si ocupase un determinado volumen. Como equipo habíamos decidido, no perder el sentido del humor, conservar la esperanza en la victoria y decidir las mejores jugadas mediante un exhaustivo análisis de cada posición. Todos pensábamos que sin alegría y confianza, la inspiración del equipo no afloraría con plenitud.

Siempre me ha llamado la atención, que cuando los ajedrecistas nos emocionamos, nos volvemos como niños.

Apreciados amigos del planeta Tierra, os aseguro que quienes no sepan nada de ajedrez, no podrían confiar en el inmenso talento de los cinco genios que forman nuestro equipo. De verdad os digo que cuando detectaban una brillante jugada, que nos daba luz para salir del complejo y sinuoso laberinto ajedrecístico en que nos encontramos; la alegría era tal, que contagiados, cantábamos, gritábamos y hasta bailábamos de pura emoción.

Debo confesar que cantar, era algo que Pablo, el melómano del grupo, me lo prohibió terminantemente. Los que no comprendan las pasiones humanas que despiertan una gran partida; nos tomarían por locos de atar.

Amable lectora o lector, quiero aprovechar estos momentos de euforia para invitaros a café desde Neutralium.

El equipo de Ajedrezum, contestó aceptando la entrega de peón y movieron en su cuarta jugada el alfil de la casilla (c5), colocándolo en la de (b4). Entonces aprovechamos el avance del peón de la casilla(c2), para atacar el centro y de paso al alfil que ahora estaba en la casilla (b4); por eso en nuestra quinta jugada, movimos el peón a la casilla (c3). En este momento, eligieron retirar el alfil de la casilla (b4), a la casilla (a5). Cuando vimos la jugada con la que nos respondieron; miramos todos a Manuel, y Guillermo , dirigiéndose a él comentó:

-¡Enhorabuena! , han elegido la defensa del gambito Evans que lleva tu nombre; la defensa Lasker. Me alegra que tu tenacidad defensiva, también sea apreciada fuera de nuestro planeta; eres un auténtico y universal genio Manuel.

Manuel con su inagotable sentido del humor, replicó a Guillermo.

- Si han elegido una defensa que yo había analizado, me alegro por nosotros; porque una defensa ideada por mí, no puede ser buena.

Vera reía de buenas ganas, subrayando la disfrazada modestia del segundo campeón mundial. Todos reíamos al ver lo mal que Manuel disimulaba.

Para los amigos que no estén muy avezados en teoría ajedrecística, comentaré que la defensa Lasker, la elegida por Ajedrezum , se considera en nuestro días como muy sólida y capaz de contener el ataque de las piezas blancas,pero todo esto es muy teórico y aún quedan muchas cosas por investigar.

El orden exacto de la partida hasta ahora es el siguiente : 1 e4 e5 2 Cf3 Cc6 3 Ac4 Ac5 4 b4 Axb4 5 c3 Aa5.

Antes que pasen más días y más jugadas , es momento oportuno de invitar a quién esté leyendo en este momento a otro café.

Debíamos decidir nuestra sexta jugada y durante el desayuno, pude comprobar que el estado de ánimos de todos, era excelente. Tan bueno era el ambiente de equipo, que me resultaba difícil comentar la razón de mi única preocupación. Al tomar el café de rigor, expuse abiertamente lo que pensaba al grupo; y entre todos mantuvimos este diálogo.

Rafael- Admirados compañeros, todos estamos de acuerdo en que la apertura de la partida, es totalmente propicia para nuestros intereses. ¿Cabe la posibilidad que ellos quieran que al jugar confiados, nos excedamos atacando, asumiendo grandes riesgos?. Así por ejemplo dicen que jugaba muchas veces nuestro querido y aquí presente, Manuel.

Manuel- Llevan razón a medias los que piensan así. Pero en todo caso creo que esa treta sólo sirve para una partida individual y no de equipo. En nuestro caso con un pelmazo como éste (Manuel señalaba a José Raúl), la sensatez estará siempre presente. También nuestra amiga Vera, jugó siempre con mucha cautela. Por otro lado, no creo que los del otro equipo, copien dos cosas mías; con un sólo error ya tienen suficiente.

La ironía de Manuel, siempre nos hacía reír.

Pablo - De todas formas, una vez inmersos en este romántico gambito, tenemos que jugar según el espíritu de esta apertura, que no es otro que atacar y volver a atacar. Creo que lo mejor, es mantener el optimismo para que la creatividad fluya de forma natural.

José Raúl - Confío en que los análisis que nos hayan preparado, no sean mejores que los nuestros. Como en esta partida, ningún bando puede disponer de programas informáticos; el enfoque psicológico será muy importante. Creo que en ese aspecto, estamos orientando bien la partida.

 Vera – Supongo que sabéis que hay una anécdota, que pudiera ser cierta sobre el gambito Evans. Se dice que el capitán Evans, jugaba una partida de ajedrez en su barco y su intención una vez planteada la apertura italiana, no era avanzar en su cuarto movimiento el peón a la casilla (b4); pretendía colocarlo de forma más tímida en la de (b3), pero un golpe de mar, movió bruscamente su nave y al no acertar con la casilla (b3), lo dejó definitivamente en la casilla (b4). Me encanta pensar que este brillante sacrificio de peón, fue un regalo de Poseidón. Por otro lado debemos confiar en nuestras posibilidades, tenemos con nosotros a dos de los mejores expertos de todos los tiempos en este gambito: Pablo y Guillermo.

De todas formas, los dioses siempre favorecen a los audaces.

Guillermo - Rafael, espero que no te preocupes mucho, porque una vez que realicemos nuestra sexta jugada,lo más probables es que tengamos que hacer muchos sacrificios de piezas; como diría nuestro amigo Manuel, tenemos que jugar según el espíritu de la apertura. Espero que tu corazón sea fuerte y pueda soportar las fuertes emociones que nos esperan.

No pude contenerme al oír a Guillermo y dije:

Rafael - Claro eso lo dices porque vosotros estáis muertos,y queréis que yo también lo esté muy pronto.

Todos nos reímos porque naturalmente lo que comenté, era solamente una broma, y es que con estos compañeros, no quedaba otro remedio que compartir el reinante sentido del humor.

Al escuchar la anécdota contada por Vera, sobre la invención del gambito Evans; no pude evitar acordarme de una de las bahías más bellas del mundo; la de mi querida Algeciras.

Habíamos terminado de desayunar, nos dirigíamos a la sala de análisis para comunicar a Imparcialius nuestra jugada. ¿Sería cierto el adagio citado por Vera?,¿ayudarían los dioses a los audaces?. No tardaremos en saberlo.
He vuelto a despertar en Neutralium, o quizás he soñado que he despertado. En esta ocasión he querido madrugar, sentía ganas de pasear y conocer los alrededores de nuestra ajedrecística sala de análisis. Salí de Tranquilitum y me dirigí hacia un coqueto lugar que me recordó a la acogedora Plaza Alta, de mi siempre añorada Algeciras.

Trataba de ordenar mis pensamientos, cavilaba pero sólo conseguía esbozar conjeturas sobre el desarrollo de nuestra partida contra Ajedrezum. Llegué a la conclusión que no merecía la pena preocuparse, sino ocuparse en ayudar a mis compañeros todo lo que pudiera.

La llegada de Vera era un aliciente para nuestros ánimos. Necesitábamos su onda femenina; sentíamos que nos acompañaba una amiga, una hermana ; con su presencia todos mejorábamos como personas.

Teníamos que ser consecuentes, jugaríamos con ingenio, valor y decisión y aceptaríamos con astronómica deportividad cualquier resultado posible.

Al acercarme al centro de la plaza, me llevé una grata sorpresa; mis compañeros se encontraban allí, charlando alegres como siempre. En especial José Raúl y Vera, reían mucho recordando las anécdotas y ocurrencias del polifacético y bohemio Tartakower, que tanto contribuyó en la difusión de este apasionante arte llamado ajedrez. Tanto ellos como él, participaron en el torneo internacional de Barcelona, con motivo de la exposición universal de mil novecientos veinte y nueve. Durante este evento ajedrecístico, este poeta del tablero, inventó la tan popular Apertura Catalana.

Nunca insistiré lo suficiente y jamás me cansaré de decir que oír a tan eruditos amigos, era para mí, además de un mar de satisfacciones, un océano de conocimientos.

(Por eso, para tomar fuerzas y poder seguir insistiendo, vuelvo a invitar a café a la amable lectora o lector que en este momento, esté leyendo).

Saludé a mis compañeros con efusividad, y decidimos caminar tranquilamente hacia Tranquilitum para desayunar. Mientras paseábamos, recordé la peripatética filosofía de Aristóteles. Pasear, hablar, oír y aprender de mis admirados genios; vuelvo a insistir: ¡ qué placer!

El sol de Neutralium despertaba con lentitud de su nocturno sueño y se dirigía hacia su cenit acariciando y dorando de luz el somnoliento horizonte. Los integrantes del equipo de Mensajerus, también paseaban por la pintoresca plaza y aprovechamos para saludarlos afable y deportivamente.

Una de las jugadoras de Ajedrezum, sonreía mirando a Pablo y éste con su característica caballerosidad, inclinó la cabeza correspondiendo a tan agradable saludo. Pablo parecía contento y Guillermo bromeando le dijo que se dejara de romanticismos hasta que el encuentro no concluyera, pues sería una partida muy disputada. Este comentario de Guillermo, nos hizo reír a todos y a Pablo más aún.

Nadie advirtió que mientras la sonrisa del artista de Nueva Orleans, se desdibujaba, de sus ojos afloraron chispas de fuego, quizás procedentes del terrible recuerdo de los cañones de la Guerra de Secesión de su país.

Siempre he creído que la sensible personalidad de Pablo, se elevaba con la grandeza del ajedrez y se hundía dramáticamente con las miserias de aquella guerra.

Sí, la partida sería tan explosiva como esos cañones, pero sus consecuencias no serían víctimas humanas, sino fulgores de auténtico arte.

Nos dirigimos con paso algo más rápido al comedor. Vera reía de veras, con las ocurrencias de sus amigos; parecía una entrañable embajadora de la alegría y comentaba que si así era la vida en Neutralium, ¿cómo sería el paraíso de este planeta?

 Desayunamos con verdadero apetito y gran deleite, presentíamos que la partida nos depararía emociones muy intensas y sólo por amor al ajedrez, casi nos despreocupábamos del resultado. Éramos conscientes que el miedo a perder , sólo tendría efectos negativos para nosotros. Mis compañeros sabían mejor que nadie que el verdadero arte, no puede nacer del temor; sino del valor de las sublimes emociones que nos abren los sentidos. El miedo a la derrota no podía ser el mejor camino hacia nuestra victoria.

Terminamos de desayunar ( ¿hace falta que diga que también tomamos café?... nuestro equipo aprovecha este paréntesis, para invitar otra vez a quiénes estén leyendo en este preciso instante ), y nos dirigimos a nuestra sala de análisis.

Pablo y Guillermo se sentaron al lado de las piezas blancas. Vera, Manuel y José Raúl, como es lógico lo hicieron al otro lado del tablero. Nuestro próximo movimiento nos parecía muy claro y apropiado para intentar conseguir ventaja de desarrollo e iniciativa en la apertura ; por eso avanzamos el peón desde la casilla (d2) hasta la más centralizada de (d4) . Por tanto enviamos como sexta jugada (6 d4), abriendo el juego y poniendo en acción cuanto antes los efectivos atacantes del bando blanco. Poco tiempo después recibimos la contestación del equipo de Ajedrezum; (6...exd4), capturaron el peón central que habíamos avanzado recientemente.

La respuesta del equipo de Mensajerus había sido muy rápida, tanto fue así que Manuel con su prodigiosa intuición psicológica propuso, que enviáramos inmediatamente otra jugada con idea de acelerar las contestaciones de nuestros apreciados y respetados antagonistas. Cuanto más acelerada fuese la cadencia de las jugadas, tanto mejor para nosotros, pues nuestra fuerza radicaba en la intuición más que en el frío y árido cálculo. Vera nos miró a todos, era consciente que podíamos obtener un fuerte ataque si jugábamos con precisión. Con voz templada dijo dirigiéndose a Manuel.

-¿Según tus análisis sobre esta apertura, es correcto enrocar ahora?, porque si es así, enroquemos, pongamos el rey en lugar seguro y luego ataquemos con toda nuestra alma.

 Manuel respondió asintiendo.

-No sólo es correcto el enroque sino que además es un bello movimiento, ¿ no te parece? Como diría mi buen amigo Albert Einstein, las soluciones a los misterios que nos plantea el universo, son todas estéticamente sencillas; y por supuesto en ajedrez ocurre lo mismo.

Vera con entusiasmo dijo.

-No sé cómo van a parar el ataque, de todas formas, ¿qué tenemos que perder si ya estamos muertos?

No tuve más remedio que añadir al comentario de Vera, que si yo no estaba muerto, estando con ellos, poco tiempo de vida me quedaba. Añadí también que estaba de acuerdo en aligerar todo lo posible el ritmo de las jugadas, para potenciar nuestra intuición, enfrentándola al eficiente cálculo del otro equipo.

Guillermo sentenció.

-Amigos, nosotros también calcularemos, ya lo creo que lo haremos y usaremos la intuición para dar ese salto cualitativo; para llegar allí donde el cálculo ajedrecístico se pierde ante su propia inmensidad.

Manuel mirando a todos dijo.

- Es decir que jugaremos exactamente igual, que lo hemos hecho siempre.

Al terminar la frase, Manuel realizó un cómico gesto de hombros y todos reíamos de buenas ganas.

 En efecto, nuestro séptimo movimiento fue el enroque corto (7 0-0), casi una hora después, nos respondieron con la jugada (7...Cf6).

Cuando recibimos esta jugada, Manuel se levantó muy contento y dirigiéndose a Pablo y Guillermo, dijo.

-Espero que encontréis la mejor continuación; ese movimiento de caballo no es la jugada óptima de ellos. Antes de enviar nuestra réplica, pido por favor que esperéis que vuelva de fumar este puro. Estoy muy contento de hacerles jugar con rapidez, ahora sí que es peligroso nuestro ataque. Disculpad compañeros que me hayan entrado ganas de fumar; en la próxima vida, prometo dejar este asqueroso vicio.

José Raúl haciendo un gesto de amistosa complicidad a Vera, dijo a Manuel.

-No tardes mucho en “purificarte” y regresa pronto. Sé que sabes cómo incrementar la iniciativa.

Pocos minutos después Guillermo consultaba su reloj de bolsillo, esperando que regresara Manuel, Vera, Pablo y José Raúl; también habían pensado en la jugada que impulsara nuestro ataque; y decidieron responder con la octava jugada (8.Aa3), controlando una importante diagonal que conducía a las cercanías del rey contrario.

Mientras esperábamos a Manuel, Pablo comentaba que estaba impresionado por la habilidad de éste para anticiparse y sacar el mejor partido de cualquier situación y aspecto de la psicología, ya sea humana o extraterrestre.

Estábamos muy contentos e impresionados del acierto de hacer jugar al equipo de Mensajerus, con la rapidez que a nosotros nos convenía.

Manuel regresó con alegría y nos preguntó sobre la jugada que habíamos pensado y cuando le comunicamos el movimiento elegido, estuvo totalmente de acuerdo. Enviamos a Imparcialius la nueva jugada, y volvimos a esperar llenos de emoción. De nuevo una hora más tarde , recibimos la contestación a nuestro octavo movimiento. La jugada recibida fue, (8...Ab6).

José Raúl dijo con sincera admiración a Manuel.

-Eres un brujo, los has hechizado con tu sabio magnetismo, ¡ qué rápidos juegan!

Manuel agradeció a José Raúl su comentario y cuando todos pensaban en nuestra novena jugada, observé con curiosidad a Manuel que en ese momento, estaba como absorto en sus pensamientos ; con la mirada perdida. Sonreía como si hablara con alguien, contuve la respiración para concentrarme mejor y miré en la misma dirección que lo hacía él. Si hablaba con algún etéreo ser, éste debió esfumarse o sencillamente yo no era capaz de ver las mismas cosas que ven los grandes genios.

Al recibir la octava jugada del otro equipo, nos concentramos todos intuyendo que nuestro ataque se intensificaría y la emoción, casi de forma osmótica nos invadía a todos. Comprobé que mis compañeros, se comunicaban casi telepáticamente. Las expresiones de sus gestos eran para mí como un natural y vivo algoritmo, mediante el cual, podían deducir y poner en común las jugadas que pensaban.

¡ Qué maravilloso equipo! ¡ qué potencial humano! ¡ qué grandes personas y genios me rodeaban! ¡ qué orgulloso me sentía de mis amigos!

Sólo por tantas emociones vividas en Neutralium con estos amigos, compañeros, genios y maestros; merecía la pena vivir; pero aún me quedan muchas más cosas por compartir con ellos.

Desde este lejano planeta, en el que el cansancio comienza ahora a invadir el reino de mi conciencia, me despido de los amigos . El sueño me transporta lejos de nuestra sala de análisis, cada vez mi torpe teclear es más lento y pierdo fuerzas para escribir y comentar las cosas que aquí suceden.

Espero despertar pronto, levantar el vuelo desde el suelo de mi querida Algeciras, donde ahora se ha trasladado mi alma; para volver al planeta donde aún está mi cuerpo, porque hay una partida que acabar , porque hay mucho en juego, y una parte de nuestro terrestre y común destino; está decidiéndose en una partida de ajedrez que transcurre entre dos cielos.
Quiero agradecer a todos los amigos de esta página las constructivas opiniones sobre este relato. Pero más que los comentarios, quiero agradecerles, que a pesar de leer mis tonterías; siguen siendo amigos míos.

“ Un sueño sólo puede triunfar sobre la realidad, si se le da la oportunidad” (Stanislaw Lem). “

"Me gusta la poesía porque a veces, me agrada ver la filosofía disfrazada de fiesta”. (Disculpad que esta frase no pertenezca a nadie interesante).


Aún siento el balsámico aire natal de mi querida Algeciras, mientras el viento de la vigilia; me regresa en cuerpo y alma a Neutralium. Paseo por los lugares cercanos a Tranquilitum, disfrutando de la armonía cromática del paisaje. Todo aquí es nuevo para mí, las formas de las cosas que veo, los colores , los olores... Constantemente mis sentidos perciben desconocidas sensaciones, pero basta que piense en algo que me agrada , para que aparezca ante mí, tal y como es en nuestro planeta.

He caminado mucho esta mañana, pensando en los amigos que están aquí conmigo, en la partida de ajedrez, en el destino de La Tierra; y me sobrecojo ante la responsabilidad que sobre nuestro equipo ha recaído. La hora del desayuno se acerca y acelero mis pasos hacia el comedor, para compartir café y charla con mis compañeros.

(Por cierto, quiero invitar a café a la amable lectora o lector que ejerza como tal en este momento).

Al acercarme al comedor, Pablo, Guillermo, Manuel y José Raúl; desde el oeste, el este , el norte y el sur respectivamente; aparecieron de pronto con grata sorpresa para mí, y juntos fuimos a desayunar. El ambiente que transmitían era fascinante, me pareció verles muy animados y como es natural, me contagiaron su entusiasmo. Desde una caprichosa dirección, Vera se acercaba a nosotros para compartir el desayuno. Una vez sentados advirtimos que nuestra compañera, llevaba sobre sus cabellos un coqueto y aromático jazmín. Como ninguno de nosotros padecíamos de anosmia, el grato perfume de la pequeña flor, nos invadió deliciosamente con su espléndida fragancia. Tanta gracia adornaba a Vera que Guillermo le dijo:

- No sabía que te gustaran los jazmines, ¿ dónde lo has encontrado?

Vera contestó a Guillermo:

- Pues estuve caminando y lo encontré, hay muchos por los paseos de los alrededores. Encontré uno y lo recogí ya que vosotros, no os habéis dignado a regalarme ninguno.

Cuando oímos las palabras de nuestra genial amiga, nos apresuramos y salimos corriendo hacía las avenidas de los aledaños; cada uno de nosotros queríamos ser los primeros en encontrar jazmines para ella. Pablo quiso salir por la puerta trasera, yo quise hacerlo por un ventanal, Jose Raúl por una escalera que daba a la terraza, Manuel llamaba a Optimus para pedirle algo, y Guillermo corría vertiginosamente por un pasillo lateral. Parecíamos niños jugando en el patio de una escuela, el revuelo era monumental. Vera tuvo que poner orden para centrarnos y deshacer la algarabía que habímos formado. Su voz sonó fuerte y clara y todos la oímos con nitidez.

¡ Caballeros por favor comportaos! ¡ deteneos!

Nos detuvimos todos atendiendo a sus deseos. Ella con su natural gracia nos regañó de forma que un poco avergonzados, nos echamos a reír comprendiendo que nos habíamos comportado como colegiales. Nos dijo que quería que fuéramos todos juntos por jazmines, como un sólido equipo. A cada uno nos regaló un caramelo, según nuestros gustos. Bromeando nos dijo que eran caramelos mágicos, especiales para para que no tuviéramos miedo del resultado de la partida. ¡Qué mujer tan inteligente! , no sé cómo dedujo que a mí me gustaba el caramelo con sabor a café.

Cuando regresamos volvimos con un enorme ramo de jazmines, y se lo regalamos con el gran cariño que Vera nos inspiraba a todos. Al recibir las blancas florecillas, nos dijo que deberíamos hacer un diseño floral para que la fría y destartalada sala de análisis, semejase un ajedrecístico jardín. .

A cada uno de nosotros , nos regaló un jazmín y con graciosa y potente voz dijo:

-¡¡¡ Una para todos !!! ¡¡¡ Y todos para una !!! , respondimos con energía y buen ánimo.

Todos irradiábamos alegría y Vera se sentía contenta de tenernos como amigos y como incondicionales paladines que daríamos la vida por ella. Guillermo tomó la palabra y dijo:

-¡Vamos a desayunar como seis mosqueteros! Que también de pan y café vive el hombre.

Creo que desde algún lugar del universo, en ese momento Alejandro Dumas nos sonreía.

Desayunamos como siempre, con gran apetito y con amena conversación, compartiendo experiencias y conocimientos entre chistes y risas. Mi felicidad no tenía límites, el paraíso del compañerismo y del ajedrez, tenía una ubicación en el espacio: el planeta Neutralium.

Mientras disfrutábamos del opíparo desayuno, observaba que Manuel de cuando en cuando escribía con rapidez, casi a hurtadillas, unas notas en un viejo cuaderno. Cuando ya nos dirigíamos a la sala de análisis para continuar la partida, Manuel tomando la palabra dijo:

- Escuchadme todos , he escrito un soneto y quiero que sea un regalo de todos para nuestra querida Vera. Me gustaría que nuestra musa lo leyera para nosotros.

Manuel entregó el soneto a nuestra compañera que emocionada comenzó a leerlo.

(Pétalos para Vera)

PARA AGRADAR A VERA CON LAS FLORES,

POR LAS PRISAS, FORMAMOS UN REVUELO

BUSCANDO FLORECILLAS POR EL CIELO,

HECHIZADOS POR PÉTALOS Y OLORES.

PARA ALEJAR CON MAGIA LOS TEMORES

DEL ENCUENTRO QUE TENEMOS POR DUELO,
                     GRACIOSA NOS OFRECE UN CARAMELO

TROCANDO NUESTROS MIEDOS EN VALORES.

VERA NOS ALIENTA CON DONOSURA,

DISEÑANDO PARAÍSOS Y JARDINES,

ADORNA NUESTRA SALA CON TERNURA.

SU BELLEZA SUPERA LOS JAZMINES,

LAS DEIDADES DISPUTAN SU HERMOSURA,

POR ELLA ¡ SOMOS CINCO PALADINES!

Al leer el soneto, Vera dijo a Manuel:

- Muchas gracias. Tienes alma de poeta, eres un mago de los versos.

Manuel encogiéndose de hombres, comentó graciosamente:

-Psssssssssss es un simple soneto, escrito con rápidez pero también con mucho cariño, y es que te queremos Vera.

Nuestra mimada compañera nos obsequió con un amistoso beso y dijo:

¡ Muchas gracias a todos¡ ¡ adelante mis paladines! ! vayamos en busca de la victoria!

Las palabras de Vera, provocaron el efecto deseado, el ánimo de ganar la partida aumentaba al compás de nuestros pasos hasta llegar a sala de ajedrez.

(Amables lectores si lo deseáis, puedo volver corriendo al comedor y traer cafés para invitaros, antes que nos enfrasquemos de lleno en la intrincada partida).

Una vez sentados ante el tablero común, teníamos que decidir nuestra novena jugada. Pablo y Guillermo como conductores principales del ataque , parecían muy seguros de la mejor continuación para nosotros. Los dos atacantes cómicamente fueron a coger la dama blanca al mismo tiempo, para situarla en la casilla de ( b3) cuando sus manos chocaron. Tanto Pablo como Guillermo estaban convencidos que (9.Db3) , era el movimiento preciso y el resto del equipo también. Comunicamos por lo tanto la jugada a Imparcialius y ahora debíamos esperar de nuevo. Mientras estudiábamos las posibles continuaciones del bando de Mensajerus, Guillermo opinó:

- A partir de ahora nuestros movimientos deberán ser tan intuitivos como precisos. Creo que todos pensamos que tenemos una posición ventajosa, pero perdonar que recuerde un famoso principio que ya formulé en “vida: “si no atacamos teniendo ventaja, ésta se nos volverá en contra. Pero debemos extremar el cuidado lanzando nuestra ofensiva, el resultado de esta partida ya sabemos todos que se decidirá mediante jugadas de ataque y contraataque; ¡ojalá nuestro ataque sea inexpugnable!

Todos estábamos de acuerdo con Guillermo, mirábamos el tablero y comprendíamos que nuestra posición era excelente. Parecía como si Mensajerus y sus compañeros, estuviesen jugando de forma engañosa en el sentido de hacernos creer que ganaríamos fácilmente. Esta posibilidad nos preocupaba, pues nos debatíamos entre la fría lógica que nos decía que podíamos ganar y el calor sofocante de la sensación que produce el hecho de no estar totalmente seguro de lo que va a ocurrir. Por esta razón, decidí explicar a mis compañeros lo que pasaba por mi mente:

-Idolatrados amigos, igual tenemos que cambiar la estrategia sobre cómo elegir nuestras jugadas. Si el resultado de la partida depende de la conducción ideal de nuestro ataque; propongo que todos penséis las jugadas desde el punto de vista de las blancas, de la misma forma que ya lo hacen Pablo y Guillermo. Cada uno propondrá una jugada y luego se contrastará con las de los demás; la más coincidente, será la jugada elegida. Todos nos centraremos en el ataque, es posible que de esta forma optimicemos los análisis.

José Raúl se mostraba de acuerdo con la propuesta y como los demás también parecían conformes, tomando la palabra dijo:

-Me parece muy bien la idea, hace ya algunas jugadas que no veo solución para el equipo de Ajedrezum, estoy harto de defender y se me apetece atacar.

Todos sonreímos y ante seis tableros, sentados al lado de las piezas blancas; nos dispusimos a encontrar las jugadas más enérgicas e incisivas que nos condujeran a la victoria. ¿Qué podría ir mal, qué trampa estarían preparándonos? , como no podíamos saberlo, decidimos confiar en nuestras propias decisiones.

¡Qué despistado soy ¡ no me había dado cuenta que en un ángulo de la sala, había una sofisticada máquina de café. Me di cuenta porque Vera me preguntó si ya la había visto... así de absortos estábamos todos en la partida. Mi admirada amiga, reía de buenas ganas al ver en mi cara, la más absoluta perplejidad.

(Amables lectores, como he localizado una máquina de café, aprovecho para invitaros).

Pasado un buen rato, nos comunicaron el noveno movimiento de Ajedrezum, avanzarón el peón de la casilla (d7) hasta la de (d5), para obstaculizar la fuerte batería que nuestra dama y el alfil de casillas blancas , ejercen sobre la importante casilla (f7) defendida solamente por el rey adversario. Esta jugada no fue sorpresiva para nosotros, por lo que los cinco genios coincidieron en capturar dicho peón de la casilla (d5). Abriendo de esta forma una importante columna central para que la torre de (f1) participara también en el ataque. Por tanto nuestra décima jugada fue (10. exd5).

Pablo se levantó del asiento y paseaba alrededor de los cinco tableros (yo analizaba también, pero con mi inseparable, pequeño y viejo tablero magnético, en el que a veces, mi hija Sara también juega a su manera), Pablo silbaba interpretando la sinfonía inacabada de Schubert; advertí que más que la posición de la partida, lo que no comprendía, eran otras cuestiones. Silenció la silbante música y dijo por fin:

- Amigos ¿qué quieren estos jugadores de Ajedrezum? , o no saben jugar , cosa que dudo mucho; o por algún misterioso designio quieren concedernos ventaja. No entiendo nada; no sé cómo van a neutralizar nuestro ataque ; ¿alguien lo sabe?, ¿qué pretenden?

José Raúl también se levantó meditabundo, tenía los brazos cruzados y no precisamente para adoptar una postura corporal defensiva. Se le notaba contento, sus pasos eran armoniosos igual que sus jugadas cuando era campeón mundial. Siempre me he alegrado que cuando este genio nació en mil ochocientos ochenta y ocho; a todos los efectos su nacionalidad era española, como esa isla que sufre tanto debido a los malditos intereses económicos.

Con su natural tranquilidad comentó:

- Estoy de acuerdo con Pablo, nuestra ventaja va aumentando aceleradamente, tampoco yo veo una defensa que neutralice nuestra iniciativa. Pero no creo que sea bueno para nosotros pensar en lo que pretende el otro equipo, nuestra tarea principal debe ser centrarnos en la partida. Nada debe desorientarnos, no debemos pensar en otra cosa que no sea atacar hasta llegar al jaque mate.

Como si tácitamente nos hubiéramos puesto de acuerdo, nos levantamos todos y paseamos por la diáfana sala de ajedrez. En ese momento tuvimos conciencia, que los jazmines que Vera había colocado, no sólo adornaban el entorno ajedrecístico sino que además nos traía recuerdos de nuestro planeta; a mí me hizo recordar los muchos patios de mi querida Algeciras, que en época de estío parecen acariciados por el intenso perfume de esta flor.

El ambiente era idóneo para hacer florituras ajedrecísticas. Tomamos café (los lectores estáis invitados), charlamos un momento y volvimos a sentarnos esperando la contestación del equipo de Mensajerus.

La décima jugada de las negras, no se hizo esperar, el caballo saltó de la casilla (c6) a la de (a5), nuestra dama y el alfil del escaque de (c4) , quedaron atacados simultáneamente por el corcel negro. Esta jugada (10 ...Ca5), no nos sorprendió en absoluto, de hecho ya la habíamos analizado. Me levanté un momento y miré a mis amigos, tuve curiosidad en ver cómo meditaban mis fantásticos compañeros, quise observar sus reacciones. Aunque eran personalidades muy distintas, comprobé cómo este quinteto de legendarios ajedrecistas, realizaban a la vez el mismo movimiento, como si se tratara de los cinco dedos de una prodigiosa y divina mano. Todos a la vez asieron la torre blanca de (f1) y dieron jaque con ella al rey contrario. Una vez que efectuaron la jugada, me miraron y al mismo tiempo, me sonrieron todos. Correspondí a sus sinceras sonrisas, llevándome la mano izquierda al corazón, para expresarles corporalmente el profundo aprecio que por ellos sentía.

En efecto, nuestra undécima jugada fue elegida unánimemente (11 Te1 +), un oportuno y efectivo jaque. La partida había llegado a un momento muy crítico, ahora más que nunca debíamos concentrar nuestras energías en el ataque.

José Raúl mirando a Manuel dijo:

- Esta jugada me ha recordado a una célebre frase tuya: ” mientras pueda dar jaque, no temo a nadie”. Por lo tanto no debemos temer a los jugadores de Ajedrezum.

Mientras esperamos la respuesta del otro equipo, decidimos salir a pasear para relajarnos y sentir la agradable brisa de Neutralium. No sabíamos la razón, pero los bellos paseos estaban todos cubiertos de exóticos jazmines de múltiples colores.

Pablo bromeando le dijo a Vera:

-¿Querida Vera, qué has hecho?, tienes a todos los habitantes de Neutralium a tus pies.

Optimus apareció ante nosotros como por casualidad y nos preguntó:

- ¿Os parece bien que haya decorado nuestras calles?, espero que sea de vuestro agrado.

Como es natural agradecimos al siempre atento Optimus las molestias que se tomaba para contentarnos.

Poco tiempo después, regresamos y al entrar a nuestra sala, nos llegó la undécima jugada del equipo de Mensajerus, (11...Ae6), cubriendo al rey del jaque y aprovechando que nuestra dama estaba amenazada, atacaban así nuestro importantísimo peón de la casilla central de (d5).

Esta jugada, la habíamos sopesado como una de las posibles continuaciones , pero una vez confirmada como la elegida por el otro equipo, la emoción nos invadió.

¿Qué debíamos hacer retirar la dama y perder fuerza en el ataque o buscar otra alternativa que potenciara la actividad ofensiva de nuestras piezas? ¿retirar la dama o no retirarla?, ese era nuestro dilema.

Me dirigí a mi tablero magnético como si nuestras vidas dependieran de la jugada que teníamos que hacer, y llegúe a una conclusión al hallar una jugada que me pareció exacta y brillante. Sólo faltaba que mis geniales compañeros, decidieran hacer el movimiento que yo estaba pensando y deseando.

La voz de Vera se expandió por toda la sala, preguntando al equipo si estaban dispuestos a romper el nudo gordiano de la partida.

-¿Nos atrevemos o no?

Todos se levantaron se dirigieron hacia nuestra querida musa y volvieron a gritar:

- ¡¡¡Todos para una! !!

Vera con entusiasmo respondió:

-¡¡¡Y una para todos!!!

Pude comprender que todo el equipo, estaba decidido a realizar una extraordinaria jugada. Yo deseaba ardientemente que coincidiera con la que yo pensaba . Recordé unas sabias palabras de José Raúl, según las cuales, los campeones siempre tenían suerte. ¿Será cierto lo que decía Vera, que los dioses siempre ayudan a los audaces? Mi mente no paraba de pensar, de hacer elucubraciones, de teorizar y el cansancio comenzaba a hacer estragos . Mis energías iban disminuyendo, el sueño se apoderaba de mí.

Miré los jazmines de la sala, sentía la fragancia de estas diminutas florecillas blancas y me adormecía paulatinamente. Con el pensamiento me transportaba hacia mi ciudad natal, el pueblo de mis sueños. Recuerdo que mi último deseo fue éste: ¡ojalá mi jugada coincida con la de mis compañeros! Pero no lo sabré hasta que vuelva a despertar.
He comenzado a despertar en Algeciras y he terminado de tomar conciencia en Neutralium. La mañana es muy apacible, no sé si aquí es primavera, pero desde que a Optimus le dio por sembrar flores de todo tipo; las avenidas de este pacífico planeta parecen estallar de colores y perfumes.

Camino sin rumbo fijo, confiando más en mis pies que en mi cabeza. Me tranquiliza saber que en caso que me perdiera, bastaría pensar en Tranquilitum, en Cafeterium o en la sala de análisis, para encontrar a mis compañeros. Meditaba si sería cierta la cita de aquel general cartaginés llamado Anibal, según la cual, las victorias siempre las obtenían los que jamás dudaban. Como no me gustan mucho las citas de los que hacen la guerra, mi pensamiento se desviaba hacia cuestiones más pacíficas.

Nosotros deseábamos una paz universal que reinara en todo el cosmos. Ése era nuestro principal objetivo, y por eso jugábamos la partida con tanta concentración, pero también lo hacíamos por amor al ajedrez.

El aire puro de este planeta, siempre me hacía pensar que hubo un tiempo en que en el nuestro, también era un maravilloso placer el simple hecho de respirar.

Sentía cada vez más ganas de reunirme con mis amigos. La hora convenida para desayunar se acercaba y mis pasos me condujeron hacia Tranquilitum y más concretamente hacia la cafetería.

Desde cada punto cardinal, aparecieron los cuatro primeros componentes del equipo y luego Vera apareció como por encantamiento, sin saber bien de qué dirección. Pero lo importante no era de dónde, sino más bien el cómo y el porqué. La alegría que me produce compartir café y conversación con mis memorables amigos; no puedo describirla.

Esta mañana todos irradiaban una alegría especial. Me parecía verlos seguros y contentos y casi más dicharacheros que nunca. Prolongamos la charla, como si no tuviéramos prisa por llegar a la sala de análisis. Nadie hablaba de la partida y yo estaba impaciente por saber si nuestra última jugada, coincidiría con la que yo había pensado. Manuel y José Raúl, contaban chistes y todos carcajeábamos hasta desternillarnos de risa. Decidí no preocuparme más por la partida; cualquiera que fuesen el resultado y nuestro destino, estaría orgulloso de compartirlos con mis compañeros.

¡ Qué torpeza la mía! , aún no he invitado a café a quién en este momento esté leyendo.

La alegría de nuestro equipo parecía no querer terminar y por mi parte podría eternizarse, pero por otro lado teníamos un compromiso con los jugadores de Ajedrezum y debíamos enviar nuestro duodécimo movimiento. Sin prisas volvimos a servirnos otra taza de café, sólo me preocupaba divertirme a carcajadas con el portentoso sentido del humor de mis amigos; tenía la total seguridad que dicho sentido sólo podría ser una manifestación del prodigioso talento que poseían.

De repente mis queridos contertulios me miraron casi compasivamente, pero como sus delatadoras sonrisas aún no se habían desdibujado; pude respirar con tranquilidad. Pablo me preguntó:

- ¿ Estás preparado para soportar la tensión final de la partida?

- Para lo único que no estoy preparado es para perderme el desenlace. Con vosotros como conductores de la partida , no temo a nada. Respondí.

José Raúl con su habitual amabilidad, propuso que nos acercáramos a la sala de análisis. Aún no habíamos llegado y un tenue olor a jazmín nos invitaba a entrar en la sala.

Una vez allí, nos sentamos cada uno ante su tablero, todos conduciendo las blancas, debíamos consensuar nuestra decisiva jugada. Otra vez el dilema ante nosotros, apartar la dama o no apartarla del ataque del caballo contrario. Retirarla de la amenaza del equino del otro bando, era perder tiempo para atacar y quizás perder para siempre la única oportunidad ofensiva que disponíamos. Por otro lado si el ataque no nos condujera al éxito, perderíamos irremediablemente la partida pues jugaríamos sin el potencial ajedrecístico de nuestra dama. Comencé a recordar que yo ya había pensado la jugada y si por mí fuera continuaríamos con el ataque, a pesar de la gran pérdida de material que supondría perder tan valiosa pieza. Sí, yo estaba decidido, y con arrojo pensaba en quemar nuestras naves, capturando el alfil que defendía del ataque de nuestra torre al rey contrario. Por lo tanto, tomé el alfil de la casilla (e6) con mi peón de (d5). Sólo quedaba esperar qué harían mis compañeros y decidir de una vez tan decisivo movimiento. Me esforzaba en intentar profundizar y llegar a la esencia de la posición y cada vez lo tenía más claro: ¡nuestro ataque era imparable! ¡ ganaríamos la partida!

Había algo que no comprendía y me daba quebraderos de cabeza. Si la partida estaba decidida, ¿por qué mis compañeros, que eran genios del ajedrez, no expresaban la alegría de vencer?, esa pregunta me atormentaba, ¿ qué estaba ocurriendo? Decidí saber qué pensaban, me levanté del asiento, me volví para mirar a mis amigos y con gran sorpresa, observé que todos levantados, me miraban sonriendo y me dijeron al mismo tiempo.

 - ¡Enhorabuena!, ¡ el sacrificio de dama es victorioso! Mi alegría era astronómica, no podía creer lo que ocurría: habíamos vencido con una miniatura de partida a todo un avanzado equipo de ajedrez, de un planeta llamado Ajedrezum.

En mi aturdimiento, pedí a mis compañeros que me asistieran en el análisis de lo que a mí me parecía una combinación lineal y no muy difícil de calcular. Antes que nada enviamos nuestra jugada (12 dxe6). En efecto todos a la velocidad del rayo, me mostraron sobre el tablero común, la secuencia exacta del desenlace de la partida. Guillermo con una sencillez convincente, comentaba lo que sucedería en la partida.

- Ahora a la respuesta (...12 Cxb3) , capturando la dama para no quedar con pieza de menos, nosotros seguiremos con (13 exf7 jaque) y la única jugada posible ante este jaque doble, será (...13 Rd7), pero continuaremos atacando con (14 Ae6 jaque), ahora la única opción que les queda es (...14 Rc6). Guillermo parecía conocer muy bien la posición y afirmaba que efectivamente, era una combinación lineal de mate. En este momento debemos seguir con (15 Ce5 jaque), y ahora como es fácil comprobar sólo les queda (15...Rb5), entonces volveremos a jaquear con nuestro alfil de casillas blancas (16 Ac4 jaque) y aunque tienen dos opciones para mover su rey, prácticamente nos da igual, pues tanto si va a la casilla (a5) como a la de (a4), nuestras jugadas serán dar siempre jaque; produciendo un inevitable jaque mate en dos jugadas. Por ejemplo si jugasen (...16 Ra5), entonces jugaremos (17 Ab4 jaque) y ante la única jugada posible (...17 Ra4), jugaremos (18 axb3 ¡jaque mate!) y si jugasen (...16 Ra4), decidiremos con (17 axb3 jaque) ante la obligada (...17 Ra5) , sólo nos resta jugar por ejemplo (18 Ab4 ¡jaque mate!).

Agradecí a Guillermo la exactitud de sus análisis y dirigiéndome al equipo dije:

- Admirados amigos y compañeros, ¿no os parece que todo ha sido muy intenso, pero al mismo tiempo fácil?

Todos asintieron y quedamos absortos en una breve pero profunda reflexión. Finalmente Manuel, tomó la palabra y dijo:

- Compañeros lo que nosotros teníamos que hacer, ya está hecho y sea cual sea el motivo por el que ellos han jugado de esta manera, muy pronto lo sabremos ; ajedrecísticamente no hay nada que temer, la partida como hemos visto, esta decidida a nuestro favor.

Propongo dar un paseo por los alrededores, mientras esperamos la jugada de Ajedrezum; pero antes quiero que llenemos otra vez nuestras tazas de café y brindemos por nuestra victoria.

Llenamos las tazas y los cinco gigantes del equipo, formaron un círculo proporcionado de setenta y dos grados entre jugador y jugador; iban a levantar sus tazas, cuando Vera dijo:

- Un momento amigos, no me salen bien las cuentas, no debe haber entre nosotros setenta y dos grados sino sesenta; ¿qué ocurre?

Manuel dirigió hacia mí su mirada y me dijo.

- ¿Cuándo te vas a sentir como uno más entre nosotros?, queremos que te acerques a brindar, ¿o acaso no eres del planeta Tierra?

Con mi taza en la mano respondí a Manuel:

- Perdonad amigos que sienta tanta admiración por vosotros, sois los verdaderos artífices de la victoria, y...en situaciones así, no me siento con derecho a estar entre vosotros.

Mis compañeros , me miraban entre tristes, sonrientes y extrañados por mi actitud. Pero antes que me dijeran nada, me acerqué al círculo que habían formado, pidiendo disculpas y todos a la vez levantando nuestras tazas gritamos:

- ¡¡¡ Por Caissa!!!

Salimos a dar un paseo y en mi interior me sentía la persona más feliz del universo. No podría precisar si caminaba o flotaba. La sombra de una duda me asaltaba a veces, pues no sabía si con mi actitud de no acercarme a brindar espontáneamente con mis compañeros, provoqué en ellos algún malestar; pero confiaba ciegamente en que me comprenderían. Paseábamos cerca del lugar donde estaba esa placita parecida a la de Algeciras. Me separé un momento del grupo y me acerqué a la fuente de la plaza. Un coro de ranitas de bellísima cerámica, rodeaban como queriendo adorar la musical agua que caía en elegante cascada. Me sentí por un momento como si estuviera en mi ciudad. Intuitivamente quise despedirme de Neutralium.

Durante los escasos minutos que estuve contemplando la plaza, perdí de vista a mis amigos. Entonces pensé en ellos y mis pasos me condujeron a una acogedora terracita, donde estaban reunidos.

Amables lectoras o lectores, como seguramente tomaremos café, me gustaría invitaros.

Al acercarme pude ver con más claridad a mis compañeros; pero no estaban solos; con ellos pude distinguir a Optimus y a Imparcialius. Conforme más me acercaba, más claramente, como es natural, pude ver a los componentes de aquella curiosa reunión. Para mi sorpresa pude advertir también que se encontraban presentes todos los miembros del equipo de Ajedrezum. Me alegraba de ver nuevamente a Mensajerus, Enrocus, Petreus, Atacus, Pacientius y a una nueva componente llamada Dulcineus, la cual se incorporó a su equipo al mismo tiempo que Vera lo hizo en el nuestro.

El ambiente era sensacional, todos conversaban animadamente y las risas se oían a cierta distancia. Las formas físicas de todos los participantes de Ajedrezum, se distinguían ahora con más claridad; eran como las mujeres y los hombres de nuestro planeta. Antes que pudiera saludar a todos, Optimus comenzó a interpretar una famosa polka del bohemio Bedrich Smetana y para mi asombro, ambos equipos por parejas, compartían jugadores para danzar con alegría.

Cuando llegué a la festiva terraza; Optimus cambió la música y como si lo hiciera en honor a mi entrañable Algeciras, hizo sonar unos acordes de guitarra de mi ilustre paisano, Paco de Lucía. Los primeros compases de un pasodoble, vibraron en el calmado aire. Vera se acercó y casi susurrando me dijo que invitara a bailar a Dulcineus. Mi timidez me impedía acercarme a la jugadora de Ajedrezum, pero Vera insistió apelando a su intuición. Me armé de valor, me dirigí a Dulcineus que se encontraba a pocos pasos de mí. Cuando quise reaccionar, ya estaba bailando con ella y más que nunca me sentí como en mi tierra. Miré a Dulcineus como pidiendo perdón por ser un compañero de baile tan patoso. Ella con tranquila voz me dijo que recordara que en Neutralium, sólo con pensar que era un buen bailarín, el deseo se cumplía. Me dejé llevar por la música y por los diligentes movimientos de mi compañera, que parecía portar una eterna sonrisa. Mi única preocupación consistía en no dar ningún pisotón a la que en esos momentos me parecía la mismísima Terpsícore y no hacer un estropicio ni en sus preciosos zapatos , ni en sus delicados pies. Cuando acabamos de bailar, agradecí a Dulcineus su amable y danzante compañía y le dije:

- Eres una simpática y habilidosa bailarina.

Ella graciosamente respondió:

- Pssssssss no es ninguna proeza y por cierto ¡enhorabuena! por vuestra victoria.

La sincera felicitación de Dulcineus, me devolvió a la realidad. Instintivamente busqué a mis compañeros y a Mensajerus, pues suponía que debíamos conversar, para saber si en efecto daban la partida por perdida y en ese caso, qué condiciones deberíamos elegir como las más apropiadas para el porvenir de nuestro planeta. Justo cuando meditaba sobre estas cuestiones, la música se detuvo. Aproveché este momento para saludar a todos los componentes del equipo de Ajedrezum, así como también a Optimus y a Imparcialius. En ese momento, un grupo de catorce personas (ya he comentado que ahora no aprecio ninguna diferencia entre ellos y nosotros), nos dirigíamos a la sala Conferencium. Una vez allí, del centro de la estancia, una gran mesa circular surgió del suelo, a su alrededor con una separación aproximada de veintiocho grados, aparecieron catorce magníficas sillas.

Imparcialius como juez de la contienda, tomó la palabra anunciando de forma oficial nuestra victoria y dirigiéndose a nosotros nos preguntó acerca de las condiciones que queríamos por haber ganado la partida. Todo marchaba demasiado deprisa para mí, quise reunirme con mis amigos para saber qué pensábamos como equipo. Manuel adivinando mis intenciones, propuso abiertamente que entre todos los presentes, decidiéramos lo mejor para nuestros intereses. La agudeza psicológica de Manuel, siempre ha producido en mí un efecto casi mágico y por lo que pude ver, también lo era para mis compañeros, ya que todos estábamos de acuerdo con su proposición. De todas formas, si las propuestas de los integrantes de Ajedrezum, nos perjudicaran, como vencedores, podríamos desecharlas. Para mi sorpresa, Pablo a pesar de su timidez, quiso que Mensajerus le despejara una gran duda.

- Estimado coordinador de Ajedrezum, durante el transcurso de la partida, hemos apreciado que varias veces habéis elegido las jugadas más complicadas para vuestro equipo, por eso me gustaría saber si realmente hemos vencido nosotros o por el contrario vosotros, habéis elegido perder.

Antes que respondiera Mensajerus, Guillermo, pidiendo disculpas le interrumpió.

- Estimado Mensajerus, pido perdón por hablar cuando no me corresponde, pero quiero reforzar lo que acaba de plantear nuestro amigo Pablo y quiero argumentar que la partida que hemos jugado contra vosotros; se jugó con mucha antelación en el año mil ochocientos sesenta y tres en Londres y lo sé con total exactitud porque es la misma partida que me enfrentó al terrícola Rock, es decir esta partida ya le he jugado dos veces. Me extraña que con vuestra sofisticada tecnología, no tengáis constancia de dicha partida. ¿Podrías explicarnos por qué razón habéis jugado de la misma forma que Rock?

Nadie de nuestro equipo, salvo Guillermo (que lo había ocultado), tenía noticias de esta partida. Pablo, con una sonrisa casi compasiva, miró a Guillermo, como queriéndole decir: ahora comprendo que siempre te adelantaras en la elección de las jugadas.

La voz de Mensajerus, sonó fuerte atravesando todos los rincones de la sala.

- Admirados Pablo y Guillermo, una vez que conocimos a todos los integrantes de vuestro equipo, estábamos seguros que ganase quién ganase el encuentro; llegaríamos a un buen acuerdo sobre la forma de incidir positivamente en los dirigentes políticos de vuestro planeta, a fin de evitar tantas guerras, y tanta contaminación, que de alguna manera a todos nos afectan. La partida, su desarrollo y el resultado no nos preocupaban mucho. Por eso hemos querido haceros un homenaje ajedrecístico, siguiendo los cauces de aquella fantástica partida. Pido ahora que intentemos llegar a un acuerdo, para que en el planeta Tierra, se produzca un cambio semejante al que se produjo en el nuestro, cuando aún nos llamábamos Guerrerum.

Cuando Mensajerus concluyó, Imparcialius nos presentó a un personaje que jamás habíamos visto. Se trataba de Conexius, el representante de la telepatía común de nuestra galaxia.

Una nuevo asiento apareció elevándose del suelo. Todas las sillas se separaron con una exactitud de veinticuatro grados con respecto al círculo que formaban. Conexius habló con claridad y elocuencia.

- Quiero saludar y expresar mi sincero agradecimiento a todos los que estáis reunidos en esta sala. Deseo haceros saber que la disposición de todos los coordinadores galácticos , siempre estará de parte de personas que como vosotros, deseáis que se produzcan cambios benefactores para el conjunto de los planetas del universo. Juntos podemos sentar las bases de un común entendimiento. Pensemos bien las condiciones que deseamos porque una vez aceptadas, debemos ser consecuentes. Quiero ahora que los vencedores, propongan las condiciones que consideren oportunas.

En este momento mis compañeros me miraron invitándome a proponer lo que ya nosotros considerábamos como lo más conveniente. Pero aunque yo era el coordinador del equipo, deseaba que fuese Vera, la que representando a nuestro planeta, hablara por nosotros; de esta forma también quise que todos supieran la razón por la que ella se incorporó a nuestro equipo. Cedí la palabra a mi admirada amiga y ella con la dulzura que le caracteriza, dio una vuelta a la mesa y caminando con tranqulidad, regaló a todos unos jazmines al tiempo que nos saludaba amigablemente con un apretón de manos. Cuando regresó a su asiento; expuso una declaración de principios y una responsable petición.

- Apreciados amigos, considero que todos los presentes, somos enamorados del ajedrez; por tanto no debo recordaros lo beneficioso que sería para todos los habitantes del universo, que las autoridades políticas, potenciaran el ajedrez como una disciplina muy útil para el desarrollo integral de las personas. Una ciencia, un juego, un deporte y un arte; que todos podemos aprender y practicar tanto si somos ricos o pobres, si tenemos buena salud o no, si somos niños o viejos, etc. No hace falta insistir que el ajedrez por su capacidad integradora es un magnífico recurso social.

También sería importante acabar con ese extendido mito de que el ajedrez, es sólo para inteligentes; esto no es así ( en este momento, temí que Vera me mirase), para jugar bien al ajedrez, sólo hace falta que nos guste.

He hablado con mis compañeros de equipo y estamos de acuerdo, que algo debemos hacer, y aprovecharemos vuestro apoyo para que en nuestro planeta, no haya tantas guerras ni tanta contaminación; por eso hemos de incidir en los gobernantes. Pero debemos hacerlo pacíficamente, pues la paz es nuestro común sentimiento. No habrá abducciones, no perjudicaremos a nadie ni a su entorno familiar.

Creo que estamos de acuerdo, que lo mejor será aplicar la ley universal llamada Perfectum y lo haremos conjuntamente, como así está estipulado entre los planetas habitados.

Vera saludando a todos, concluyó su intervención y pude advertir que los presentes le dedicaron una sincera sonrisa.

Conexius volvió a dirigir la asamblea y comunicó que una vez terminada la reunión, comenzarían a incidir en las voluntades de los dirigentes de todas las potencias terrestres.Tomando la palabra de nuevo, dijo:

- Apreciados amigos de nuestra común galaxia, estoy contento con la petición que Vera desea y ésta se cumplirá. Me comprometo a decir que en un plazo de diez años terrestres; el ajedrez ocupará un lugar de honor en las preferencias formativas y lúdicas de sus habitantes. De esta forma estamos seguros que se reducirán ostensiblemente el número de conflictos bélicos y la contaminación disminuirá notablemente. Este es nuestro compromiso, si nadie quiere agregar nada más, doy por acabada la reunión. Estáis todos invitados a una fiesta de despedida y una vez más ¡ enhorabuena a los vencedores!

Al término de esta asamblea, hubo un sentido silencio, como si todos deseáramos ardientemente que se cumpliera lo que Vera y Conexius, habían expuesto.

Como hacía tiempo que no tomaba café (aprovecho de nuevo para invitar a todos los que deseéis tomar uno), me dirigí meditabundo hacia Cafeterium para compartir también un rato de charla con los compañeros de ambos equipos.

Poco tiempo después la fiesta comenzó, todos parecíamos más relajados, más contentos y la comunicación era cada vez más abierta, más fluida. No había distinción ni de equipo ni de planeta y hablar con todos, era como siempre además de un placer, una fuente de conocimientos. Hablábamos, reíamos, jugábamos, bailábamos y la diversión parecía reforzarnos y alimentarnos como personas.

La fiesta acabó, nuestra misión como equipo de ajedrez finalizó, pero sabíamos que al menos a nivel telepático, estaríamos siempre conectados con seres de otros mundos a los que considerábamos amigos. Nos despedimos y Mensajerus al mando de la misma nave espacial con la que nos llevó a Neutralium, nos traía de vuelta a La Tierra.

Supongo que durante el trayecto de regreso, quedé dormido, sólo recuerdo que al alba de un espléndido día, desperté en el faro de la ciudad donde nací. La Luna llena, aún rielaba sobre las saladas aguas donde el Atlántico se abraza con el Mediterráneo. Mensajerus con amabilidad infinita, se despidió de nosotros. Con su nave en vuelo, dibujó un luminoso corazón que quedó reflejado sobre el mar; luego desapareció en el azul del cielo. Cinco haces de luz brotaron del precioso disco lunar, como una mano de luz quedaron definidos los caminos por los cuales Vera, Pablo, Guillermo, Manuel y José Raúl, después de abrazarme con inmensa ternura, lentamente fueron desapareciendo.

Cuando volví a recobrar totalmente la conciencia, deseé con todas mis fuerzas que todo hubiese sido real, esa maravillosa partida entre dos cielos y sobre todo que esos deseos por cumplir, se hicieran realidad. Desperté sobre la misma roca desde la que vi por primera vez a Mensajerus. El sol brillaba acariciando de luz todo lo que sus rayos tocaban. Caminé pausadamente regresando a la ciudad, los parajes de ese camino cada vez eran más familiares y más conocidos por mí. Conocía a la perfección tanto el tipo de fauna, como la vegetación; por eso no podía explicarme con exactitud, la razón por la que desde el bolsillo de mi camisa, delicadamente colocado, un ramito de jazmines, me regalaba su deliciosa fragancia.

Tres Culturas y un Misterio

Dedicado a mi prima Beli, la filóloga y poetisa universal y del Cerro Gordo (Algeciras), artífice de importantes cambios en mi vida, porque no siempre estoy de acuerdo con ella, pero siempre la comprendo y sobre todo por la memorable sangre que nos une. Gracias prima por tantas vivencias.
 
“Tenemos bastante religión para odiarnos unos a otros, pero no la bastante para amarnos.” (Jonathan Swift)
“El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir” (Albert Einstein)
“Yo creo en Dios, sólo que lo llamo naturaleza” (Frank Lloyd Wright).
“Si tantos practicantes de tantas religiones, creen que Dios lo es todo y está en todo lo que existe; ¿por qué casi todos los creyentes de casi todas las religiones, piensan que su forma de llegar a Él, es la única posible?”
“¿Sabe alguien por qué nos matamos en nombre de quien prohíbe matar?”
(Las dos últimas frases, las leeremos como si no tuvieran autor, así ni siquiera tendremos que disculparlo)
 
Desde Alicante, quizás empujada por el viento de levante o porque solicitaron su colaboración cultural; Beli regresó para pasar un veraniego mes en la ciudad que la vio nacer. Al día siguiente de su llegada, quiso visitar los parajes por los cuales se desarrollarían todas las actividades culturales.
La decidida filóloga y poetisa, dejó tras de sí al antiguo y entrañable Molino del Águila. Caminando con cautela sobre las resbaladizas piedras, cruzó uno de los pequeños arroyuelos tan comunes en esta parte del singular Valle del Cobre. Comprobó lo que   hacía tiempo, yo le había revelado. Sobre una lisa y escondida roca que semejaba una amplia losa, podía leerse (quizás grabada con martillo y cincel), la siguiente inscripción: “AQUÍ DEBAJO HAY UN TESORO”
Caminaba con premura por la zona cercana al nacimiento del río de la Miel, así llamado porque en otro tiempo eran muy abundantes las colmenas de abejas en ambas orillas a lo largo de todo su curso. Como estudiosa de las lenguas semíticas, sabía que los antiguos árabes cantaban a esta belleza fluvial, como inspirados por la magia de su caudal. Así lo demuestra el siguiente poema de Ben Abi Ruh, escrito en Algeciras en el siglo XII y titulado: El Río de la Miel
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Río de la Miel
 
“Detente junto al río de la Miel, párate y pregunta por una noche que pasé allí hasta el alba, a despecho de los censores, bebiendo el delicioso vino de la boca o cortando la rosa del pudor.
Nos abrazamos como se abrazan los ramos encima del arroyo.
Había copas de vino fresco y nos servía de copero el aquilón.
Las flores, sin fuego ni pebetero, nos brindaban el aroma del áloe.
Los reflejos de las candelas eran como puntas de lanzas sobre loriga del río.
Así pasamos la noche hasta que nos hizo separarnos el frío de las joyas.
Y nada excitó mi melancolía más que el canto del ruiseñor”.
Meditando sobres estos versos, la poetisa recordó que hubo un tiempo, hacia el siglo XI de nuestra era, que en Andalucía convivían armónicamente tres culturas distintas: la musulmana, la hebrea y la cristiana. Cada religioso tenía a su dios en su casa y la paz reinaba en la de todos. La sensible profesora pensaba que jamás debió romperse esa armonía.
Mientras meditaba acerca del poema de Ben Abi Ruh, Beli recordó que la esperaban en el llano llamado Los Tres Pinos. Allí tendría lugar una reunión de monitores y animadores socio- culturales, y aún distaba un buen trecho para llegar al lugar convenido.
El frescor de los frondosos helechos, acariciaban sus rápidos pies. Al pasar por la mítica fuente de Las Minillas, dejó correr el agua por sus brazos, refrescó su rostro y bebió copiosamente, como si bebiera la sagrada y líquida forma de la vida. Avanzó hacia el Molino de Escalona cruzando el pintoresco puente que con su romano arco parecía abrazar con pétreo mimo a las dos orillas del río. Contenta y maravillada ante tan hermosa arquitectura rural, se detuvo la poetisa, giró sobre sí misma mirando la naturaleza, quizás buscando nuevos poemas que una acariciadora brisa, suspendiera en el aire a modo de mariposas en cuyas alas estuviesen escritos los más bellos versos. La alegría que llenaba a la políglota en el puente, ponía de manifiesto que ésta no padecía precisamente de gefirofobia. Llenando sus pulmones con el saludable aire de la sierra, decidió continuar con celeridad el camino hasta Los Tres Pinos, para asistir a la reunión.
No le agradó que recayese sobre ella la dirección del proyecto cultural que comenzaría al día siguiente, la persona encargada de dirigirlo, se encontraba enferma y hubo que elegir alguien que la sustituyera.
La nueva directora del veraniego campamento; no supo oponerse a la decisión de sus compañeros y colaboradores. Dado que el campamento era de actividades culturales y sobre todo que se realizaría en su ciudad natal; al final la versátil algecireña para alegría de todos, aceptó coordinar toda la programación. Esta decisión fue un verdadero acierto, pues aunque no le gusta figurar en ningún cargo, su capacidad organizativa era toda una garantía de buen hacer. Además de velar por la buena marcha del campamento que tendría lugar en el parque natural “Los Alcornocales” en plena sierra de La Luna, la erudita Beli impartiría un breve y ameno curso de árabe que duraría todo el mes de Agosto. La reunión se realizó mientras desayunaban los asistentes a la misma.
(Aprovecho para invitar a café a todos los que seguís leyendo).
Entre otras actividades relacionadas con la ecología, la cultura y la tolerancia social, se impartiría también el curso de árabe de Beli. El curso de ajedrez, se desarrollaría al aire libre al atardecer aprovechando las frescas brisas de la sierra; para mayor disfrute de las hermosas vistas de la bahía de Algeciras. El contenido del curso sería seleccionado y dirigido entre mi buen amigo Esdras y yo, y por supuesto la metodología a seguir no sería otra que la participativa.
El primer día de campamento, lo comenzamos todos los monitores con optimismo y alegría. Desayunamos frutas, zumos, pan y café.
(Vuelvo a invitar a quien siga leyendo, espero que le guste el café).
Esdras que se encontraba con su amada Adriana, miraba casi hipnotizado hacia el mítico Pico del Fraile, monte en el que nace el Río de la Miel y lugar de enorme fuerza telúrica. Mi amigo con toda seguridad, recordaba con cierta nostalgia que en su juventud, llegaba corriendo hasta los pies de esta enorme roca; cuando se entrenaba para la prueba de maratón de las Olimpiadas de Montreal de mil novecientos setenta y seis.
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Peñón del Fraile
 
Beli acompañada de Josevi, su compañero y su preciosa hija Aitana, también miraba al mismo lugar; en realidad todos mirábamos hacia el mismo sitio; y como dicen que el movimiento se demuestra andando; decidimos organizar una caminata con todos los que gustasen del paseo hasta la rocosa cima. Como la noche anterior, Esdras y yo, habíamos preparado la sesión de ajedrez y Beli hizo lo propio con la suya de árabe; teníamos toda la mañana para pasear por la sierra. Cuando llegamos al Pico del Fraile, Esdras, que durante todo el trayecto había estado muy hablador, pareció enmudecer. Los recuerdos de otros tiempos parecía levantarse del suelo que pisaban sus pies tomando volumen y dando cuerpo a la añoranza. Para él , correr sin parar, desde la ciudad hasta el techo de la algecireña sierra; era lo mismo que si pudiera rodear el mundo corriendo sin parar. Sigo pensando que quizás hubiera ganado el maratón de aquella lejana Olimpiada. Cuando llegamos a la cima, sentimos algo de frío a pesar del calor del estío. Contemplamos absortos el fabuloso enclave de la bahía de Algeciras, el azul y salado cinturón líquido que nos separa de África y por supuesto el maravilloso mar de alcornoques que con sus perennes hojas, abrigan las laderas de los cercanos y verdosos montes que componen la sierra. Más abajo en el horizonte, divisamos el solidario acueducto que se construyó en Algeciras hacia el siglo XVIII para asegurar el agua potable en caso que la ciudad fuese sitiada. Los algecireños no queríamos que nuestra ciudad fuese robada y arrancada del territorio nacional de forma tan vergonzosa como el caso de Gibraltar.
Cuando descendíamos, notábamos que el aire puro, nos llenaba de fuerza vital. Al llegar al rústico albergue, nos dirigimos decididos a comer, tanto caminar nos abrió el apetito. Mientras devorábamos la comida, recordé el antiguo refrán que dice: “poca cama, poco plato y mucho zapato”; y no sabía hasta qué punto este dicho es cierto, quizás haga referencia a que es saludable gastar en ejercicio físico las calorías que consumíamos. Cuando comenté esta reflexión, Beli aguda y veloz como un rayo me advirtió que si comía mucho y no gastaba nada de zapato; seguramente al acostarme rompería la cama. Ante estas ocurrencias de mi prima, ¿qué otra cosa queda que no sea reír, se podía hacer? Nos despedimos hasta la tarde, para la inauguración de las jornadas culturales.
Adriana, Esdras y yo, habíamos quedado una media hora antes de la inauguración en la cafetería para ultimar algunos detalles. Cuando Esdras me vio llegar, dijo con toda amabilidad que conmigo la famosa cita sobre la puntualidad de Oscar Wilde, no tenía sentido, pues el genial y controvertido escritor irlandés, opinaba que la puntualidad era la menos necesaria de las virtudes, pues nadie estaba presente para comprobarla.
Tomamos café (aprovecho para invitaros de nuevo), cambiamos impresiones y nos dispusimos para ir a la improvisada sala de ajedrez que se preparó al aire libre bajo unos blancos toldos que refrescaban el ambiente. Frente a las filas de sillas con tablas abatibles para escribir, dispusieron un enorme y vistoso tablero mural con piezas imantadas, en el cual como es lógico, se explicarían las posiciones de ajedrez. Adriana nos dijo que le pareció muy curioso que las sillas sumasen un total de sesenta y cuatro y que estaban dispuestas como si cada una, fuese una casilla del tablero; es decir, ocho filas por ocho columnas de sillas.
Después de un rato de observar la diáfana sala de ajedrez, comenzamos a preocuparnos. Todo estaba sumido en un vespertino silencio. El techo de lona ondulaba vibrante acariciado por la brisa, como queriendo imitar el vuelo de una aventurera alfombra mágica que quisiera volar para contemplar el Estrecho de Gibraltar. Sólo el leve zumbido de los toldos perturbaba la preocupante calma que invadía la sala de ajedrez. Ante nuestras perplejas miradas no aparecía ningún alumno.
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Bahía de Algeciras
 
Dadas las circunstancias, le dije a Esdras que podríamos esperar que anocheciera para enseñar a jugar a los búhos del colindante bosque, pues es del saber popular, que por la forma con que miran estas nocturnas rapaces, parece que prestan mucha atención. Pensábamos que quizás hubo un error en la programación referente a la hora de inicio del ajedrecístico evento, porque nos constaba que las clases de ajedrez al aire libre, tuvieron una gran aceptación. Decidimos hablar con la coordinadora de actividades para que nos dijera si sabía lo que estaba ocurriendo. Marchábamos hacia recepción para preguntar por Beli, cuando de pronto quedamos extrañamente sorprendidos. Una especie de escaqueada y enorme sábana con cuadros rojos y blancos, avanzaba hacia nosotros. De inmediato supimos que se trataba de un ingenioso tablero de ajedrez; pero, ¿dónde estaban las piezas? Sorprendentemente comenzaron a salir debajo de la sábana ¡eran los participantes! Disfrazados de `piezas blancas y negras, nos saludaban, dispuestos a comenzar una partida viviente del mismo modo que se hace en muchas ciudades del mundo. Esdras me comentaba que por cuestiones de romanticismo, le gustaría ver la partida viviente que cada dos años se celebra en la italiana ciudad de Marostica.
¡Qué sorpresa! Sin previo aviso, la filóloga del Cerro Gordo, organizó este gratísimo acto de apertura. Beli conspiró con la monitora de actividades interculturales y con el monitor del taller de manualidades y creatividad y armó la batalla campal (nunca mejor dicho), que ahora teníamos que resolver entre Esdras y yo. Después de tanta tarea organizativa, no quedaba más remedio que seguir adelante con la improvisada y acertada presentación del curso de ajedrez.
Como monitores, estábamos encantados del inmejorable ambiente que se respiraba y cada uno conduciríamos un equipo de piezas. Echamos una moneda al aire para sortear los colores, Esdras llevaría las blancas, pero el resultado era lo de menos. Además en casi todas las partidas vivientes, lo habitual es que los contendientes reproduzcan para el público una partida memorable, para que todos aprendan y disfruten del arte del ajedrez, y como es natural, eso hicimos mi sabio amigo y yo.
El remendado y cosido tablero fue desplegado sobre la hierba. Los disfrazados participantes se colocaron cada uno en las casillas que correspondían a la pieza que representaban. De la cafetería trajeron dos altos taburetes para que sentados sobre ellos, divisáramos mejor el tablero, como si de un partido de tenis se tratara. Dada mi escasa estatura, solicité que me trajeran una escalera de los camiones de bomberos. La partida que elegimos para reproducir, finalizó en tablas tras un dramático y espectacular jaque continuo. Al concluir la partida todos nos sentíamos actores de un maravilloso teatro llamado ajedrez.
La primera sesión, estaba a punto de concluir, cuando tres participantes que también asistían a las actividades interculturales, dijeron a Esdras que por favor se acercara al magnético tablero mural. Esdras se encontraba junto a este trío de participantes, cuando cada uno de ellos se presentó. El hebreo, Elias Rubinstein, el musulmán, Ismael Abenámar y el cristiano Isidoro Blázquez, le entregaron una preciosa medalla de oro, con la siguiente inscripción: “Para Esdras, honorífico campeón olímpico de la prueba de maratón de las Olimpiadas de Montreal”.
Emocionado, nuestro campeón dio las gracias a todos. Expresó en su nombre y en el mío, nuestro común deseo de que el curso fuese ameno y didáctico para todos.
Nos despedimos de los participantes hasta la tarde del día siguiente. Por fin el campamento multicultural había comenzado, y lo hizo de una emotiva y participativa forma.
Lo que tampoco sabíamos Esdras y yo, es que al segundo día de curso, comenzaría un misterio que parecía muy difícil de resolver. Debajo del escritorio abatible de una de las sillas, apareció una nota con una serie de datos. Como el contenido de dicha nota, de alguna manera afectaba a todos los participantes, todos estarían muy ocupados en resolverlo. Pero como ya hemos dicho, todo eso ocurriría al día siguiente.
Compartir la docencia de nuestro milenario y apasionante juego con Esdras era muy gratificante. Mi paisano transmitía su devoción por el ajedrez con tal intensidad, que nos imbuía a todos de un solemne respeto por aprender y de una creciente animación por jugar.
Esdras y yo habíamos preparado una partida en la que cada uno comentaba en voz alta lo que estaba pensando y resultaba curioso que casi por "comprensión osmótica", todos los participantes, hacían eso mismo, participar con nosotros comentando las posibilidades de la partida.
Había comenzado el segundo día de las actividades de ajedrez. La tarde era muy agradable. Una suave brisa bajaba de las estilizadas y rocosas cumbres.
Mi insigne paisano, explicaba con su característica devoción , cuando repentinamente, disfrazadas de damas de ajedrez, Beli, Adriana, y la joven Aitana, acompañadas por Josevi que llegaba con atuendo de rey, aparecieron de repente como mágicas y espontáneas piezas humanas. Ante tan inesperada sorpresa, mi amigo y yo, decidimos detener nuestros comentarios cediendo la palabra al improvisado e inesperado séquito. Esdras no podía evitar la risa (esa risa que es tan necesaria para el ser humano) y contemplaba con admiración a su querida y mimética compañera, a la que saludó con una simpática reverencia.
La más joven de las tres damas, Aitana, con dulce y firme voz, comunicó a todos los participantes:
- Deseamos que lo paséis muy bien y que aprendáis mucho ajedrez con Esdras y Rafael. Queremos comunicaros que estéis atentos al número de vuestras sillas. Cada tarde aparecerá una nota que podéis cambiar en recepción, por lo que en ella aparezca escrito. Os agradeceríamos que miraseis bajo vuestros escritorios abatibles.
Cuando la pequeña reina calló, todos miraron bajo el escritorio y una joven llamada Berta, desde la tercera fila del fondo dijo:
-Aquí hay una nota que dice: has conseguido un peón blanco tallado en madera de fresno.
La "corte real" constituida por Beli, Adriana, Aitana y Josevi, invitaron a la afortunada Berta a canjear su nota por la pieza. La ganadora con cierta emoción dijo:
- Creo que lo normal es que ya no aparezcan más notas en un mismo sitio, ¿podríamos cambiar de asiento siempre que queramos?
Josevi respondió:
- Puede suceder que en una misma silla aparezcan más notas durante estos días. Por supuesto que podéis cambiaros cuantas veces queráis.
La sonriente Adriana, aclaró:
-Lo que no vale es que varios de vosotros os sentéis en una misma silla y tampoco que uno de vosotros os sentéis en varias a la vez.
Mi amigo Esdras reía con las ocurrencias de su compañera.
Beli comentó:
-Hemos preparado un juego que nosotros llamamos "El enigma de las sesenta y cuatro sillas". Si el misterio, ya sea de forma individual o colectiva, queda resuelto; regalaremos un juego completo de ajedrez tallado al descubridor o descubridores ¡Os deseamos mucha suerte!
La filóloga informó también que en lo sucesivo las sillas estarían numeradas del uno al sesenta y cuatro y que todas las tardes alguien de la organización anunciaría el número del asiento en el que aparecería la nota a canjear por el trebejo.
Los tres amigos, Elías, Ismael e Isidoro se miraron con complicidad, como si estuvieran pensando lo mismo, y no era otra cosa que en resolver el misterio entre los tres. El enigma estaría resuelto en el caso en que ellos comunicaran con antelación a los organizadores, el número de la silla que esa tarde sería premiada y en consecuencia los números de las sillas que serían premiadas en las sucesivas tardes.
Apenas terminada la vespertina sesión de ajedrez, los tres amigos, se acercaron a Esdras preguntándole si podrían hablar con él. Amablemente mi paisano les comentó que siempre que quisieran preguntarle algo o simplemente hablar con él, podrían hacerlo sin que le pidieran permiso. Cuando Elías tomó la palabra, lo hizo con mucho tacto y habilidad y como no queriendo molestar, preguntó a Esdras si sus preferencias ajedrecísticas, en particular sus jugadores favoritos, tendrían algo que ver con el orden de las sillas que iban a ser premiadas.
A su vez, Esdras que siempre que hablaba de ajedrez se emocionaba, preguntó al trío:
- ¿Imagináis que el conjunto de los asientos, son un tablero de ajedrez, en el que se va a desarrollar una partida?
Los curiosos amigos asintieron. Esdras les dijo que él pensaba lo mismo, pero que si se desarrollara una partida, él nada tendría que ver con la misma. El algecireño comentó que del misterio sabía lo mismo que ellos, prácticamente nada. Sonriendo preguntó a Elías.
-¿Si yo por ejemplo dijera algunos nombres de los ajedrecistas que me gustan, vosotros trataríais de buscar partidas de ellos, para intentar por la continuación de las jugadas adivinar la secuencia de las mismas?
Ismael, sonriendo dijo:
-¡Qué "profe" más listo eres! Pero no nos ayudas mucho.
Esdras con total asertividad, les comentaba que tampoco podría decir nada verdaderamente relevante. Por otro lado si él formara parte de la organización sobre el enigma de las sesenta y cuatro sillas, no podría darle ventaja a nadie respondiendo a preguntas sobre dicho tema.
Isidoro comentaba que si estaban en un contexto ajedrecístico, el problema sería dar con el orden exacto de las jugadas de una partida en concreto.
-Pues entonces tendréis que tener paciencia y esperar unos días, quizás una semana, dijo Esdras.
-¿Por qué?, preguntó Elías
Porque hasta ahora sólo hay una jugada de las blancas y como sabéis, muchas partidas comienzan con la misma apertura. Habrá que esperar por lo tanto hasta ver dónde la supuesta partida difiere de las demás.
La conversación me pareció interesante, y yo que estaba cerca tomando un café (aprovecho para invitar a quien siga leyendo), decidí unirme a ella, preguntando.
-¿Sabéis cuál ha sido la primera jugada de las blancas?
Isidoro contestó.
- Si damos por sentado y de forma definitiva que se va a reproducir una partida de ajedrez, no hay duda que la primera jugada de las blancas, ha sido mover el peón de la casilla b2 a la de b3. La silla donde estaba sentada Berta correspondería sin duda a la casilla b3, por tanto la apertura elegida es la Larsen.
Elías opinó.
- Pues hemos tenido suerte, porque con esa apertura, hay menos partidas a investigar que si se hubiera avanzado un peón a la casilla e4 o d4 por ejemplo.
Un señor que de repente, casi sin ser visto, se acercó a nosotros, comentó.
-¡Cómo cambian los tiempos! Hubo una época en la que en lugar de decir apertura Larsen, hubiéramos dicho apertura Pequeño Orangután.
Esdras se volvió y mirando hacia atrás, exclamó con alegría.
- ¡¡ Andrés!!
El erudito profesor de ajedrez, nos presentó a su suegro, que quiso darle una sorpresa visitándole.
Ismael de forma sutil, preguntó a Andrés.
- Parece que usted sabe bastante de ajedrez y como intuyo que su yerno, divagará en la respuesta, quiero preguntarle algo. ¿Si yo jugara la apertura Pequeño Orangután, como usted la llama, qué me contestaría?
Andrés sonriendo contesto.
- No creo que Esdras sea un divagador (risas), lo que no quiere, por su forma metódica de proceder es confundiros; pero yo, que soy menos analítico en mi forma de comprender el ajedrez, colocaría sin dudar para las negras un peón en la casilla central de e5. De hecho es una de las jugadas más usuales.
Esdras entre pensativo y divertido, hablaba como para sí mismo... - de modo que soy un divagador.
Reímos y antes de despedirnos nos pusimos de acuerdo con Beli y toda "la corte real" para la caminata por la mañana al Pico del Fraile, a la que también vendrían los tres investigadores de las tres culturas.
La tarde cedía su tenue claridad a la noche, decidí dar un paseo por los alrededores después de cenar. Cuando salí del comedor, pude ver a través de sus amplias ventanas que Esdras y Adriana hablaban animadamente con Andrés, lo mismo que hacían en otra mesa Beli, Josevi y Aitana.
Me acerqué sin ninguna idea preconcebida al sitio donde se impartía el curso. Las calladas sillas que representaban el tablero de ajedrez, semejaban un patio de butacas de uno de esos cines de verano a los que yo de niño solía ir. A través de los árboles, la luna comenzaba a brillar como queriendo derramar su luz sobre los asientos y sobre el tablero mural, que ahora con el reflejo lunar, parecía estar presto para una extraña función nocturna. Me senté un rato sobre la silla donde unas horas antes se había sentado Berta. Centré la mirada en el amplio y perpendicular tablero, que compartía con Esdras para las explicaciones de las jugadas. El aire traía fragancias de damas de noches y jazmines. El ulular de una cercana lechuza arrullaba el creciente frescor de la noche. Me levanté de la silla para continuar el paseo y justo en ese instante, la nocturna ave se elevó sin hacer ruido para alcanzar las copas de los alcornoques. Me detuve un momento, me acerqué al asiento donde había estado aquella maravilla de blancas plumas y pude darme cuenta que se correspondía con la casilla e5. Una de las jugadas más naturales y conocidas contra la apertura Pequeño Orangután ¿Era una extraña premonición, sabrían las lechuzas jugar al ajedrez? Lo cierto es que sobre la silla que Andrés hubiera vaticinado, hace apenas unos instantes, una hermosa ave de buen agüero, parecía compartir conmigo la magia de ese mundo misterioso llamado ajedrez.
Una voz con tono familiar, sonó detrás de mí preguntando.
-¿Podemos compartir contigo la partida en la que piensas?
Era Andrés que venía acompañado de Esdras y toda "la corte real". La noche era muy agradable, y Andrés es de esas personas, atentas, cultas, amenas y divertidas; con las que da gusto conversar.
Contesté que siempre sería un placer para mí reunirme con personas tan entrañables. Charlamos sobre cosas que tienen que ver con la sociedad, de esos cambios que a veces no sabemos bien, si son o no beneficiosos, pero que forman parte de la vida de nuestra historia.
Las estrellas de la noche, lucían como si representaran la eterna luminosidad del universo.
Cuando hubo terminado el paseo, entramos en el albergue y en la sala de estar, tres inseparables amigos, atentos a un tablero de ajedrez, reproducían una histórica partida, que Esdras recordó al instante. La joven Berta se había unido al pequeño grupo de los jóvenes. La fascinación por el ajedrez era el común denominador de todos. Esdras invitó también a Berta al matutino paseo y como todos aceptaron de buenas ganas; Esdras les recordó que pronto deberían retirarse para descansar, lo cual no aceptaron tan de buenas ganas. Teníamos que velar por las normas del albergue y ya era hora de descansar. Pero el grupito de jóvenes, no parecía tener ganas de retirarse, tan afanados estaban en resolver el misterio que tenía que ver con una partida de ajedrez, tan absortos estaban, que el tiempo parecía transcurrir en veloces relojes que aceleraran las horas.
La filóloga del Cerro Gordo, ofreció al trío unas copias con comentarios sobre la escuela de traductores de Alfonso X el Sabio, en las que se apreciaban trabajos sobre posiciones de ajedrez. Abiertamente Beli, comentó que siempre que los veía unidos, se alegraba mucho pues se acordaba de cuando las tres grandes culturas de occidente, vivían en armonía.
Como directora de actividades culturales, recordó a los jóvenes que Esdras llevaba razón, que ya era hora de dormir.
Mientras todos nos retirábamos para descansar, sobre el lugar donde se impartía el curso, bañada de claridad lunar, una "ajedrecística lechuza" revoloteaba sobre las desiertas sillas ¿Se detendría sobre el asiento que mañana por la tarde sería premiado?
Puntuales como el sol que se levantaba por la algecireña bahía, todos los congregados para la matutina caminata, nos pusimos en marcha. Orientamos las miradas hacia el Pico del Fraile y comenzamos el pedestre ascenso.
El astro rey se elevaba detrás de nosotros y en algún momento sin saber por qué razón comenté que muchas civilizaciones le otorgaban un poder divino. Este inocente comentario propició que los tres amigos conversaran sobre sus respectivas religiones. Los comentarios aumentaban como por inercia en intensidad sonora, cada uno de los miembros del fraternal trío, esgrimían sus argumentos religiosos y aunque imperaba el respeto, el tono de voz de los muchachos semejaba un ruidoso caudal de un torrencial que se despeñara por el valle, formado por tres devotos afluentes. Cuanto más se alteraban, menos se comprendían, cuanto más elevaban las voces, más distantes entre sí parecían. Lo que comenzó siendo una simple conversación para cimentar los pilares de una buena comprensión, había derivado a algo semejante al pasaje bíblico de la Torre de Babel.
Berta, que también nos acompañaba, dijo con gracia y oportunismo.
- ¡Chicos no os matéis en nombre de quien os prohíbe matar!
Esta sana advertencia zanjó de golpe la discusión y los tres jóvenes se miraron sonriendo.
La voz decidida y alegre de Aitana, nos contagió de entusiasmo.
¡¡¡ Frambuesas!!! ¡Vamos por ellas que os haré una deliciosa tarta de frambuesas y queso!
Me hallaba inmerso en mis reflexiones, tan absorto estaba por el posible desarrollo de la enigmática partida, que torpemente pude reaccionar preguntando.
- ¿Tarta, he oído tarta?
- Has oído bien. Contestó Aitana mientras corría hacia las zarzamoras que se alineaban a ambos lados del sendero.
Cogimos tantas frambuesas como pudimos para hacer tartas y compartirlas con los participantes del curso de ajedrez.
Al reanudar la marcha, observé que Esdras cogido de la mano con Adriana, miraba la altiva roca como queriendo alcanzarla con la mirada. No podía evitar que un destello de cierta nostalgia cruzara su semblante, lentamente una tenue sonrisa brindaba brillo a su expresión, quizás porque la lejana peña como una extraña esfinge, le enviara este mensaje: Esdras tu voluntad ha sido y es tu verdadera fuerza.
Por fin alcanzamos el pétreo objetivo. ¡Qué delirantes vistas de la bahía de Algeciras y del estrecho de Gibraltar, qué belleza natural !
Extasiados por todo lo que veíamos, todos permanecimos un buen rato en silencio, como rindiendo verdadero culto a la diosa naturaleza. Nos sentamos sobre las piedras, charlamos mientras descansábamos y tras una media hora decidimos regresar al albergue para llegar a tiempo al comedor. Había que prepararse para la sesión de ajedrez por la tarde.
Berta, Ismael, Isidoro y Elías elucubraban sobre la posible jugada de las negras. Sospechaban que la silla premiada sería la correspondiente a la casilla (e5), o tal vez a la (d5), quizás a la (f6), pues eran las respuestas más frecuentes del bando de las negras contra la apertura Larsen o Pequeño Orangután; pero el cuarteto por consenso, le comentó a Beli que hasta que no estuvieran totalmente seguros de qué partida se trataba, no se cambiarían de sillas.
Llegamos a la hora justa de comer (cualquiera cuando hay hambre) y en la sobremesa mientras tomaba café con los compañeros (si sigues leyendo, quiero que sepas que estás invitado a café), miraba a través de los cristales y centré la mirada sobre la silla correspondiente a la casilla (e5) y se me vino a la memoria una famosa partida que el desaparecido gran maestro y ex-campeón mundial Tigran Petrosian alaba mucho en uno de sus artículos del buen libro "Ajedrez en la Cumbre". Estuve a punto de sacar un tablero y comentar la partida que estaba evocando, pero Beli me sugirió que mejor no lo hiciera, porque seguro que daría muchas pistas. Entonces me alegré de no haber dicho los nombres de los dos grandes maestros que jugaron la partida a la que el gran Petrosian tanto había elogiado. En este punto, todos los comensales, nos dimos cuenta que la partida a descifrar era cosa de la erudita filóloga.
La atención de todos y las miradas, oscilaban entre la profesora y yo, pero como nos veían a mi prima y a mí mover negativamente la cabeza, los muchachos desistieron de la idea de hacernos preguntas sobre la partida. Pero aún así, sabíamos que los miembros del joven grupo, observarían en lo sucesivo todo lo que hiciéramos durante las clases de ajedrez. Beli me miró y con los ojos me decía: - ¡tú calladito!
Pasaron algunos días y tras la primera casilla premiada (b3) les siguieron las de: (e5), (b2), (c6), (c4), (f6), (f3), (e4), (d4) y (c5)
El lector o lectora que posea nociones de ajedrez, habrá advertido que las jugadas de "la partida fantasma" que hasta ahora se han desarrollado, son las siguientes: 1b3 e5 2 Ab2 Cc6 3 c4 Cf6 4 Cf3 e4 5Cd4 Ac5.
Los agraciados participantes como tocados por la magia de la diosa fortuna, comenzaron a formar un grupo de personas que tenían algo en común que celebrar; pero para Elías, Isidoro, Ismael, la cuestión de resolver el enigma era casi una cuestión de principios; y a estas alturas suponían que tenían ya bastantes datos para deducir de qué partida se trataba. A este equipo de amigos se le sumó en complicidad e interés por la solución del enigma, la astuta Berta que parecía congeniar muy bien con Elías.
Durante la última sesión de ajedrez, bandadas de jilgueros adornaban el cielo que nos cubría, de forma intermitente según batían sus alas, unos abanicos de plumas parecían acariciar con alegres colorines el aire que respirábamos.
Esdras nos deleitaba explicando la importancia que tiene la toma de decisiones en ajedrez. Cuando acabó la clase, observé que el cuarteto de amigos se retiraba con rapidez, como si de repente tuvieran algo urgente que hacer. Desaparecieron de mi vista en cuestión de segundos y sentí verdadera curiosidad pues parecían personas que quisieran ocultarse de la vista de los demás. Al poco tiempo aparecieron para pedir permiso a Beli para dar un paseo. Josevi que estaba con Beli se extrañó al igual que los demás organizadores incluso Aitana advertía algo raro en tal petición, ¿qué tramaban estos jóvenes?
R11 3BahiaComo ya era costumbre, Beli, Josevi, Aitana, Adriana, Esdras y yo, tras las sesiones vespertinas de ajedrez, dábamos un paseo antes de ir al comedor y como alguna tarde los muchachos nos acompañaban, los echábamos de menos.
Yo preguntaba a mi paisano, ¿qué método docente aplicaba para mantener en verdadero vilo hasta el final a todos los participantes? En realidad no tenía métodos ni técnicas que no conociera cualquier docente, era la propia personalidad de Esdras, un don congénito, que se tiene o no se tiene y un enorme deseo de transmitir y compartir conocimientos. Lo cierto es que era un verdadero placer colaborar con tan insigne compañero.
Durante la sobremesa de la cena, Beli permanecía inquieta, el tiempo pasaba y los jóvenes no aparecían; comenzábamos a inquietarnos, ¿dónde se habrían metido? Decidimos buscarlos, Beli Aitana y Adriana, lo harían por el interior del albergue y Josevi, Esdras y yo, por las cercanías de la sierra. Habíamos acordado telefonear todos a Beli, si pasada una hora, no sabíamos nada de los muchachos.
En la lejanía escuchaba las voces de Josevi y de Esdras que parecían retumbar con estremecedores ecos por las desafiantes rocas. Todos los indicios apuntaban que no estaban por donde nosotros buscábamos. Beli nos llamó antes de la hora, para que regresáramos lo antes posible. Los adolescentes habían regresado al albergue acompañados de sus padres y la filóloga propuso una reunión para aclarar las razones por las que los cuatro amigos abandonaron el recinto del que según las normas no debían salir bajo ningún concepto.
Una vez que todos nos presentamos y estábamos reunidos, la curiosidad era inmensa ¿Por qué se fueron y con qué objetivo?, eso era lo que ellos debían aclarar. Con tono humilde y de disculpa, Berta tomó la palabra.
-No hemos hecho bien, pensábamos que cuando pedimos permiso a Beli para dar un paseo, nos daría tiempo para llegar a la hora de cenar, pero hemos tenido algunos incidentes.
La voz de la profesora de árabe, sonó firme y tajante.
- ¿Dónde habéis ido, no sabéis que está prohibido salir fuera del albergue?
El silencio hizo su aparición durante unos interminables segundos. Isidoro con decisión lo rompió diciendo.
- La culpa es mía, fui yo quien propuso ir a la ciudad para tener acceso a un ordenador con internet para que pudiéramos investigar sobre una idea que teníamos.
Casi sin dejar de hablar a su compañero, Ismael intervino.
- No estoy de acuerdo, la culpa es mía por deciros que yo sabía cuál era el sitio con internet más cerca de aquí.
Al oír esto Elías con energía exclamó.
- ¡Si alguien es culpable, lo soy yo! Fui yo quien os dijo que en mi base de datos, hay millones de partidas y que era seguro que podríamos hallar la partida que buscamos.
Esdras opinó que no era lo más importante quien tuviera la culpa, porque no pensaba que hubieran actuado con maldad, pero sí con insensatez, pues al ser menores de edad, no podían violar las normas del campamento.
Josevi que había permanecido callado, pregunto al grupo de jóvenes.
- ¿Sabéis el compromiso en que nos habéis metido, que hubiera pasado si por mala suerte os hubiera sucedido algo grave?
Los padres de los muchachos estaban algo más calmados. Comentaban que quizás lo mejor es que sus hijos dejaran el campamento.
Beli pidió disculpas por lo sucedido, pero dijo que no podía imaginar que salieran a la ciudad.
Isaac el padre de Elías explicó que como se les hizo tarde, los muchachos cogieron un taxi, pero con tan mala suerte que cuando regresaban, el vehículo de un conductor que estaba borracho, casi choca de frente contra ellos. El taxista para evitar la colisión, evitó como puedo el accidente pero su coche quedó dañado, al salir de la carretera, a punto estuvo de volcar pero a duras penas mantuvo la posición. Todo se redujo a un susto de los que no se olvidan. Isidoro, llamó a su padre para que los recogiera, más tarde cuando todos fueron avisados, los progenitores se reunieron lo antes posible con sus hijos.
Beli opinaba que si todos estaban bien y los padres querían, nadie tendría que abandonar el albergue. Hizo hincapié en que nada podría justificar lo que hicieron porque en ese sentido, las normas son muy claras.
R11 3LechuzaLos padres decidieron que sus hijos se quedaran. Esdras dirigiéndose a los muchachos les dijo que estaban locos y no sólo por la edad sino por el fervor en querer desentrañar el misterio de la partida; pero que eran unos locos solidarios porque todos asumieron su parte de culpa, protegiendo de forma recíproca a los demás compañeros.
Era ya muy tarde cuando todo se tranquilizó y antes de retirarnos para dormir, quedamos con el fugitivo grupo para charlar después del desayuno.
El fresco de la noche invitaba a tomar un poco de aire puro y como no tenía sueño, decidí pasear con un libro de ajedrez y sentarme un rato a disfrutar de la tranquila oscuridad de la sierra. Me acerqué al patio de sillas, me senté en una cualquiera, miré en dirección al tablero y percibí que algo se había movido de forma que la esquina blanca de la derecha, es decir la casilla (h1), había reducido su superficie. Me acerqué con curiosidad para ver de cerca qué pasaba en ese escaque. Se trataba de una hoja de alcornoque que la ligera brisa de la noche acertó a colocar allí y el marco de madera del tablero mural ayudó a retenerla. Retiré la hoja y la coloqué entre las páginas del libro de problemas de ajedrez. Continué paseando bajo los árboles y recordé la sorprendente jugada de torre que un campeón mundial con sentido artístico y destreza técnica, realizó hacía ya más de tres décadas en la misma casilla en la que había recogido la hoja de alcornoque. Cuando ya sentía algo de sueño y regresaba para dormir pasé de nuevo por el patio de sillas y observé el silencioso vuelo con que una lechuza trazaba una blanca estela en el oscuro cielo. La silla donde estaba la nocturna ave, correspondía a la casilla (h1) ¿Sabrán jugar las lechuzas al ajedrez?
Por la mañana, los organizadores del curso, nos reunimos para desayunar (aprovecho para invitar a café a quien continúe leyendo). Después del desayuno nos reunimos con Berta, Elías, Ismael e Isidoro.
Sólo de paso, hablamos sobre las normas que rigen el campamento de verano, no queríamos cargar demasiado sobre la actitud de los muchachos que apesadumbrados, nos pedían de nuevo que los disculpáramos. Esdras les preguntó si sabían ya de qué partida se trataba. Berta hablando en nombre de sus compañeros dijo.
- Hemos revisado muchas partidas con la Apertura Larsen, concretamente sobre la variante que se está reproduciendo, y la más relevante de todas, tanto por su espectacularidad como por la calidad ajedrecística de los dos jugadores, es la partida disputada en Belgrado en mil novecientos setenta, disputada por Larsen con blancas, contra Spassky con negras. Esta famosa partida se jugó en el duelo por equipos entre la antigua Unión Soviética y el Resto del Mundo. Ganó el entonces campeón mundial Boris Spassky, de una forma magistral. Nosotros no dudamos que se trata de esa partida.
R11 3SpasskyEsdras parecía encantado de la seguridad con la que Berta documentaba la partida en cuestión, yo también estaba maravillado, pues era la partida en la que yo estaba pensando desde hacía ya algunas tardes. Beli confirmó que se trataba de esa partida y que la había elegido porque recordaba que una vez yo comentaba que Boris Spassky tiene una forma de jugar universal que dominaba cualquier tipo de posiciones. Por eso eligió una partida de este gran jugador, para recrearla como una partida misteriosa.
El misterio de la partida, había quedado resuelto por jóvenes de distintas religiones que unidos por la amistad y por el ajedrez; habían trabajado en equipo.
Ismael, tomando la palabra dijo.
- Hemos pensado durante el desayuno que no merecemos el premio del juego completo de ajedrez. No respetamos una de las normas más importantes del campamento y por otro lado hemos jugado con ventaja pues tenemos una buena base de datos de partidas. Si fuera posible, esta misma tarde anunciaremos a todos los participantes que deseamos que el premio por descubrir el misterio, sea para nuestra joven princesa llamada Aitana, que nos hizo una deliciosa tarta de frambuesas y queso.
Las sonrisas de todos los que estábamos reunidos, parecían decir que el acuerdo era unánime.
Al término de la vespertina sesión de ajedrez de esa misma tarde, un grupo de jóvenes como tres reyes magos de verano y una mágica reina, portando una caja de piezas de ajedrez y un tablero, anunciaban que la persona poseedora del juego completo era la princesa Aitana. Loca de alegría la niña gritó a pleno pulmón
- ¡Gracias ¡ ¡ mañana cogeremos más frambuesas!
Pasaron unos días y el curso de ajedrez acabó. Para nuestra satisfacción, a todos los participantes les gustó mucho y les resultó muy instructivo. Contentos con el desarrollo de las actividades, a modo de despedida, preparamos una fiesta por la noche y todos lo pasamos muy bien.
Me despedí también del lugar donde impartíamos las clases, la luna en cuarto creciente peinaba de luz la oscuridad de la noche.
Avancé hacia el tablero mural y advertí que dos lechuzas volaban cerca del tablero como queriendo jugar una nocturna partida.

 
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